jueves, 22 de marzo de 2018

MUJER Y POLÍTICA EN LA SEGUNDA REPÚBLICA ESPAÑOLA. UN LIBRO DE FELICIANO PÁEZ-CAMINO ARIAS


“En el claroscuro de la Segunda República española (1931-1936/39) hay, al menos, dos elementos que arrojan mucha más luz que oscuridad. Uno es el esfuerzo por adecentar y expandir la educación, abordándola como un servicio público y sustrayéndola a la influencia clerical. El otro es la mejora sustancial de la situación legal de las mujeres y el incremento de su presencia en los asuntos públicos. En ambos aspectos el avance republicano llama la atención, no solo en relación con la situación precedente, sino sobre todo con respecto al brutal retroceso que le siguió”.

            Con este párrafo, que es toda una declaración de intenciones, comienza el libro de Feliciano Páez-Camino Arias Mujer y política en la Segunda República española. Perfil y actividad de las diputadas. En realidad nos encontramos ante un texto que el profesor Páez-Camino realizó como conferencia en la Universidad de Málaga y que la editorial de la misma se avino a publicar. Un texto que invita a leerse y a la reflexión de la pluma de uno de los mejores conocedores del periodo republicano español, sobre todo de las relaciones internacionales del mismo.
            Nos encontramos ante un texto breve pero de enorme valor historiográfico. Porque puede parecer un poco manido el hecho de volver una y otra vez sobre las cuestiones del voto femenino en la República, pero el profesor Páez-Camino ha logrado traspasar lo estrictamente del debate y acercarnos a la personalidad de todas y cada una de las diputadas que se sentaron en los escaños del Congreso en el periodo que media entre 1931 y 1936.
            La estructura del libro es muy simple. Se ha dividido la historia en los bienios republicanos y se ha analizado las candidaturas electorales de la izquierda y la derecha, haciendo un repaso biográfico a las diputadas que alcanzaron el escaño. Pero no solo es eso. Se ha mostrado toda esa actividad con el telón de fondo del contexto histórico y no se ha olvidado Páez-Camino de otras mujeres que aun siendo candidatas al Congreso no conquistaron el acta.
            No nos encontramos pues ante un texto que vuelve a repetir los argumentos del debate del debate en las Cortes entre Clara Campoamor (defensora del sufragio femenino) y Victoria Kent o Margarita Nelken (que eran partidarias de posponer ese debate). Si bien esa cuestión se aborda en uno de los epígrafes del texto, lo interesante y lo que aporta es la contribución que todas esas mujeres tuvieron para el avance político en la sociedad.
            Con mucho acierto, Feliciano Páez-Camino rompe algunos lugares comunes que existen alrededor de estas mujeres así como bastantes errores históricos que se han ido acumulando a lo largo de tiempo en obras que son referencia para el estudio de la Segunda República y del papel de la mujer. Igualmente el manido argumento de que el voto de la mujer favoreció a la derecha es perfectamente analizado en el libro, donde si bien pudo ser un debate en las elecciones de noviembre de 1933 (donde por primera vez la mujer tuvo acceso al voto) lo cierto es que apenas dos años y medio después ese mismo electorado dio el triunfo a la izquierda. Por ello el profesor Páez-Camino apunta algunos otros elementos que implican tanto al derrota como la posterior victoria electoral de la izquierda (sistema de coaliciones electorales, abstencionismo o participación libertaria, etc.).
            Fueron nueve las diputadas en las cortes republicanas: Victoria Kent Siano, Clara Campoamor Rodríguez, Margarita Nelken Mansberger, María Lejárraga García, Matilde de la Torre Gutiérrez, Veneranda García-Blanco Manzano, Francisca Bohigas Gavilanes, Julia Álvarez Resano y Dolores Ibarruri Gómez. De ellas solo una fue diputada en las tres legislaturas (Margarita Nelken por Badajoz) y solo fue una diputada de derecha (Francisca Bohigas Gavilanes). Sus perfiles políticos, sus aportaciones, sus discusiones y sus diferencias son perfectamente plasmados en el libro de forma simple y profunda. Quizá para nuestro interés hay dos de ellas que siendo más desconocidas puedan llamar más la atención. La primera la única diputada de derecha, Francisca Bohigas Gavilanes, que salió elegida por León en la candidatura de la CEDA. Una persona muy vinculada al catolicismo y la educación que continuó en España tras el golpe de Estado de julio de 1936 (al que mostró su apoyo) y en la dictadura franquista. La otra de las diputadas menos conocida es la figura de Veneranda García-Blanco Manzano, diputada por el PSOE en Oviedo en 1933.
            Feliciano Páez-Camino hace todas las divisiones posibles. Sus adscripciones ideológicas (republicanas, socialistas, comunistas, derechistas), las legislaturas (Margarita Nelken en todas, Victoria Kent en la primera y la tercera, el resto solo en una de las tres). Pero no solo se queda en las elegidas pues también aborda los resultados de algunas de las que no fueran elegidas, analizado la forma de voto y la situación que tenían en las listas electorales, donde se denota que la izquierda primó más la participación de la mujer que la derecha. Otros nombres jalonan el libro como el de Isabel Oyarzábal (Isabel de Palencia), Matilde Huici, Federica Montseny, Belén Sárraga, María Rosa Urraca Pastor, etc. Quien se pueda acercar a la obra podrá comprobar in situ la importancia de personajes como la navarra Julia Álvarez Resano, diputada por Madrid en 1936, o la interesante vida de María Lejárraga (o María Martínez Sierra) diputada por Granada en 1933.
            No se queda Feliciano Páez-Camino en la vida de las diputadas en 1939, sino que hace un interesante capítulo de lo que las deparó en el exilio o en su permanencia en el interior (para el caso de Bohigas). Una generación irrepetible que, al mismo tiempo, fue extremadamente longeva salvo en algún caso particular.
            El texto se cierra con una pequeña entrevista que hicieron al autor en la revista Lamaga News.
            El libro es muy recomendable, muy fácil de leer y muy bien escrito. La importancia del mismo y del olvido que se ha producido alrededor de las mujeres nos la da el propio autor ya casi finalizando el libro en el siguiente párrafo:
“Sabemos que algunos de los más categóricos promotores de la Guerra Civil usaron con profusión el término ‘la anti-España’ para referirse al amplio espectro de sus enemigos ideológicos. Vemos aquí que estas mujeres a las que vilipendiaban, no solo encarnaban, como sus compañeros varones, la anti-España sino que también eran la anti-mujer. El designio era excluirlas, no solo de la comunidad nacional, sino de la condición femenino.”
            Porque aunque breve, Feliciano Páez-Camino deja clara dos cosas aunque sea de forma implícita. La primera es lo que sostenemos muchos desde el campo de la educación y la investigación. Unir la República a la Guerra Civil es un craso error, pues determina que el fracaso de la experiencia republicana conlleva una guerra. En realidad la República hay que investigarla como una entidad independiente, como la primera experiencia democrática del siglo XX con sus aciertos y sus errores. Es la Guerra Civil la causa de una consecuencia terrible: el establecimiento de una dictadura de corte fascista y autoritaria que duró demasiado tiempo y se cobró infinidad de víctimas. Y a raíz de esto último hay que engarzar la segunda cuestión. El franquismo no solo fue una dictadura con una represión cruel en lo personal sino en lo psicológico y sociológico. Y estas mujeres que contribuyeron al avance social chocaron con un muro de hormigón llamado nacional-catolicismo que las condenó al ostracismo y las relegó en la historia. Por eso hoy es tan desconocida aun.
            Gracias a Feliciano Páez-Camino Arias y esta pequeña gran obra se esclarece un poco (o mucho) aquel periodo del que somos deudores y deudoras.

