jueves, 7 de septiembre de 2017

DISCURSO DE INAUGURACIÓN DE LA PLACA CONMEMORATIVA DEL 70 ANIVERSARIO DE LA EXPLOSIÓN DEL POLVORÍN EN ALCALÁ DE HENARES

Este fue el discurso que se leyó el 6 de septiembre de 2017 con motivo de la inauguración de la placa conmemorativa por el 70 aniversario de la explosión del polvorín en Alcalá de Henares en 1947.

Buenas tardes a todas y todos. Gracias a los asistentes y a las autoridades municipales del Excmo. Ayuntamiento de Alcalá de Henares que han hecho posible este acto.

            Hace 70 años este lugar se cubrió de luto. A las 21:45 del 6 de septiembre de 1947  una explosión asolaba la ciudad de Alcalá de Henares. Aquel día más de un alcalaíno recordó los duros bombardeos con los que la aviación nazi castigó la cuna de Cervantes durante la Guerra Civil. No estaba siendo un año sencillo para la ciudad de Alcalá. A las inundaciones que se produjeron ese mismo año se unía este suceso. El polvorín de la ciudad de Alcalá saltaba por lo aires acabando con la vida de 24 personas (10 militares y 14 civiles). El cerro del Puente de Zulema desapareció. El puente fue literalmente destruido. La fábrica Río Cerámica destruida igualmente. A los fallecidos se unieron cientos de heridos.
            La explosión del depósito de minas en Cádiz el 19 de agosto de 1947 (solo unos días antes) no hacía presagiar nada bueno. Muchos vecinos de la ciudad, sobre todo los más cercanos a los polvorines, temían que algo similar sucediese allí. Y fue precisamente lo que sucedió.
            Las primeras pesquisas de la instrucción militar que se formó a partir de este suceso fueron claras: material en mal estado, equipos electrógenos que mal funcionaban, destrucción de pólvoras los días previos, etc. Un accidente que se venía a unir a una serie de explosiones en arsenales militares desde el final de la Guerra Civil y que tendría nuevos episodios en el futuro en distintos puntos de la geografía española.
            Pero el ejército del régimen franquista a la altura de 1947 seguía siendo el ejército de la victoria. En Cádiz, a pesar del debate que se generó entre los propios militares, se reconoció la negligencia de tener un arsenal peligroso en el centro de la ciudad. La actitud de las autoridades municipales fue fundamental en este caso. Pero en Alcalá de Henares, a excepción de la actitud del alcalde accidental Félix Huerta, no sucedió. Poco después de la explosión comenzaron a producirse detenciones contra militantes clandestinos del Partido Comunista de España y de las Juventudes Socialistas Unificadas. Algunos de ellos conocidos en la izquierda alcalaína desde la Segunda República. Otros afiliados a esas organizaciones en ese primer franquismo. Todos ellos muy jóvenes.
            El objetivo por parte de las autoridades militares era claro. Vincular la militancia clandestina de los comunistas a la explosión del polvorín siniestrado. Acusar a las estructuras del PCE y de las JSU de un acto de sabotaje y terrorismo. Las detenciones se contaron por decenas, las torturas hicieron que los propios detenidos realizaran declaraciones contradictorias entre sí y que acababan acusándose unos a otros para evitar un desenlace que ellos mismos sabían. Tras dos meses de interrogatorios, de torturas, de intentos de suicidio por parte de alguno de los detenidos, la causa pasó a manos de Enrique Eymar Fernández, juez del Tribunal Especial para la Represión de la Masonería y el Comunismo, famoso porque por sus manos pasaron causas como las del comunista Julián Grimau o de las de los anarquistas Granados y Delgado. Eymar dividió la causa en cinco partes, incluyendo en la primera a los que iban a ser ejecutados. El consejo de guerra celebrado en Ocaña el 9 de julio de 1948 tenía la sentencia determinada y el 20 de agosto del mismo año eran fusilados en Ocaña Manuel Villalobos Villamuelas, Eugenio Parra Rubio, Rogelio García del Barrio, Pedro Martínez Magro, Benito Calero Vázquez, Daniel Elola Gómez, Luciano Arroyo Cablanque y Félix López Casares. Junto a ellos, en las distintas causas, 69 condenados a distintos años de prisión.
            Un juicio amañado, sin garantías judiciales, sin profesionales conforme al derecho para los acusados y, lo que fue más grave, sin ningún tipo de dato técnico tenido en cuenta que demostraba la imposibilidad de cualquier tipo de sabotaje. Documentos técnicos generados por el propio régimen franquista que se quería cobrar su contribución de sangre para mantener la mano hierro sobre el país.
            Tras lo sucesos, el silencio. Un silencio que duró años. Muy pocos se atrevieron a hablar alto y claro de lo que sucedió aquel 6 de septiembre y las consecuencias que tuvo. Siempre planeó la sombra de la duda sobre los acusados, cuando no la culpabilidad directa. El Foro del Henares dio un paso adelante en el año 2006 y comenzó una investigación que nos pasó a Alejandro Remeseiro y a un servidor, como profesionales de la historia que somos, que se plasmó en la publicación de libro La explosión del polvorín en Alcalá de Henares (1947) donde por primera vez se hablaba de todo el puzzle del acontecimiento. Pero faltaba el reconocimiento oficial a las víctimas. A las víctimas militares, civiles y políticas de este luctuoso suceso. Ese fue el objetivo que se marcó a inicios de año la ARMH de Alcalá, a la que hoy represento, y ese ha sido el sentir del Ayuntamiento alcalaíno.
            Setenta años después hay un reconocimiento oficial. Esta placa que aquí se descubre hace su parte de justicia. La reedición del libro, gracias a la labor de Domiduca, que presentaremos esta tarde también la complemente.
            Hoy Ricardo Lidó y Fernando Nacarino estarían felices. Hoy la verdad, la justicia y la reparación a las víctimas del franquismo está más cerca en la ciudad de Alcalá de Henares.
            Muchas gracias.

martes, 22 de agosto de 2017

Reedición del libro "La explosión del polvorín de Alcalá de Henares"


Reedición del libro "La explosión del polvorín en Alcalá de Henares" de Julián Vadillo Muñoz y Alejandro Remeseiro Fernández. Prólogo de Fernando Hernández Sánchez. Edición revisada y ampliada.
El libro se podrá adquirir el 6 de septiembre en la presentación del libro que se realizará en los locales de Santa María la Rica de Alcalá de Henares a las 19:00 (Calle Santa María la Rica, 3)
La reedición se ha hecho con motivo del 70 aniversario de la explosión del polvorín y por los actos que realizará alrededor del mismo la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica de Alcalá de Henares. 

lunes, 7 de agosto de 2017

LA VENGANZA DE LOS SIERVOS. UN LIBRO DE JULIÁN CASANOVA

El profesor Julián Casanova nos tiene acostumbrados a abordar los temas de la historia de España relacionado con el anarquismo, la Segunda República, la Guerra Civil, el franquismo, el papel de la Iglesia en la represión, etc. Pero en esta ocasión se ha adentrado en la historia de la Revolución rusa de 1917 en el año que, precisamente, se cumple el centenario de la misma. Y como todo lo que sale de la pluma de Casanova, estamos ante una obra interesante, bien escrita, investigada y que aporta muchas cuestiones en un año donde la producción bibliográfica sobre el acontecimiento es importante pero tampoco esta sobrepasando las expectativas.
            Podemos decir que estamos ante un libro breve (estamos hablando de algo menos de 200 páginas), donde Julián Casanova realiza toda una introspectiva al proceso revolucionario ruso que se desató en 1917, partiendo de una breve pero importante introducción de los antecedentes de la misma, así como un pequeño epílogo del devenir del propio proceso revolucionario.
            Hay cuestiones que hacen del libro de Julián Casanova una obra donde hay que pararse de forma inevitable. En primer lugar lo bien hilado del tema a la hora de afrontar el acontecimiento en sus espacios temporales cortos. Por ello la importancia que le da a la Guerra Mundial (1914-1918) es fundamental para poder entender el acontecimiento. En segundo lugar la importante separación que hace entre la revolución de febrero y octubre de 1917, estableciendo de forma amena los debates que alrededor de la misma hay y presentando todas las corrientes interpretativas al respecto. En tercer lugar, Casanova aborda un tema que no lo hace muchos libros: el papel de las mujeres. Y no solo con los nombres propios sino con la participación directa de las mismas en el proceso revolucionario. Vuelve a incidir, y de forma muy clara, en la importancia de la dualidad de poderes que surgen en Rusia entre febrero y octubre de 1917. El poder del gobierno provisional frente al poder de los soviets. Elemento imprescindible para entender el proceso revolucionario.
            Este libro de Julián Casanova tiene una gran virtud. Esta escrito con un lenguaje accesible que gusta y aporta cosas a doctos y profanos. Y no es fácil escribir así un libro de historia. Pero lejos de convertirse en un libro “opinativo” (como puede ser el de Richard Pipes), el libro de Casanova tiene una fuerte base bibliográfica. Por ello, aunque carece de notas a pie de página, el libro viene acompañado por un capítulo de bibliografía comentada. Una aportación que sorprende por la enorme cantidad de libros manejada por el autor, sobre todo en inglés. Esto hace pensar que, aunque en España existe muchos libros relacionados con la Revolución rusa, las aportaciones fuera de nuestra fronteras son mucho mayores y que el conocimiento del acontecimiento en nuestro aun esta por perfilarse. Cuestión comprensible teniendo en cuenta que el número de historiadores que en nuestro país manejan el ruso como idioma es escaso para poder acceder a las fuentes primarias.
            El hecho de que el libro no tenga notas al pie no desmerece la calidad científica de la obra.
            Lo simple (que no simplificación) a la hora de plantear el acontecimiento ruso hace de la obra de Julián Casanova una parada obligatoria y un libro recomendable para cualquier curso que se precia que quiera abordar la Revolución rusa. Además, es de agradecer que la obra no caiga en contrafactuales, muy típicos de algunas obras de Historia.
            Sin embargo, no todo libro es perfecto, y por ende tampoco el del profesor Casanova. Si bien son muchas las virtudes también existen algunas cuestiones que hay que señalar. Los antecedentes se quedan un poco cojos a la hora de analizar lo que sucede posteriormente. Hubiese sido interesante delimitar bien los espacios ideológicos en la ya de por si porosas organizaciones y doctrinas que se movieron en la Revolución rusa.
            Igualmente, aunque el protagonismo de los bolcheviques es innegable, no hay que desdeñar el papel que jugaron otras ideologías en el proceso revolucionario que se abrió en febrero de 1917. En el libro de Julián Casanova los socialistas revolucionarios y los anarquistas no aparecen en el papel protagonista que les corresponde. Es entendible debido a la brevedad del texto y a los objetivos del mismo. Pero el socialismo revolucionario fue la tendencia mayoritaria del obrerismo ruso (y dividido entre sí) y el anarquismo también tuvo un papel protagonista, tal como han demostrado las recientes obras de Julián Vadillo Muñoz (Por el pan, la tierra y la libertad. El anarquismo en la Revolución rusa) y Carlos Taibo (Anarquismo y revolución en Rusia, 1917-1921). Aunque estos agentes aparecen citados no lo están con la importancia que jugaron y su papel queda desdibujado.
            Por último, solo una cuestión. En la página 142-143 se cita a Fanny Kaplan como autora del atentado contra Lenin y el autor la ubica como anarquista. En realidad, Fanny Kaplan era integrante de los socialistas revolucionarios, no era anarquista. Un error no atribuible al profesor Casanova, ya que son numerosas las fuentes que la sitúan en el anarquismo de forma errónea.

            Dejando a un lado estas pequeñas apreciaciones, el libro de Julián Casanova para a ser uno de los imprescindibles para el estudio de la Revolución rusa. Completo en todas sus partes y con una cronología final que parte desde la liberación de los siervos en 1861 hasta la  muerte de Lenin en 1924. No tengo ninguna duda en recomendar este libro de Julián Casanova para los que quieran acercarse de forma sencilla, amena y directa a lo que supuso la Revolución de 1917 en Rusia. Felicitaciones al autor. Ahora tocar leer el escrito  del profesor José María Faraldo y el coordinado por Fernando Hernández Sánchez y Juan Andrade.

lunes, 19 de junio de 2017

EL CAMINO DEL PUTCH DE 1937

Artículo publicado en el número 90 de la revista Libre Pensamiento dentro del dossier "Enseñanzas vivas de mayo de 1937"

Resumen

            Las disputas que se generaron en el interior de la retaguardia republicana, si bien no fueron determinantes para el resultado final de la guerra, si supusieron un punto de inflexión entre las distintas fuerzas antifascistas. Los Hechos de Mayo de 1937 fueron una muestra de esos conflictos. Sin embargo, la historiografía tradicional en diferentes vertientes ha dado lecturas muy dispares de unos acontecimientos que no dejan de ser importantes para entender la correlación de fuerzas en la retaguardia republicana. Las deferentes aristas del conflicto muestra la complejidad de un proceso que tenía, como fin último entre las organizaciones antifascistas más poderosas, el control del movimiento obrero.

La difícil correlación de fuerzas

            Cuando el 18 de julio de 1936 un grupo de militares se sublevó contra la legalidad de la República española dando pasó a una Guerra Civil, las posiciones de la izquierda política estaba muy fragmentada. A pesar de la conformación del Frente Popular, los objetivos de los distintos sectores de la izquierda, ya fuese moderada o revolucionaria, estaban muy divididos. Desde las posiciones de los republicanos liberales, representados por Izquierda Republicana y Unión Republicana, hasta los socialistas del PSOE y la UGT. Curiosamente, las fuerzas que afrontan con mayor grado de unidad el envite presentado por los golpistas, fueron aquellas que rivalizarían durante el conflicto por la influencia y control del movimiento obrero: los comunistas del PCE y el movimiento libertario representado por la CNT y la FAI.
            Los libertarios, que habían discurrido la Segunda República con debates internos y momentos de flujo y reflujo, celebraron un congreso en mayo de 1936, donde sacaron tres grandes acuerdos:
  1. La reintegración de los sindicatos de oposición. Los sindicatos que habían salido de la CNT (los treintistas) y habían constituido la Federación Sindicalista Libertaria, retornaron a la CNT en ese congreso. Por ello se conoció como el Congreso de Reunificación
  2. La valoración realizada por el movimiento libertario de las actividades desarrolladas durante el primer bienio, llevaron a la conclusión de que el enfrentamiento directo con el capitalismo era inviable si no venía precedido por una alianza revolucionaria con la otra gran organización sindical, la UGT. Por ello en el congreso se aprobó instar a la UGT a la firma de una alianza revolucionaria que preparé el futuro socialista del país.
  3. En tercer lugar, el congreso aprobó el concepto confederal del comunismo libertario, siempre como un ejemplo de futuro revolucionario pero nunca como un programa cerrado, cuestiones muy alejadas del modelo libertario de organización. Además no todas las voces apoyaron dicho concepto (ya planteado y aprobado en el interior de la FAI por el escrito de Isaac Puente en 1933). José Peirats lo consideró excesivamente rural para un mundo que se estaba industrializando.
            Sin embargo, entre los debates que el movimiento libertario planteó hubo uno que no se abordó en el congreso. En caso de un estallido revolucionario, ¿cómo tiene que ser la correlación de fuerzas con aquellas tendencias que no piensen como el movimiento libertario? Esta cuestión sería nodal en desarrollo posterior.