Pd: De la magnífica pluma de Feliciano también existe la novela En el sabor del tiempo que comentamos en esta bitácora hace años
http://fraternidaduniversal.blogspot.com.es/2013/02/en-el-sabor-del-tiempo-una-novela.html

viernes, 9 de marzo de 2018

NOVEDAD EDITORIAL. "Activistas, militantes y propagandistas. Biografías en los márgenes de la cultura republicana (1868-1978)"

Hay libros y obras que cuando los escribes o los coordinas tienes la sensación no solo de que estas realizando un trabajo interesante sino que estás contribuyendo con ello a esclarecer algunos aspectos de la Historia.
Cuando en el curso del congreso de la Asociación de Historia Contemporánea que se celebró en Albacete en septiembre de 2016, Eduardo Higueras Castañeda, profesor de la Universidad de Castilla-La Mancha en el campus de Cuenca, Rubén Pérez Trujillano, investigador de la Universidad de Sevilla en el departamento de Historia del Derecho, y un servidor decidimos hacer este libro, lo decidimos con mucha ilusión pero, quizá, no sabíamos que se iban a superar las expectativas. el objetivo del libro era claro: rescatar del baúl de la Historia a algunos personajes que por su transcendencia o importancia fueron determinantes en algunos momentos históricos pero que actualmente han caído en el olvido. Podría parecer que muchos personajes entrarían en esa categoría. Y es verdad. Por eso decidimos dar una perspectiva más: que fuesen personajes fronterizos, gente que se movió en varios mundos dentro de esa gran cultura republicana de la que salieron muchas más escuelas y acabaron formando sus propias culturas. No era tarea fácil.
Lo primero que hicimos fue confeccionar una lista de personajes y de posibles autores y autoras que  pudieran participar en la obra. Hay que decir que fue tal en número de nombres que la obra se desbordó. Sin embargo, poco a poco le fuimos dando una forma y conformó el volumen que tan profesionalmente ha editado Athenaica.
Ningún libro es fácil de hacer, pero este ha sido una maravilla poder desarrollarlo. No solo por los personajes que se han podido rescatar, sino por la enorme calidad de las plumas que han  intervenido en el mismo. Por mi parte me siento realmente satisfecho del trabajo realizado, de la calidad del producto y de haber podido trabajar junto a dos compañeros que han demostrado profesionalidad, interés y buen hacer, además de atesorar unos conocimientos impresionantes sobre la materia. No solo ha sido trabajar con compañeros de profesión sino también con amigos.
Ahora disfruten de esta obra. Avisaremos de presentaciones en un futuro.