            El recorrido del Partido Comunista fue más azaroso, teniendo en cuenta que era un partido sin apenas raíz histórica en el movimiento obrero y que se vio eclipsado en los años republicanos con la pujanza de libertarios y socialistas. Aun así, su cambio de estrategia a partir de 1932-1933 (había recibido a la República con el grito de « ¡Abajo la República burguesa! ¡Vivan los soviets! ») comenzó a dar sus frutos. Su estrategia fue intentar hacerse un hueco en el panorama político español. Las uniones por la base, la integración de la CGTU en la UGT, sus intentos de unificación con el Partido Socialista, la unión de la UJCE y la FNJS en 1936 dando lugar a las JSU o la fundación en Cataluña del PSUC como resultado de la unión de diversos partidos socialistas y comunistas en la zona. Los resultados se notaron pronto a nivel electoral. En noviembre de 1933 alcanzaron el primer diputado en la persona de Cayetano Bolívar y en febrero de 1936, con la victoria del Frente Popular, tenían ya 16 diputados. Aun así su fuerza respecto a socialistas y anarquistas seguía siendo inferior. Fue durante la Guerra Civil cuando los comunistas adquirieron una influencia que les convirtió, dentro del campo republicano, en el principal rival de socialistas y libertarios.

El inicio de la Guerra. La toma de posiciones

            No cabe ninguna duda que el golpe del 18 de julio supuso para el gobierno de Casares Quiroga un desbordamiento que lo anuló completamente. Su cese, la llegada primero de Martínez Barrio y posteriormente de José Giral, no fue suficiente para frenar el desborde que supuso el golpe contra el gobierno republicano. Las fuerzas obreras llevaban avisando de un golpe de Estado meses atrás y los anarquistas hicieron llamamientos a organizarse contra el fascismo. Barcelona, Valencia, Madrid, etc., fueron protagonistas de cómo los trabajadores afiliados a los organizaciones obreras frenaron un golpe de Estado que en otros lugares triunfó, partiendo el territorio español e iniciándose una guerra civil. Pero aparejada a esa guerra civil se fue desarrollando un proceso revolucionario que llevó a los trabajadores y a las organizaciones sindicales a tomar el control de la economía. En diversos lugares fueron surgiendo comités que sustituyeron la autoridad del gobierno. Comités de carácter económico que puso en marcha la producción y gestionó, por intermediación directa de los trabajadores, las fábricas y el campo. Frente a un Ejército que había sido licenciado, los organismos obreros constituyeron milicias que, en cooperación con militares que se habían mantenido leales a la República, se lanzaron al combate contra el ejército sublevado. El golpe de Estado, desatado según sus promotores para evitar una inexistente “revolución” en España, sirvió, precisamente, para iniciar un movimiento revolucionario en el que muchos trabajadores confiaban desde hacía mucho tiempo.
            Sin embargo, la situación de las fuerzas era distinta según la zona. Aquí cae uno de los mitos de la Guerra Civil y de la revolución que estalló. Juan García Oliver en El eco de los pasos habla de un “a por el todo”, que la CNT perfectamente podía haber realizado en Cataluña, zona donde era hegemónica. Los poderes de la República habían quedado a merced de los anarquistas. Sin embargo, el movimiento libertario valoró tres cosas en aquellos momentos.
  1. En primer lugar, la CNT no era una organización vanguardista, como lo era los partidos políticos de carácter marxista. Su objetivo no era la toma del poder sino la destrucción del mismo. Ir “a por el todo” habría roto el posicionamiento antiautoritario de la CNT desde su nacimiento.
  2. Los anarquistas valoraron que en aquel momento lo importante era no solo mantener las conquistas revolucionarias de los trabajadores, sino vencer a unos militares y unos apoyos civiles de la sublevación que querían instaurar un régimen diametralmente opuesto al que los anarquistas planteaban. Por eso promovieron la creación del Comité de Milicias Antifascistas con el apoyo de todas las fuerzas.
  3. Los libertarios eran conscientes que en Cataluña, en amplias zonas de Aragón, en la zona valenciana y zonas de Andalucía eran hegemónicos. ¿Pero que sucederían en los lugares que no eran? ¿Qué pasaría si en Cataluña implantan por su fuerza el comunismo libertario y en Madrid o País Vasco no lo pueden conseguir? Aquí entran dos cuestiones. La UGT no llegó a debatir el acuerdo que la CNT le había propuesto en mayo de 1936 al igual que la correlación de fuerzas eran el punto débil del anarquismo en ese momento. Ante cualquier tipo de duda, el movimiento libertario decidió colaborar para vencer a los sublevados y consolidar un proceso revolucionario del que se sentían protagonistas.

La entrada en el gobierno

            Sin embargo los frentes se habían consolidado. La idea de aplastamiento rápido de las fuerzas sublevadas se había tornado en una guerra de posiciones. Y mientras a la España sublevada la apoyaba la Alemania nazi y la Italia fascista, la República se encontraba sola frente a un enemigo que cada vez era más superior. Entre septiembre y octubre fue cuando se comenzó a conformar el apoyo de México y la URSS a la República para volver a equilibrar las fuerzas. Pero Reino Unido y Francia se mantuvieron dentro de una “no intervención” que estaba condenado a la República.
            Y aunque la revolución continuaba en el campo y la ciudad fueron los propios organismos obreros lo que comenzaron a reorganizar y reestructurar el caos generado en los primeros días de la Guerra. Es en este momento cuando el movimiento libertario comienza a pergeñar la idea de intervenir en los asuntos políticos. Hasta ese momento la CNT y la FAI habían colaborado en diversos organismos pero no tenían representación en ninguna estancia del gobierno. Un Pleno Nacional aprobó la idea de proponer la creación de un Consejo Nacional de Defensa conformado, mayoritariamente, por las organizaciones sindicales, manteniendo a Manuel Azaña como presidente de la República. Ese Consejo asumiría las tareas de gobierno. La cuestión no fue aceptada por el entonces primer ministro Francisco Largo Caballero, que había sido aupado a la presidencia del gobierno en septiembre de 1936.
            El fracaso de la propuesta del Consejo, llevó a los anarquistas a replantearse su situación y asumieron las tareas de gobierno en todos sus puntos. Primeramente accedieron al gobierno de la Generalitat en Cataluña y posteriormente, en noviembre de 1936, acceden con cuatro ministerios al gobierno de Largo Caballero. Es un momento en que se comenzó a replantear muchas cuestiones. Muchas de las patrullas de control pasaron a engrosar las filas de los cuerpos de seguridad de la República. Las milicias obreras fueron paulatinamente militarizadas y pasaron a formar parte del Ejército Popular de la República. Solo una pequeña parte de esas milicias protestaron por tal circunstancias. Los viejos ayuntamiento fueron reconvertidos en Consejos Municipales. Y a ellos accedieron los libertarios desde el primer momento. Incluso promocionaron un gobierno autónomo en Aragón: el Consejo de Aragón.
            Se hace muy difícil mantener la posición de un movimiento manipulado por unas élites “traidoras” que le llevaron a la colaboración. Hasta en el pueblo más pequeño, el movimiento libertario tuvo participación en las instituciones republicanas.
            Pero no fue una colaboración sin más. Los anarquistas tenían claro que el objetivo era la derrota de los sublevados. Y también intentar mantener su posición dentro del movimiento obrero. Porque los libertarios veían como el Partido Comunista, uno de sus principales rivales en ese campo, comenzaba a avanzar. El PCE, una vez que se estabilizó la zona republicana, pudo comprobar como el republicanismo histórico había quedado mermado. Por ello el PCE intentó y consiguió ocupar ese espacio político. Se presentó en la opinión pública antifascista como el partido del orden frente a los “desmanes”. Y bien es cierto que existía en España una clase burguesa que temía el desarrollo revolucionario que libertarios y parte de los socialistas estaba defendiendo. Por ello el PCE ocupó ese espacio, rivalizando con la CNT al constituir estructuras como el GEPCI (Gremios y Entidades de Pequeños Comerciantes e Industriales) o haciéndose con el control de la UGT, como fue el caso de Cataluña.
            Pero al igual que se hizo con el entorno de ese espacio político, el PCE no renunció en ningún momento a intentar hacerse con el control del movimiento obrero. Por ello rivalizó también con la CNT, en un entorno que le era más ajeno y no donde no se movió con la misma soltura. Ese combate también se vio favorecido por la existencia de un socialismo dividido, entre aquellos que eran más favorables al desarrollo revolucionario (como los caballeristas) y los que no contemplaban esa posibilidad y se convirtieron en “aliados” de los comunistas (como los prietistas)
            A pesar de esa colaboración gubernamental, los libertarios no renunciaron a las conquistas revolucionarias. Y allí chocaron con los comunistas incluso dentro del gobierno. Mientras Juan Peiró, Ministro de Industria, intentó desarrollar medidas que favoreciesen el control obrero, las medidas adoptadas por el Ministerio de Hacienda de Juan Negrín aprobaban medidas que favorecían lo contrario. Mientras los sindicatos obreros impulsaban las colectividades agrarias y el Consejo de Aragón se hacía defensora de las mismas, el Ministerio de Agricultura en manos del comunista Vicente Uribe intentaba emitir medidas que favoreciese a los pequeños propietarios y cercenase el colectivismo tal como lo entendían los anarquistas.
            Fueron enfrentamientos no solo dialécticos y políticos sino también físicos, pues en algunos pueblos de la retaguardia republicana, los enfrentamientos de posturas llevaron a provocar muertes que si bien no fueron determinantes para la derrota de 1939 si que socavaron las aspiraciones del antifascismo. El punto de inflexión fueron los sucesos de mayo de 1937