Toda la información sobre el libro y para poder adquirirlo se puede encontrar aquí:
https://www.athenaica.com/libro/activistas-militantes-y-propagandistas_78965/

martes, 6 de marzo de 2018

EN DEFENSA DEL OFICIO DE HISTORIADOR

Artículo publicado en la edición digital del periódico El Salto diario

Hace pocos días, el Ayuntamiento de Madrid ha presentado un proyecto de memoria histórica que ha rescatado la dimensión de la represión franquista por los fusilamientos efectuados en las tapias del cementerio de La Almudena. Un trabajo de investigación que ha ampliado la cifra de ejecuciones de 2663 que había establecido el libro de Mirta Núñez y Antonio Rojas Friend a 2934 que ha establecido las investigaciones del historiador y profesor de la UCM, Fernando Hernández Holgado. Cuestión que ha determinado que el Ayuntamiento de Madrid promueva un memorial para los fusilados en las tapias del cementerio del Este.
            Pero aquí no voy a hacer un repaso a la historia de la represión en la ciudad de Madrid, que también ha ocupado algunas páginas de mis investigaciones, sino a la defensa de un oficio, el de historiador, que con cuestiones como está se pone en tela de juicio por parte de algunos políticos, algunos periodistas y algunos voceros de los que crean opinión pública. Y lo hago desde la posición de quien ejerce este noble oficio de la investigación y la docencia histórica.
            Fue curioso comprobar como tras la exposición de resultados de las investigaciones del profesor Hernández Holgado, siguió una lista de insultos y descalificaciones a su investigación e, incluso, a su persona. La portada de un periódico de este país hablando de supuestos homenajes a “chequistas” o la vinculación instantánea el profesor Hernández Holgado a Izquierda Unida para desacreditar su imparcialidad en las investigaciones, no es nuevo. Hace dos años asistimos a uno de los ataques más espectaculares contra investigadores e historiadores cuando una campaña contra la Cátedra Complutense de Memoria Histórica del siglo XX tumbó un proyecto de memoria histórica para la ciudad de Madrid bajo acusaciones de baja estofa a sus integrantes. Desde su directora, Mirta Núñez, hasta los componentes del grupo de investigación del mismo (incluido el que firma estas líneas). Y estos ataques no venían determinados por trabajos de investigación que pusieran en entredicho las hipótesis o conclusiones de sus integrantes. Los ataques fueron ad hominem y vinculando a cada integrante a una ideología política concreta y con acusaciones falsas que no se correspondían con la realidad. Pero el objetivo de tumbar el proyecto, se consiguió.
            Este tipo de actitudes se deben a varias cuestiones básicas:
-          En primer lugar al nulo respeto que se tiene al trabajo de investigación histórica. Los historiadores o investigadores pasamos horas y horas en bibliotecas, archivos, contrastando datos, pagando de nuestro bolsillo viajes a recónditos lugares solo por localizar fuentes primarias que nos permitan reconstruir nuestro pasado. Crear el armazón para escribir un libro o un artículo científico son meses y años de investigación. Tiempos largos para tener bien cogidos los puntos nodales de las hipótesis y conclusiones que quieres mantener. Sin embargo, tras todos esos trabajos, determinados sectores sociales desacreditan la investigación argumentando “falta de objetividad” por cuestiones ideológicas, favoritismos o desconocimiento. Muchas veces los argumentos no pasan de decir una militancia política o el típico “yo me he leído un libro que no dice eso”.
-          Lo segundo porque el oficio de historiador tiene una fácil intrusión. Los intrusos de la Historia son frecuentes y suelen sentar cátedra y dar lecciones a aquellos que si siguen un criterio científico a la hora de estructuras investigaciones y trabajos. Esto no quiere decir que para ser historiador haga falta una licenciatura o un doctorado en la materia, pero si hace falta saber discriminar la información, darle sentido y coherencia como la materia científica de la Historia reclama. Esos intrusos de la Historia montan obras en tiempo record que se venden como churros y que desacreditan a investigadores de amplio calado y profunda formación (profesionales en su materia)
-          Los argumentos ad hominem son un recursos fácil para desacreditar. Y curiosamente, esa desacreditación viene siempre en nuestro país cuando te vinculan a algunas de las ideas que fueron derrotadas tras la Guerra Civil española. Ser comunista, republicano, socialista o anarquista e historiador a la vez no puede ser para algunos sectores, porque mediatiza tu visión y haces una historia “subjetiva” y “militante”. Sin embargo, se reclama esa “objetividad” desde grupos que son también políticos y mediatizan su visión a partir de la llamada “equidistancia”. Si un historiador es profesional su ideología política no le mediatiza. Y esos historiadores que se les acusa de ello tienen obras de investigación que son fundamentales para entender nuestro pasado inmediato. Además, es muy curioso que estas cuestiones estén tan en boga pues en otros tiempos no eran así. Albert Soboul pasa por ser uno de los historiadores más afamados y más importantes sobre la Revolución francesa. Sus teorías, hoy algunas superadas, son parte imprescindible para entender ese acontecimiento. Albert Soboul era también militante del Partido Comunista Francés. Y aunque hubo siempre quien se lo reprochó, la comunidad científica histórica no consideró eso un valor fundamental para censurar una obra. Muy por el contrario estamos ante uno de los mejores historiadores de dicha materia. Daniel Guerin fue un historiador francés especialista en historia del anarquismo y del fascismo. Profesor de Universidad, Guerin tiene obras de importante calado y de profunda investigación para entender la historia del anarquismo y de los movimientos totalitarios. Guerin era anarquista (a caballo con el marxismo), pero sus ideas no le impiden realizar un trabajo profesional. Eso es lo que se pone en duda constantemente en España. Si tienes unas ideas automáticamente era catalogado de algo y tu obra desautorizada en muchos círculos. A este juego también caen historiadores profesionales que se sienten cómodos en lugares comunes y prefieren catalogar y descalificar a investigar y debatir.