Anarquistas, estalinistas, poumistas y “trotskistas” en mayo de 1937

            A pesar de que la mayoría del movimiento anarquista caminó de la mano de las decisiones adoptadas durante la Guerra, aunque ello significase una contradicción con algunos de sus principios, existieron algunos sectores y grupos que fueron muy críticos con las decisiones adoptadas y acusaron a la CNT de caer en un burocratismo que le iba a costar caro. En este sector se situaron parte de las Juventudes Libertarias y sectores de la CNT-FAI que constituyeron grupos como “Los Amigos de Durruti”. Fueron segmentos libertarios que estuvieron concentrados mayoritariamente en Cataluña.
            Los Amigos de Durruti habían nacido como grupo en marzo de 1937. Algunos de sus integrantes eran antiguos milicianos de la Columna Durruti que se habían opuesto a la militarización. Entre sus integrantes se encontraba la figura de Jaime Balius así como las Félix Martínez y Pablo Ruiz. Balius, formado en su origen el nacionalismo catalán, pasó posteriormente al BOC (Bloque Obrero y Campesino) para recalar finalmente en la CNT y en la FAI. El grupo Los Amigos de Durruti realizaron unas duras críticas ante lo que consideraban “el burocratismo de los comités de la CNT”. Desde su fundación, Los Amigos de Durruti se manifestaron tanto por sus mítines como en sus manifiestos y periódicos (como su portavoz El Amigo del Pueblo, emulando el título del periódico de los jacobinos durante la Revolución francesa) por mantener la línea revolucionaria iniciada el 19 de julio de 1936. Por ello condenaron el colaboracionismo iniciado por la CNT y la FAI. Pero aunque durante las jornadas de mayo de 1937 la actividad y protagonismo de Los Amigos de Durruti fue importante, lo cierto es que sus efectivos no pasaron de 5000, lo que le convierte en una minúscula porción de la poderosa CNT en Cataluña. Los Amigos de Durruti no fueron sino un pequeño grupo en aquella batalla, cuyas ideas no respondían a la sensibilidad mayoritaria del movimiento libertario. Además, su programa de acción le valió la desautorización por parte de los comités de la CNT y de la FAI, así como un alejamiento de las Juventudes Libertarias. La petición de una Junta Revolucionaria junto al POUM, que actuase a manera de organismo político, recordaba mucho más al plataformismo de Archinov tras la derrota anarquista en la Revolución rusa, que a la trayectoria que había mantenido el movimiento libertario hasta la Guerra Civil española.
            Durante las jornadas de mayo de 1937 la posición de Los amigos de Durruti se vio reforzada por el apoyo que recibió de numerosos integrantes del POUM (Partido Obrero de Unificación Marxista). Nacido en 1935 por la fusión de Izquierda Comunista de Andreu Nin y del BOC de Joaquín Maurín, el POUM se presentó a la opinión pública como el representante de un marxismo alejado de la órbita de Moscú y principal rival del PCE o el PSUC. Alcanzó un diputado a través de Joaquín Maurín en las elecciones de febrero de 1936 integrado en la coalición de partidos de izquierdas. Sin embargo su antiestalinismo militante le valió la rivalidad y enemistad con el Partido Comunista y con el recién creado Partido Socialista Unificado de Cataluña (creado por la fusión del Partido Proletario Catalán - escisión de Esquerra Republicana de Cataluña - , Unión Socialista de Cataluña, el PSOE y el PCE). Una enemistad que llevó a un enfrentamiento directo y que terminó con la liquidación política del POUM tras las jornadas de mayo de 1937.
            Aunque el POUM fue injustamente calificado de trotskista, no por ello deja de ser real la existencia de estos grupos en Barcelona, que no pasaban de cincuenta militantes. En el momento de los acontecimientos en Barcelona existían dos grupos trotskista que eran rivales entre si: La voz leninista y El soviet. El primero estaba reconocido por Trotsky y tenía como principales líderes a Manuel Fernández-Grandizo Martínez (más conocido como Grandizo Munis y autor del libro Jalones de derrota, promesas de victoria), el poeta surrealista Benjamín Peret y el polaco “Moulin”. El segundo, aun reclamando a Trotsky, no reconocía al secretariado pro IV Internacional. Estaba subvencionado por el Partido Comunista Internacional de los disidentes Raymond Molinier y Pierre Frank. El principal animador de este grupo fue Nicola di Bartolomeo, alias “Fosco”, asentado en Barcelona desde mayo de 1936 y que colaboró con el POUM aunque nunca se afilió. La incidencia de los grupos trotskistas fue nimia y, como se puede comprobar, la mayoría de ellos eran extranjeros.
            Sn embargo, en la mayoría de las ocasiones, las numerosas historias que se han escrito alrededor de los sucesos de mayo de 1937 toman a muchos de estos grupos como la generalidad en el interior de las luchas. Sin embargo la realidad es muy otra. Meter en un mismo conjunto de análisis los conflictos que tiene los comunistas con libertarios y poumistas es un error y una simplificación de los acontecimientos.