            Siguiendo un poco con este hilo argumentativo, la verdad es que los esquemas se repiten una y otra vez. El lenguaje utilizado es el lenguaje del franquismo. La utilización del término “chequista” es ya de por sí una anomalía. Las palabra checa, de origen ruso, se utilizó en España para denominar a los centros de detención ilegales que partidos políticos y sindicatos del Frente Popular tuvieron hasta noviembre de 1936, que fueron clausurados por orden gubernativa (echen un vistazo a la historia). Sin embargo, aunque el término hizo fortuna entre los sublevados contra la República y los sectores de la derecha, esas estructuras no eran checas. Eran Comités, conformados por integrantes de distintas organizaciones, que no tenía vinculación orgánica ni con el Estado republicano ni con las propias organizaciones políticas y que ejercieron una acción arbitraria contra personas que no pasaron por ningún juicio. Una situación que finalizó por orden del Ministerio de Justicia en noviembre-diciembre de 1936 y que estructuraba Tribunales Populares frente a la arbitrariedad de los Comités. Algunos de aquellos dirigentes e integrantes de Comités fueron juzgados por las propias leyes republicanas. Muchos excesos que se cometieron en la retaguardia republicana fueron juzgados por estos tribunales. Por ejemplo el asalto a la prisión de Durango que acabo con penas contra dirigentes de la UGT vasca. Estas cuestiones terminológicas y de funcionamiento de los Comités en Madrid han sido ampliamente trabajadas por historiadores como Javier Cervera Gil o, muy recientemente, por el joven historiador Fernando Jiménez Herrera con una magnífica tesis doctoral sobre la represión republicana en Vallecas y que, esperamos, pueda publicar en recientes fechas. Hay muchos más, desde luego.
            Desautorizar el trabajo del profesor Hernández Holgado diciendo que se hace una defensa de “chequistas” es de muy baja estofa. Lo que el grupo del profesor Hernández Holgado ha hecho es recuperar las ejecuciones que sentenció un tribunal contra personas que no tuvieron ni la más mínima posibilidad de defensa. Porque los tribunales militares franquistas no estaban ni conforme al Estado de Derecho ni garantizaban un juicio justo al reo. Lejos de una presunción de inocencia (propia de nuestra sociedad) existía una afirmación de culpabilidad (propia del totalitarismo).
            Cada vez que se habla de “chequistas” se hace referencia a la fuente por antonomasia: la Causa General. Una fuente que hemos utilizado todos los historiadores pero que, desde luego, hay que coger con pinzas y contrastarla con otras. Es una fuente realizada bajo el patronazgo del franquismo. Hernández Holgado y su grupo lo que han hecho ha sido trabajar con ella y ponerla en relación con los censos, con los libros del cementerio, con los archivos militares, con el registro civil, etc. Esa es la labor del historiador. Y curiosamente, en la mayoría de los casos que se realizan ese tipo de trabajos científicos, las cifras de la represión franquista sube y la de la represión republicana baja. Porque lo que hicieron las fuentes franquistas en las que se basan muchas afirmaciones fue relativizar u ocultar la represión ejercida por el régimen de Franco y sobredimensionar la republicana, que efectivamente existió y quien lo niegue miente.
            Estas cuestiones que son sencillas en España no son tenidas en cuenta. Y lo que se hace una y otra vez es desautorizar y atacar de forma indiscriminada a los historiadores. Cuestión que proviene, curiosamente, de aquellos que en su vida han pisado un archivo ni saben que es eso de contrastar fuentes. Los historiadores pueden tener distintas conclusiones sobre mismos acontecimientos. Esa es una de las riquezas de la ciencia histórica, que como ciencia humana no es axiomática ni crea leyes universales. Pero una cosa es discutir sobre historiografía, donde la hay más progresista y más conservadora, y otra muy distinta es desautorizar por decreto a alguien que ha escrito algo y que no le gusta ni a algunos políticos o periodistas de turno, que demuestran su ignorancia supina sobre la historia de España. No olvidemos una cosa. La memoria histórica es un movimiento social que esta cubriendo las vergüenzas que no asume el Estado. Pero también es una corriente de investigación histórica conformada por profesionales a los que mucha gente no les tiene ni el más mínimo respeto. Somos profesionales, desarrollamos nuestro trabajo y pedimos respeto para nuestro trabajo.
            Y hay que decir ¡ya basta!.