Los sucesos de mayo. Las conclusiones del mismo

            El conflicto que se desata en el interior de la retaguardia republicana en Barcelona tenía precedentes desde el inicio de 1937. Los sucesos de La Fatarella, la sustracción de tanques a la CNT encontrados en cuarteles del PSUC, asesinatos selectivos de psuquistas y anarquistas en los meses previos, disposiciones como la disolución de las patrullas de control en marzo de 1937 que generó conflictos internos entre organizaciones, etc.
            Todo un cúmulo de circunstancias retratadas en numerosas monografías al respecto. Cuando el 3 de mayo toman parte del edificio de la Telefónica, fue el detonante del estallido de un conflicto interno y de unas batallas en las calles de Barcelona que tuvo como resultado numerosos muertos y heridos, la laminación del POUM como partido en la zona republicana, la perdida de influencia de la CNT y de la FAI en algunos sectores y el inicio de una crisis de gobierno que acabó con la caída de Largo Caballero y el ascenso de Juan Negrín a la presidencia del gobierno republicano.
            No hay que olvidar que entre las víctimas mortales de los sucesos de mayo de Barcelona se encontraban personalidades de primer orden como Antonio Sesé, líder de la UGT catalana, o las de Camilo Berneri y Francesco Barbieri, anarquistas italianos asesinados por los estalinistas.
            Muchas son las conclusiones que se han sacado alrededor de estos sucesos, pero en muchas ocasiones la simplificación ha llevado a desfigurar las causas que los desencadenaron, así como las consecuencias.
            En primer lugar es imposible igualar el conflicto que los comunistas tenían con el POUM al que se genera con la CNT. Las acciones contra el POUM hay que enmarcarlas en las luchas que el comunismo internacional esta llevando en ese momento, entre la corriente mayoritaria que sigue las directrices del Komintern de Stalin frente a las facciones disidentes entre las que se encuentra, entre otras, las de Trotsky. A pesar de que el POUM no era un partido trotskista, el PCE arremetió contra ellos en esa línea con el objetivo de liquidarlo del campo republicano bajo diversas acusaciones. Los Hechos de Mayo de 1937 fueron el clímax de tal circunstancia, que sirvió para eliminar al POUM como agente político al ser ilegalizado y sus dirigentes juzgados y condenados por “traición”. El caso más escandaloso fue la detención, desaparición y asesinato de Andreu Nin.
            Sin embargo el envite que se entabló entre los libertarios y los comunistas no puede responder a ese criterio. En este caso las luchas por el control del movimiento obrero en la causa fundamental del choque entre el PCE y la CNT. Entre ambas organizaciones surge una rivalidad que les llevó al intento de minar las influencias una de otra. Los Hechos de Mayo de 1937 fueron utilizados por los comunistas como objetivo de restar fuerza política a la CNT en la retaguardia republicana. Hecho que consiguieron al desaparecer los ministros anarquistas del gobierno. Pero eso no significó que la lucha quedase ahí. La CNT buscó desde ese momento un acercamiento mayor a la UGT, en este caso del lado caballerista también damnificado por las jornadas de mayo, con el objetivo de contrarrestar la influencia comunista. Los comunistas, por su parte, apoyaron la disposición del gobierno de Negrín de disolución del Consejo de Aragón, de mayoría libertaria, para restar más influencia a los libertarios en zonas donde eran mayoritarios. Las tropas de Lister fueron las encargadas de disolver el Consejo de Aragón que acabó con el desmantelamiento de las colectividades anarquistas y la detención de mucho de sus integrantes (colectividades que, muchas de ellas, se volvieron a reestructurar poco después). Se puede decir que el último acto de esta rivalidad, no exenta de violencia, se alcanzó en marzo de 1939 con el golpe de Casado en Madrid.
            Mayo de 1937 fue un putch, un golpe de fuerza para delimitar espacios y encontrar parcelas de poder en la dividida retaguardia republicana. Algo que fue una constante durante todo el conflicto entre los principales actores políticos (sobre todo los más cohesionados, a la sazón libertarios y comunistas) pero que finalizó de la peor de las maneras posibles: la victoria de las fuerzas sublevadas en abril de 1939.

Julián Vadillo Muñoz
Historiador

BIBLIOGRAFÍA

Los sucesos de Mayo en Barcelona. Relación documental de las trágicas jornadas de la 1ª de Mayo de 1937, Ediciones Españolas “Ebro”, 1937

Mintz, Frank y Peciña, Miguel. Los Amigos de Durruti, los trotsquistas y los sucesos de mayo, Campo Abierto ediciones, Madrid, 1978

Munis, G. Jalones de derrota, promesas de victoria. Crítica y teoría de la revolución española (1930-1939), Editores extremeños Muñoz Moya, Badajoz, 2003

Hernández Sánchez, Fernando. Guerra o Revolución. El Partido Comunista de España en la guerra civil, Crítica, Barcelona, 2010

Gallego, Ferrán. Barcelona, mayo 1937, Debate, Barcelona, 2007

Amorós, Miquel. La revolución traicionada. La verdadera historia de Balius y Los Amigos de Durruti, Virus, Barcelona, 2003

Guillamón, Agustín. Barricadas en Barcelona, Espartaco Internacional, Barcelona, 2007

Sánchez Cervelló, Josep. ¿Por qué hemos sido derrotados? Las divergencias republicanas y otras cuestiones, Flor de Viento, Barcelona, 2006

Pozo, Josep Antoni. Del orden revolucionario al orden antifascista. La lucha política en la retaguardia catalana, Renacimiento, Sevilla, 2015

Ealham, Chris. La lucha por Barcelona. Clase, cultura y conflicto, 1898-1937, Alianza editorial, Madrid, 2005

martes, 13 de junio de 2017

ANARQUISMO Y REVOLUCIÓN EN RUSIA, 1917-1921

Hace unos días terminé de leer el libro de Carlos Taibo Anarquismo y revolución en Rusia, 1917-1921 publicado por la editorial Catarata.
            Tengo que reconocer que tenía mucho interés en leer el libro desde que me enteré que Taibo lo iba a publicar (incluso paré algunas lecturas que tenía entre manos para poder leer con calma el libro). Por varias razones. Lo primero porque en este aniversario de la Revolución de 1917 esperaba muchos trabajos sobre el acontecimiento, pero que abordase el anarquismo quizá no. A esto hay que añadir que yo mismo publicaba este año un libro sobre el anarquismo en la Revolución rusa con el título Por el pan, la tierra y la libertad. El anarquismo en la Revolución rusa, lo que me hacía temer que tuviésemos dos trabajos con los mismos contenidos, lo que supondría una oportunidad perdida.
            Sin embargo, tras leer con detenimiento cada página del libro de Taibo tenemos que felicitarnos que en el centenario de la revolución habrá dos libros sobre el anarquismo en la misma y abordados desde diferentes prismas. Mientras Taibo aborda en el libro cuestiones de carácter ideológico y debates políticos del momento, el mío se centra más en los acontecimientos históricos puros y el devenir organizativo del anarquismo ruso. Mientras Taibo centra su estudios en los años nodales de la Revolución (1917-1921) el mío parte de un tiempo largo, desde el siglo XIX hasta el exilio posterior a la represión de Kronstadt. Y aunque Taibo se sustenta en los acontecimientos históricos para su relato, son las ideas el eje central de su relato. A la inversa que en mi libro que desde el acontecimiento político se aborda los debates de ideas.
            El libro de Taibo tiene muchas virtudes. Partiendo de bibliografía en un amplio espectro idiomático, desentraña todos los debates que se dieron en un momento histórico único del siglo XX, y que puso sobre la mesa una cuestión central que casi ningún libro ha abordado: el modelo revolucionario que se estaba disputando en Rusia entre 1917 y 1921. Porque una de las cosas que tiene la historia es eso de que la escriben quien gana. Y al escribirla desde un solo prisma (o dos, por aquello de la oposición al prisma oficial) se pierde la riqueza de lo debates del acontecimiento histórico. El libro de Carlos Taibo sirve para rescatar que ese debate ideológico lo que mostraba era una tremenda complejidad en el movimiento político en su amplio contexto. Además, esos lugares comunes generados en la historia quedan hechos añicos en este libro.
            Por el libro de Carlos Taibo pasan todo un elenco de temas. Los populismo, los soviets, las comunas campesinas, los sindicatos, los consejos de fábrica, el papel ideológico de los bolcheviques, Majnó, Kronstadt, etc. Todo en 286 páginas (incluida bibliografía. Muy amplia y enriquecedora, por cierto). Una gran aportación del libro de Taibo es la aclaración al gran número de términos que maneja en el libro.
            Sin embargo, no quiero terminar estas breves palabras sin hacer alguna puntualización. Una es más de forma que de fondo. Quizá son muchas las páginas que se utiliza para presentar las ideas bolcheviques y sus actuaciones, contraponiendo no a la propaganda anarquista del momento sino a críticas más propias de la ciencia política. Y por otra parte una crítica un poco más de fondo. Carlos Taibo distingue entre lo anarquista (que asimila a un movimiento político organizado) con lo libertario (más proclive a unas ideas o comportamientos que sería común o transversal a muchos grupos políticos y no solo los anarquistas). Esta diferenciación es digna de un debate. Como de algunos elementos que introduce, que también servirían para poder debatir sobre los acontecimientos y las lecturas que se pueden dar al mismo.
            Pero estas breves cuestiones no oscurecen para nada una obra que, a mi entender, se convierte desde ya en un imprescindible para acercarnos a lo que fue el anarquismo en Rusia. Creo hacer justicia al considerar que con estos dos libros sobre la temática se actualiza y se pone encima de la mesa una arista de la revolución que no se había tenido en cuenta a pesar de su papel protagonista en el acontecimiento. Esto a la misma altura que cualquier otro movimiento que en aquel momento tuviese un papel principal y haya sido postergado por la historia.
Con ello podemos afrontar un debate historiográfico y de la ciencia política mucho más profundo y enriquecedor. Que son obras que sirven para romper lugares comunes. Creo que ambos libros partieron desde esas premisas. Y creo, igualmente, que han cumplido con el objetivo. 