lunes, 19 de febrero de 2018

VALORACIÓN DE UN PELÍCULA. “EL JOVEN KARL MARX”


Tenía muchas ganas de ver esta película dirigida por Raoul Peck, el director haitiano que ya nos había sorprendido hace unos años con un film sobre el congoleño Patrice Lumumba. Y tengo que reconocer que fui a ver El joven Karl Marx con determinado recelo, ya que los temas históricos, si no están bien explicados, pueden caer en errores de concepción para quien acude a ver la película.
            Tengo que reconocer que el producto final me ha gustado mucho. Me parece una buena película, muy bien ambientada y que relata de forma muy próxima el contexto histórico que movió la vida de Marx desde su huida de Alemania al cierre del periódico La gaceta renana hasta la publicación del Manifiesto del Partido Comunista. Son cuatro años, entre 1844 y 1848 donde se forjó la personalidad y parte de las teorías políticas del socialista alemán en coalición de amistad con el también alemán Friedrich Engels.
            No voy a desgranar aquí aspectos concretos de la película que, desde luego, recomiendo a todo el que lea esto que vaya a verla. Digamos que trabaja bien el origen tanto de Marx como de Engels y la rebelión de ambos personajes en sus circunstancias. Marx, filosofo alemán de origen judío venido a menos casado con Jenny von Westphalen que huye del entorno aristocrático, y Friedrich Engels, alemán e hijo de un propietario de fábricas en Inglaterra que le hizo estar cerca de la explotación y plasmarla en sus escritos de primera mano, llegando a casarse con una trabajadora despedida por su padre de la fábrica.
            Este texto lo quiero concebir más como unas pinceladas hacía cuestiones que la película no remarca o deja en suspenso y que también son necesarias para darle un poco más de coherencia a la historia. Me centraría en algunos aspectos básicos, que son adyacentes a la propia película: Proudhon, Weitling, Bakunin y las Ligas.
            Por el contrario de lo que pudiera parecer, la figura de Proudhon, que aparece muchas veces en la película, no queda en mal lugar. Un peligro que se corre si la visión del autor es puramente marxista. Muy por el contrario el personaje de Marx y Engels admiran la figura de Proudhon (como en realidad sucedió) y la eleva al primer personaje que desarrolla una teoría científica de la economía y de la crítica capitalista. Sin embargo esta cuestión es necesario que se ponga en palabras de Marx. Proudhon, efectivamente, fue uno de los economistas más brillantes de la primera mitad del siglo XIX con obras de tan profundo calado como ¿Qué es la propiedad?, La idea general de la revolución en el siglo XIX o Sistema de las contradicción económicas o filosofía de la miseria. Posteriormente Proudhon aportaría al socialismo obras como El principio federativo o La capacidad política de la clase trabajadora. Y esto teniendo, que a diferencia de Marx, Proudhon es de origen obrero. Es un artesano que se ha formado, prácticamente, de forma autodidáctica. No ha pasado por ningún aula universitaria. A pesar de que Marx admira en la película a Proudhon, no deja de ser curioso el modo en el que se relata la supuesta superioridad intelectual de Marx sobre Proudhon. Siendo justos a la verdad, gran parte de la teoría económica marxista parte de los presupuestos proudhonianos. Otra cuestión es la sintetización o los sesgos que le dio el pensamiento marxista. De hecho, la respuesta de Marx a Proudhon con su Miseria de la filosofía no refuta en ese momento las cuestiones económicas proudhonianas. Habría que esperar a un Marx más maduro para que esas ideas fuesen superadas y, desde luego, con el telón de fondo de la lucha que llevará con Bakunin. En este último caso, aunque fuese de forma menos sistemática, si se supera parte de los preceptos económicos proudhonianos cuando Bakunin antepone el colectivismo al comunismo marxista.
            Sin embargo la película no es injusta con Proudhon. Queda en buen lugar y es admirado por Marx aunque no congratule en los postulados organizativos proudhonianos. Quizá los que quedan peor parados, en este caso, son algunos proudhonianos o el achacar que el proudhonianismo no tiene un carácter internacional.
            La figura que peor parada sale en la película es, sin duda, la del alemán Wilhem Weitling, que desarrolló la teoría comunista bastantes años antes que Marx, a partir de libros como La garantía de la armonía y la libertad o El evangelio del pobre pescador. La estrategia de Weitling de la creación de Ligas que articulase un movimiento más general, si queda plasmada en la película, pero se achaca al propio Weitling una personalidad egocéntrica que le impide ver más allá de su propia persona y sus seguidores. Un personaje que queda muy esquematizado en la película, así como la estrategia de constitución de la Liga de los Comunistas, impulsada por Marx y Engels, pero que, en ningún caso, se convirtió en un movimiento hegemónico entre los trabajadores. Muy por el contrario, fue minoritaria. Y esta cuestión si que no la refleja la película. En realidad las aportaciones doctrinales de Marx y Engels son enormes, pero sus aportaciones organizativas fueron fracasos estrepitosos. El movimiento obrero francés siguió siendo proudhoniano hasta la Comuna de París de 1871, para posteriormente bascular entre el marxismo de Lafargue-Guesde, el socialismo de Jaurès o el sindicalismo revolucionario (y el anarquismo) de Pouget y Pelloutier. El movimiento obrero británica, por las teorías de Owen primero y de los fabianos después, tuvo un sesgo muy alejado de la revolución que concibió Marx. En Alemania, si bien el marxismo tuvo un importante impulso, la creación del SPD y las criticas que Marx ejerce al programa de Gotha o al posterior de Erfurt alejan a la poderosa socialdemocracia alemana  de los preceptos más puros del marxismo. Por no hablar en lugares como España o Italia donde el influjo del anarquismo fue mucho mayor. En el caso de España hasta el final de la Guerra Civil en 1939 y en el caso de Italia hasta la década de 1910. Esa Liga de los Comunistas que se ve presentando en la película no tuvo mucha influencia. Y aunque ya no aparece, la influencia de Marx en el AIT (Asociación Internacional de los Trabajadores) fue realmente importante en muchas secciones, pero en otras mantuvo pulsos en los que no salió ganando, lo que al final acabó por romper la propia Internacional.
            Por último, la figura de Bakunin aparece de forma exponencial, pues aunque estuvo en el París de 1844-1845, y allí conoció a Marx, no es en este momento cuando entre ambos se entabló una rivalidad y un debate de amplio calado en el movimiento obrero internacional. Aunque si hay un detalle interesante, cuando Marx en una discusión que mantiene con Weitling, hace referencia a Rusia (aprovechando la presencia de un ruso en la reunión) para hacer ver que la revolución que él promueve no se podría realizar en lugares como Rusia, que sería más propicio para las teorías más básicas de Weitling.
            Aunque la película tiene momentos que roza la hagiografía, es, desde luego, un film que merece la pena. Porque el director tampoco esconde una cosa. Es una época donde la lucha de egos es fundamental para entender algunas cuestiones. Y Marx no fue ajeno a esa lucha de egos. En muchas fases de la misma, al presentar Marx sus teorías, se presenta así mismo como un genio y su círculo más próximo el adulan. De eso no estuvo exento ninguno de los revolucionarios de la época. Tenía sus círculos de confianza y tenían sus egos.
            Un aspecto muy interesante de la película es la cuestión de género. Las figuras de Jenny von Westphalen y de Mary Burns forman parte también de la historia del movimiento revolucionario del siglo XIX. Y se plasma en la película la lucha de las mujeres en las fábricas de Inglaterra. Me ha faltado una figura que habría sido interesante de introducir (aunque la citan en una ocasión): la figura de George Sand, seudónimo utilizado por Amantine Aurore Lucin Dupin, que en aquella época también tuvo contacto con todos estos revolucionarios.
            Aun así tampoco se puede negar una cosa. Karl Marx y Friedrich Engels contribuyeron de forma decidida al avance del movimiento revolucionario de la época. Efectivamente, eran auténticos genios y lectores ávidos que sacaron conclusiones revolucionarias ante el avance del capitalismo y de la revolución industrial. Como lo fue Proudhon, como los fue Weitling, como lo fue Bakunin. Merece la pena rescatar sus figuras y llevarlas a la gran pantalla. No estaría de más una trilogía sobre Marx o abordar una película que narre la vida de Proudhon o Bakunin. La de este último da para una auténtica novela.