jueves, 8 de junio de 2017

Entrevista de Cazarabet por la publicación del libro "Por el pan, la tierra y la libertad. El anarquismo en la Revolución rusa"

Dejo aquí la entrevista que realizaron desde Cazarabet por la publicación del libro Por el pan, la tierra y la libertad. El anarquismo en la Revolución rusa

¿Qué fue lo que te hizo acercarte al anarquismo y  a sus seguidores  en Rusia?

            La verdad es que ha sido una investigación de muchos años, aunque no haya sido mi línea principal de investigación, que es el movimiento obrero en España. Sin embargo, la Revolución rusa siempre fue un proceso que me interesó y he estado al día de todas las novedades editoriales que se han publicado al respecto. Igualmente, en el proceso de elaboración de mis investigaciones sobre el movimiento obrero español, di con documentación de los anarquistas rusos, lo que hizo que mi interés por el asunto creciese. En Francia localicé muchos datos de los anarquistas rusos exiliados en varios periodos. También, en 2009 cuando viajé a Rusia, pude hacerme con algunos libros y documentos del anarquismo ruso. Otro foco de investigación fueron los papeles que Avrich utilizó para sus libros Los anarquistas rusos y Kronstadt 1921, depositados en diversas bibliotecas y archivos norteamericanos.
            Además, la Revolución rusa siempre fue una cuenta pendiente para mí. En mis años universitarios desarrollé junto a otros compañeros un documental sobre la Revolución rusa como trabajo de clase, lo que nos llevó varias horas de investigación y montaje.
            Aunque es un libro atemporal, lo cierto es que quise aprovechar el centenario de la Revolución de 1917 para poder publicar este libro sobre el papel del anarquismo en la misma. Un libro basado en todos los años de recopilación documental y bibliográfica. Aunque, como indico en la introducción del libro, creo que la historia del anarquismo ruso aun está por escribir.

-Porque se tiene “la imagen” que la revolución, la fuerza de la izquierda en Rusia solo la han ostentado los comunistas, aunque para nada es así…

            Porque son lo que ganan. El problema que tiene cualquier acontecimiento histórico son los lugares comunes y las simplificaciones que se generan alrededor de él, lo que sirve, sobre todo, para deformar la realidad. Los comunistas (o bolcheviques) fueron un grupo más dentro de la Revolución. Y lo que pasó finalmente es que ganaron, mientras el resto de fuerzas fueron derrotadas. El problema que nos encontramos con el estudio de la Revolución rusa (como de cualquier otro), son las grandes lagunas que nos han legado las historias oficiales desde muy distintos puntos de vista. Muchos de los derrotados en la Revolución tuvieron coberturas en los países donde se exiliaron y pudieron también plasmar su concepto del proceso revolucionario. Los anarquistas no encontraron esas facilidades y su literatura no pasó de ser marginal. Y esto no quiero decir que no sea tan importante como otras. Pero la impronta que se generó en los círculos de la izquierda es la legada por una parte por Trotsky en su Historia de la Revolución rusa o la de los seguidores de Stalin que re-escribieron la historia de la propia Revolución.

-Bueno, con todo esto se puede afirmar, más que nunca viendo este ejemplo, que la historia la escriben y la dejan escrita los  que ganan las batallas, tanto directa como indirectamente….

            Absolutamente, como he marcado más arriba. El problema es saber distinguir que esa historia oficial no tiene que ser la historia real. O las muchas historias reales que rodean cualquier acontecimiento.

-Cuando empezó la Revolución de Octubre del 17, ¿en qué estado se encontraba el anarquismo en Rusia?

            En el octubre revolucionario de 1917 el anarquismo era una tendencia en pleno desarrollo. Tenía varios grupos dispersos por distintos centros poblaciones de importancia. Su mayor fuerza se centraba en Petrogrado, Moscú, Kronstadt, Ivanovo-Vonesenks y amplias zonas de Ucrania. Curiosamente, aunque desde los medios libertarios rusos se criticaba al bolchevismo, lo cierto es que existían muchas coincidencias programáticas a corto plazo entre bolcheviques, anarquistas y socialistas revolucionarios de izquierda. Su oposición al gobierno provisional de Kerensky, la oposición a la participación rusa en la Primera Guerra Mundial, el reparto de la tierra y el control obrero de la producción, el poder de los soviets, etc., eran puntos que hacía que para las masas obreras la diferencias entre anarquistas y bolcheviques no eran tantas. Sin embargo en realidad no era así, y aunque los anarquistas apoyaron la caída del gobierno provisional en octubre de 1917, muy pronto afloraron las diferencias en cada uno de los conceptos lo que llevó a una colisión entre dos formas de entender el proceso revolucionario. Pero frente a un Partido Bolchevique muy bien estructurado, el anarquismo se plantó en estos debates con una importante dispersión de fuerzas. Ahí radicó uno de los grandes problemas que tuvo el anarquismo en Rusia.

-Y el comunismo en Rusia barrió no tan solo con el modo de vida casi medieval---o medieval del todo—que imperaba en una sociedad concebida como una pirámide sino también con las otras opciones revolucionarias….¿qué nos puedes reflexionar?

            Ciertamente Rusia guardaba muchas cosas relacionadas con el Antiguo Régimen, cuestión que logra eliminar la Revolución. Ese mérito no es solo de los comunistas, sino de todas las fuerzas revolucionarias que participaron en un proceso revolucionario a largo plazo. De todas esas fuerzas, fueron los bolcheviques los que se hicieron con el poder, y en un contexto de Guerra Civil fue construyendo un régimen cada vez más autoritario que acabó engullendo a la propia Revolución. Para los bolcheviques la correlación de fuerzas revolucionarias solo pasaba por la laminación de sus rivales políticos. Y aunque hubo acuerdos circunstanciales, lo cierto fue que finalmente se hicieron con el control total del poder en detrimento del resto de fuerzas revolucionarias.

-De todas formas, después, el partido Comunista fue construyendo a su manera una sociedad también paralela a su concepción de partido un partido patriarcal y vertical, dominador y dominante hasta la asfixia…

            Evidentemente la revolución degeneró en una dictadura, que si nos atenemos incluso a los propios conceptos teóricos nada tenía que ver con la dictadura del proletariado. Era más bien un proletariado sometido a dictadura. Si bien los primeros años se desarrolla un interesante debate sobre principios revolucionarios, tras la derrota de Majnó y el aplastamiento de la revuelta de Kronstadt el debate solo se circunscribe al propio Partido Comunista, para finalmente acabar incluso laminado por el ascenso de Stalin al poder. Hubo un momento en que cualquier disidencia era un delito.