martes, 6 de febrero de 2018

DEUX SOCIALISTES FRANÇAIS: PAUL LAFARGUE (1842-1911) ET JEAN JAURÈS (1859-1914)

PAUL LAFARGUE (1842-1911)

La figure de Paul Lafargue est une de plus représentatives du socialisme française et international.
            Lafargue est né à Santiago de Cuba le 15 janvier 1842. Il était d’origine française puisque l’ascendance de Lafargue était des plus complexes.
            Quand Paul Lafargue avait 9 ans, il est retourné en France et il a étudié au Lycée de Bordeaux. Après, il a été étudiant de médecine à Paris de même que George Clemenceau, ensuite Président de la République, qui était camarade de cours.
            Lafargue a commencé sa collaboration politique en 1864 quand il s’est déclaré défenseur de la pensée de Pierre Joseph Proudhon, anarchiste de Besançon et créateur de la théorie politique du fédéralisme et économique du mutualisme, et il a écrit dans le journal La Rive Gauche.
            En 1865 il a voyagé à Londres et il a connu Karl Marx. En ce moment Lafargue a adopté l’idéologique marxiste et il s’est marié avec la petit fille de Marx, Laura.
            Après Lafargue s’est installé à Bordeaux et il a participé á la formation et au développement du mouvement ouvrier bordelais. Après la débâcle de la Commune de Paris (1871), Lafargue s’est exilé en Espagne et il a participé à la formation des premières structures marxistes dans notre pays. Lafargue a établi une amitié avec des personnalités comme Pablo Iglesias (fondateur du Parti Socialiste en 1879), Francisco Mora (fondateur de la Première International en Espagne), Anselmo Lorenzo (fondateur de la Première International en Espagne et des idées anarchistes) ou José Mesa.
            En septembre 1872, il est retournée en France et ensemble avec Jules Guesde et Jean Deville, ils ont formé le POF (Parti Ouvrier Français). Théoricien du marxisme, Lafargue a été élu député en 1893 par la ville de Lille.
            Lafargue et le POF étaient défenseur de la participation en solitaire du mouvement ouvrier dans la lutte électorale. Il a polémisé avec l’autre grand dirigeant du socialisme français : Jean Jaurès. Aussi, Lafargue a polémisé avec le syndicaliste révolutionnaire Émile Pouget, idéologue du sabotage comme arme d’action syndicale.
            En 1901 le POF et les groupe d’Edouard Vaillant ont fondée le Parti Socialiste français. Pendant beaucoup d’années le parti s’appellera SFIO (Section Française de l’International Ouvrière).
            Le 25 novembre 1911, Paul Lafargue et sa femme, Laura, sont morts (ils se sont suicidés) dans leur maison à Draveil, proche à Paris. Une décision personnelle contre le vieillissement et le manque de contribution à la cause socialiste.

            Comme théoricien du marxisme, Lafargue est auteur de beaucoup de textes. Les principaux sont Le droit de la paresse, La propriété, origine et évolution ou La légende de Victor Hugo.     

JEAN JAURÈS (1859-1914)

L’histoire du socialisme français est riche en événements et en personnages très importants pour le socialisme international.
            Mais la figure du dirigeant socialiste Jean Jaurès est passée à l’histoire pour son engagement pour la paix conformément aux principes socialistes internationaux. La meilleure définition de Jean Jaurès est la suivante : un humaniste patriotique.
            Jean Jaurès est né le 3 septembre de 1859 à Castres, un petit village du sud de la France. Si on analyse sa biographie on se rend compte qu’il a été un élève brillant. Á Paris, il est rentré à l’École Normale Supérieure en 1878 et plus tard, en 1881, il a été nommé professeur au lycée d’Albi.
            Dans le domaine politique, il a été élu député à l’Assemblée Nationale comme candidat républicain du Tarn en 1885. Postérieurement, en 1889, il s’est engagé dans la politique locale à Toulouse et il a défendu la lutte  des mineurs de Carmaux, en grève pour l’amélioration de leurs conditions de travail. À ce moment, Jean Jaurès a adhéré aux idées socialistes et en 1893 il a été élu députe socialiste d’Albi-Carmaux.
            Pendant l’affaire Dreyfus, il s’est engagé dans la défense du militaire juif avec son livre Les preuves. En 1902 il est retourné à l’Assemblée Nationale et il a défendu l’union des forces de gauche. Pour la diffusion des idées socialistes il a fondé le journal l’Humanité (aujourd’hui journal du PCF) en 1904 et en 1905 il a travaillé pour l’union de la SFIO.
            Jaurès a été un fervent défenseur  de la paix et le socialisme et pour cette raison, le 31 juillet de 1914 il a été assassiné au Café de Croissant par l’ultranationaliste Raoul Vallain.
            Les principales oeuvres de Jean Jaurès sont Les preuves (en défense de Dreyfus),  L’Armée nouvelle (en défense de la paix) et Histoire socialiste de la Révolution française.