-¿Y por qué le ganó la partida el comunismo al anarquismo?

            Básicamente porque el bolchevismo se mantuvo compacto el anarquismo disperso. Es una de las razones a la que llegaron en conclusión los propios anarquistas rusos en el exilio. Si bien entre ellos ofrecían distintas soluciones. También porque el comunismo consiguió el poder del Estado y utilizó los medios que le ofreció para poder reprimir a los movimientos que se oponían a su concepción revolucionaria. Entre ellos el anarquismo. Los bolcheviques supieron leer muy bien el contexto histórico que les tocó vivir. El anarquismo también, pero no encontró una fórmula que le mantuviese unido. Además hay que tener en cuenta que la posibilidad de alternativa anarquista en la Revolución rusa se focaliza en el periodo de la Guerra Civil (1918-1921), un momento donde hay un importante dilema: dar un paso a lo que denominaron los anarquistas la “Tercera Revolución” o vencer a las fuerzas contrarrevolucionarias que con apoyo extrajeron combatían los principios de la revolución en el que los propios anarquistas estaban insertados. Y a pesar del debate de ideas, el anarquismo eligió la segunda opción para postergar la primera. Una cuestión que también aprovechó el bolchevismo para hacerse más fuerte. No hay que olvidar que en diciembre de 1917 los bolcheviques crean la Cheka, su policía política, que actuó desde muy pronto contra los anarquistas. Ya en abril de 1918 se producen cierre de periódicos y detenciones de militantes anarquistas acusados de bandidaje. Personajes como Volin, Maximov., Barmash, etc., se vieron en prisión. Algo que consternó a muchos delegados de los congresos de la III Internacional (Komintern) o de la Internacional Sindical Roja (Profintern), entre ellos Ángel Pestaña de la CNT o Fernando de los Ríos del PSOE. Al final, Lenin decide en 1921 poner en libertad a varios anarquistas con la única condición que abandonen el país. Así lo hace Volin, Maximov, Berkman, Goldman, etc.
            Aquí habría que remarcar también una cuestión más. No todos los anarquistas se exilian. Muchos se quedaron en el interior de la URSS y acabaron por unirse a las filas del Partido Comunista. Hubo un momento que el campo de la propaganda y la persuasión de ideas también fueron ganando por el bolchevismo.

-¿Cómo lo hicieron para acallar casi que hasta cualquier eco de revolución, protesta y reivindicación que no tuviese que ver con el comunismo…?

            El Estado soviético se dotó de mecanismos represivos, como la ya citada Cheka, encabezada por Félix Zerzhinsky (personaje que luego fue laminado por Stalin). La Cheka actuó contra lo que consideró “elementos contrarrevolucionarios”, y los anarquistas fueron entrando paulatinamente en esa categoría.
            Sin embargo, aunque la actividad organizativa anarquista era ya inexistente en la primavera de 1921 y las cárceles rebosaban de prisioneros libertarios, la literatura anarquista siguió circulando libremente por Rusia hasta final de la década de 1920 e incluso un pequeño núcleo de anarquistas pudo organizar un acto a favor de Sacco y Vanzetti en Moscú en 1927.
            Lo que no toleró el gobierno soviético fue la existencia de organizaciones anarquistas que pudieran poner en tela de juicio las actuaciones del gobierno.

-De todas formas los anarquistas sí que les dieron más de un quebradero de cabeza a los bolcheviques se infiltraron en su estructura…coméntanos…
            Infiltrados como tal no estuvieron. Lo cierto fue que hubo anarquistas que tras el triunfo revolucionario de 1917 participaron de algunas estructuras de poder. Apollon Karelin fue uno de ellos. Defendió el comunismo libertario dentro de estructuras soviéticas. Otros como Shatov o Zhelezniakov participaron en las filas del Ejército Rojo en los combates contra los blancos. Incluso Volin llegó a participar en el Departamento Soviético de Educación de Voronezh y Jarkov. El dilema vino cuando muchos de ellos abjuraron de sus principios anarquistas y acabaron uniéndose al Partido Comunista. Fue el caso e Danil Novomirsky o Efim Yarchuk, uno de los más emblemáticos anarquistas rusos que había participado en la revolución de 1905 en Bialystok.
            Todas estas cuestiones de participación en estructuras soviéticas como anarquistas se produjeron en el periodo que media entre 1918 y 1921. Posteriormente o se unían al Partido o estaban excluidos.

-¿Podríamos decir que fue Stalin quien apuntilló más que nada y más que nadie al anarquismo en Rusia?

            Sí, podría decirse sin ningún género de dudas. Los pocos focos y conatos de anarquismo que quedaban en Rusia tras la muerte de Lenin en 1924 (la editorial Golos Trudá o el Museo Kropotkin) acaban con la dictadura estalinista.

-Bakunin, Kropotkin fueron los dos hombres más destacados en las ideas y en la “expansión” de las mismas tanto en Rusia, su tierra, como fuera de  este país….¿cómo crees que les afectó a sus seguidores, de manera directa e indirecta, el llevar a cabo esas ideas tan distantes en el contenido, formas y maneras frente a los otros revolucionarios que eran los comunistas?( Bakunin, murió en Berna en 1876, mientras que Kropotkin murió en 1921)

            Bakunin y Kropotkin ayudaron a conformar las ideas anarquistas tanto en el interior como fuera de Rusia. Ellos fueron la referencia fundamental de los movimiento anarquistas en el último tercio del siglo XIX y la primera mitad del XX (habría que unir a ellos a Proudhon y a Malatesta). Aquí habría que destacar una curiosidad. En Moscú hay una columna en forma de obelisco frente a los muros de Kremlim, donde vienen los personajes que influyeron ideológicamente a Lenin. Entre ellos está Bakunin. Igualmente, Lenin admiraba y respetaba a la figura de Kropotkin, al que llegó a proponer un cargo en el gobierno y que nunca fue molestado. Se cartearon en varias ocasiones y en esa correspondencia se ve como Kropotkin está afeando a Lenin muchas disposiciones de su gobierno. Y el Museo Kropotkin funcionó durante años en la URSS. Con esto se quiere mostrar la importancia que tuvieron Bakunin y Kropotkin para la revolución en general. Pero fueron los anarquistas quienes defendieron sus principios en plena revolución. Y, evidentemente, su frustración fue máxima cuando salieron derrotados de una revolución en que habían visto posibilidad de triunfo.

-El hecho de que viniesen los dos de familias aristócratas:¿qué crees que les supuso?, al menos, de entrada, una formación buena que además pusieron al servicio de sus ideas, pero reflexiónanos un poco más…

            En principio la extracción social de Bakunin y Kropotkin no predisponía nada. Quizá eso que marcas. Que tuvieron un mejor acceso a la educación. Pero pasó con muchos revolucionarios del siglo XIX, que procedían de la aristocracia o de la burguesía acomodada y se unieron a la revolución. Bakunin y Kropotkin son ejemplo de ello. Pero también Engels o Cafiero. Muchos otros pertenecieron a los que denominaron la “aristocracia obrera”, que no dejaban de ser obreros en contacto con la cultura del libro y del periódico (los tipógrafos, por ejemplo). Lo único destacable del tema de su extracción social es que a Kropotkin siempre se le conoció como “el Príncipe anarquista”.

-Pero quizás por la correlación cronológica con las ideas comunistas es Kropotkin quien tiene como más incidencia con sus ideas por formular la teoría del anarco comunismo. Coméntanos…

            Sí, Kropotkin fue el iniciador de las corrientes comunistas en el anarquismo. Bakunin se denominó colectivista y Proudhon mutualista. Hay coincidencia de principios pero también diferencias. Para el comunismo de Kropotkin la máxima era su lema “de cada cual según sus posibilidad y a cada cual según sus necesidades”. Además, la amplia obra de Kropotkin está muy bien sistematizada y son principios muy claramente expuestos. Destacaría La moral anarquista, Campos, fábricas y talleres, El Apoyo Mutuo, La gran Revolución francesa, La ciencia y el anarquismo, etc. Además Kropotkin no solo era un activista anarquista. También fue uno de los geógrafos más importante de su tiempo, junto al también anarquista Élisée Reclus. Era una personalidad muy respetada por todos. En los viajes que los españoles hicieron a Rusia por los congresos de la Profintern y la Komintern, aprovecharon para ir a conocer a Kropotkin. Así lo hizo Ángel Pestaña y también Fernando de los Ríos.

-También están los idealistas nihilistas:¿qué nos puedes decir de estos y de su influencia en el inconformismo ruso…? ; ¿y qué decir de los dujoboris o “luchadores espirituales”?

            Es evidente que sin conocer el siglo XIX es imposible entender la revolución rusa en su amplio contexto. Los nihilistas fueron unos rupturistas. Personajes que cambiaron la forma de pensar y actuar en un país que estaba bajo aspectos del pasado. Las obras literarias de los nihilistas influyeron mucho en los movimientos de protesta. Pero tampoco podemos olvidar a los narodnikis, el nacimiento de movimientos como Narodnaïa Volia, o el origen de todo, que en el libro lo he marcado en la revolución decembrista de 1825.
            De los dujobory no he hablado, pero si de un personaje que estuvo muy cercano a ellos: León Tolstoi. Más que nada porque para el anarquismo fue Tolstoi en realidad quien más influencia. El movimiento tolstoiano si que tiene mayor trascendencia. Tolstoi llegó a fundar una escuela en Yasnaïa Poliana bajo principios antiautoritarios. Las ideas de Tolstoi son deudoras de las de Thoreau y luego influenciarán en personajes como Gandhi o Martin Luther King.

-Qué influencia tuvieron todos los de ideario anarquista en Rusia y en su primera revolución, la de 1905?, aunque continuaron siempre en cada embate en el que se recurría a la revolución.

            La Revolución de 1905 es la gran desconocida. Y, por lo tanto, la participación de los anarquistas en la misma también. En aquel momento es cuando los anarquistas comienzan a desarrollar un movimiento más evidente. Los focos de influencia fueron Ucrania, donde se comenzó a desarrollar las corrientes sindicales, San Petersburgo donde existió un grupo llamado Beznachalie que pivotó entre el anarquismo y el terrorismo más deudor de Nechaev y, sobre todo, Bialystok y Krinki. En estas dos ciudades el anarquismo venía desarrollando una importante actividad desde 1904 hasta tal punto que superaron en número a socialdemócratas, socialistas revolucionarios, al Bund judío y a los socialistas polacos. Bialystok se convirtió en el epicentro del anarquismo y el soviet de la ciudad siempre fue de mayoría de anarquista. Además, son los anarquistas de Bialystok los que comienzan a presentar el debate que será nodal para los años del exilio antes de la Revolución de 1917. Las estrategias a seguir por los anarquistas, donde consideran que el cuerpo a cuerpo con los representantes del Estado solo les llevará a la destrucción.
            Además, la Revolución de 1905 es importante también por un acontecimiento capital en la historia de la Revolución rusa: el nacimiento del soviet. En el libro se plantean las diversas hipótesis que hay al respecto. Desde el nacimiento en febrero de 1905 cuyo primer presidente es Nossar-Jrustalev (tal como nos narra Volin en La revolución desconocida), hasta las hipótesis que ponen el nacimiento del soviet en la Comisión Chidlovsky o en Ivanovo-Vonozensk, tal como dice Oskar Anweiler.
            Las lecturas que sacó el anarquismo en la revolución de 1905, marcaron los años siguientes y sus posiciones de cara a 1917.

-Y, muy brevemente, ¿cuál fue su evolución hasta llegar a las guerrillas, afines al anarquismo, Majnovistas? Porque sufrieron mucha represión en forma de combate, muerte, cárcel o exilio hasta el  año 1917…¿no?

            El exilio, como comentaba, fue el momento en el que los anarquistas debaten en las formas organizativas, pivotado su influencia entre el interior de Rusia, el exilio en Francia y en EEUU. Allí se fueron conformando que las corrientes sindicalistas y las comunistas anarquistas eran mayoritarias. Y así se presentaron en febrero de 1917 cuando el zarismo fue derrocado. Comenzaron a reorganizarse los núcleos de Moscú, Petrogrado, Kronstadt, etc. Aunque la represión había sido muy intensa contra el anarquismo, lo cierto fue que se reorganizaron con más fuerza que en 1905, aunque la dispersión fue lo que marcó la norma.
            Caso especial es Ucrania, con la figura de Néstor Majnó. Majnó, que había participado en la revolución de 1905 y había sido encarcelado y condenado a muerte por ello. Cuando fue liberado en febrero de 1917 regreso a su Gulai Polé natal y se puso al frente del soviet local. Pero debido a las hostilidades generadas por la Guerra Civil que se desató tras la revolución de octubre, hizo que Majnó conformase un ejército guerrillero de campesinos que combatió a las fuerzas pro-alemanas que habían invadido Ucrania, a los nacionalistas de Simón Petlura, a los blancos de Denikin y Wrangel y, en último termino, también a los bolcheviques. Porque lo de Majnó no fue solo un ejército. En su zona de influencia se desarrolló toda una sociedad basada en principios libertarios. Esa cuestión política fue lo que chocó frontalmente con el modelo de revolución bolchevique. Tal como Majnó nos legó en sus memorias, el anarquismo siempre tuvo enorme influencia en Ucrania. Además, aparejado al movimiento majnovista se creo la Confederación de Organizaciones Anarquistas “Nabat”, que fue, con diferencia, la estructura anarquista mejor asentada en toda la revolución.
            La derrotada de las fuerzas de Majnó fue un golpe del que los anarquistas no se recuperaron jamás.

-¿Cómo fueron o viajaron las ideas anarquistas durante “el imperio de los zares comunistas”?

            Como comenté más arriba, hasta bien entrada la década de 1920 la literatura anarquista se siguió imprimiendo en Rusia por el sello editorial Golos Trudá. A partir de ese momento, solo por medio de la clandestinidad se puedo introducir propaganda, que fue realmente escasa. Aun así, muchos de los anarquistas que se habían pasado a las filas comunistas, fueron purgados con el estalinismo. Un caso paradigmático fue el de Piort Archinov. Primero bolchevique y luego anarquista, Archinov fue una de las personas de confianza de Majnó. Tras la derrota majnovista, Archinov se exilio también primero a Alemania y luego a Francia donde intentó desarrollar una Plataforma de organización anarquista que chocó frontalmente con los intereses de otros anarquistas rusos y también de otras nacionalidades. En ese momento, Archinov decidió volver a la URSS. Abjuró de sus principios anarquistas y se incorporó a la PCUS. Fue purgado en 1937 acusado de “intentar restablecer el anarquismo en la URSS”          

-Y su pudiésemos hablar de cuál es la salud del anarquismo en Rusia y algunas de las ex repúblicas de la extinta es-URSS en la actualidad , ¿cómo la calificarías?

            Ningún protagonista anarquista de la revolución de 1917 (que yo conozca) vivió la desaparición de la URSS en 1991. Cuestión normal pues había pasado más de 70 años. Los movimientos anarquistas que se conformaron después solo tenían las referencias de las obras escritas en el exilio. Es la situación actual. Hay grupos anarquistas en varias ciudades pero no son muy numerosos.