domingo, 28 de enero de 2018

JULIO ARÓSTEGUI SÁNCHEZ. IN MEMORIAM

El 28 de enero de 2013 fue una fecha triste. Triste en los personal y triste para la ciencia histórica. A eso de las 19:30 me llamó por teléfono un amigo para comunicarme que Julio Aróstegui había fallecido hacía poco. Sabía que estaba enfermo. Una semana antes había estado hablando con él por teléfono. Estábamos dando los últimos toques a mi tesis doctoral (la última que dirigió) y que iba a leer el 31 de enero. “Ciudadano Vadillo, ya casi doctor”, fue la frase con la que me interpeló. Sabía, igualmente, que no iba a poder estar en la lectura. Pero tenía ganas de celebrar con él el título de doctor. Alguien quien tan sabiamente me había dado las claves para poder adaptar una metodología coherente a un trabajo de investigación. Alguien que supo guiar de forma coherente mi trabajo de investigación. Y hubo muchas cosas a valorar de ese proceso de dirección que había empezado en 2009, pues yo venía de hacer mi DEA en la Universidad de Alcalá de Henares en 2007. Con Julio las reuniones de dirección no eran como las habituales. En su despacho de la UCM nos vimos algunas veces. Pero otras fueron en el VIP, rodeado de refrescos y patatas. Julio cuando hablaba contigo no te daba la sensación de ser un alumno suyo. Te hablaba de igual a igual. Para él su pasión era enseñar, pero también aprender. Y eso es un valor que no todo el mundo tiene en el mundo académico. Su forma didáctica y divulgativa de enseñarte cosas para mejorar un trabajo era el fiel reflejo de alguien que había pasado por muchos estadios de la educación. Sin ir más lejos Julio había sido profesor de instituto antes que profesor de Universidad. Y eso es algo que se nota a la hora del trabajo y de la docencia.
            La lectura de tesis aquel 31 de enero de 2013 fue triste. Triste por la muerte de mi director que no pudo ver consumado el final de su última tesis dirigida. Quince días después, mi buen amigo Sergio Gálvez Biesca también leyó su tesis, dirigida por Julio. Ambos trabajos hoy están publicados. Y de si algo nos podemos sentir orgullosos es de la enorme escuela historiográfica y de los discípulos que Julio ha dejado y que, aun hoy, siguen dando frutos sus trabajos. No hay más que repasar las obras publicadas por el propio Sergio Gálvez, por Sandra Souto, por Jorge Marco, por González Calleja, etc,. En cada uno de ellos, cuando lees sus obras, notas algo de Julio en las mismas. Quizá la tenacidad, el trabajo meticuloso, el contraste de fuentes, el cariño en la investigación. En definitiva la pasión por la Historia que es algo que nos une a todos los discípulos del historiador granadino.
            Igualmente, en los prolegómenos de su muerte, Julio había publicado su último trabajo de investigación. La biografía de Francisco Largo Caballero. Un extraordinario trabajo que cerraba una larga tarea de investigación sobre una de las figuras más representativas del socialismo español. Una biografía que mi amigos me regalaron una vez me convertí en doctor y que, no puedo negar, leí con mucha desazón por saber que no iba a poder comentar con Julio el producto de su trabajo.
            Julio Aróstegui fue más que un historiador y un profesor. Fue alguien que te enseñó a escribir Historia. Hace poco, preparado un tema de oposición, al hablar de la historiografía española no puede evitar meter a Julio Aróstegui. Repasé su libro La investigación histórica: teoría y método. Toda una fuente de inspiración y manual de cómo abordar la ciencia histórica.
            Y es que Aróstegui es, con diferencia, el mejor historiador que ha tenido este país en nuestro periodo más reciente. Ha bebido del magisterio de uno de los mejores: Manuel Tuñón de Lara. Con las obras de Julio podemos aprender de carlismo (la que fue su tesis doctoral), de la Guerra Civil española (que gran obra la suya sobre la Junta de Defensa de Madrid), de la historia del movimiento obrero, de sus dirigentes, de la represión franquista, etc. Teorizó sobre la memoria histórica, en la que se implicó como movimiento social colaborando con distintas asociaciones de memoria y fundando la Cátedra Complutense de Memoria Histórica del siglo XX, con la intención de tejer lazos entre el mundo académico y la sociedad civil en esta línea.
            Sin duda alguna su actividad, su actitud, su sentido del humor, sus conocimientos infinitos, han hecho de Julio Aróstegui no solo un gran investigador, un gran historiador y un gran profesor, sino también una gran persona. Para Julio la diversidad y el poder debatir de ideas de la Historia era fundamental para que pudiese avanzar la ciencia. Por lo que le traté poco cabía en él aquellos que intentaban sentar cátedra definitiva sobre cuestiones. Eso estaba reñido con la propia Historia. Igualmente combatió, desde la tribuna y su obra, a ese revisionismo histórico que se iba haciendo un hueco cada vez mayor en la academia.
            Un lustro sin Julio son muchos años. Sin embargo su legado no ha dejado de dar frutos. Los que le conocimos y aprendimos de él hemos seguido, desde la modestia, ofreciendo nuestros trabajos de investigación y nuestra docencia. Le echamos mucho de menos, pero cada vez que abrimos uno de sus libros o cada vez que publicamos un libro o un artículo, una parte de Julio está ahí. Esa es la grandeza del magisterio que ha dejado y muy pocos podrán igualarlo.

            Gracias Julio por haber existido.

jueves, 25 de enero de 2018

Prólogo de José Luis Carretero al libro "Socialismo en el siglo XIX. Del pensamiento a la organización. Raíces, origen y desarrollo del laboratorio socialista antiestatal en el siglo XIX"

Cuelgo aquí el prólogo que José Luis Carretero Miramar ha publicado en la obra Socialismo en el siglo XIX. Del pensamiento a la organización. Raíces, origen y desarrollo del laboratorio socialista antiestatal del siglo XIX de Julián Vadillo Muñoz, publicado el pasado mes de diciembre de 2017 por Queimada ediciones.

¿Cuál es el impactante hilo rojo que une, a través de más un siglo, a los ludditas, los cartistas londinenses, Babeuf y su Conspiración de los Iguales y los famosos barbudos Karl Marx y Mijail Bakunin? ¿Qué vino después de la carcajada punzante de Rabelais, la bondad plenipotenciaria de William Godwin o la armónica vida natural de los falansterios?
                Julián Vadillo nos describe en este vibrante libro el nacimiento de un fantasma, el famoso viejo topo, uno de los fundamentales movimientos de masas de los últimos siglos: el socialismo, en todas sus vertientes. La base ideológica del movimiento obrero. El discurso esencial de todos los proyectos de transformación social que han marcado las últimas centurias.
                Desde la fascinación por los avances de la industria de los saint-simonianos, al gusto  por la destrucción creativa de los bakuninistas; del Auguste Blanqui, usuario impenitente de las cárceles monárquicas y conspirador vanguardista y violento, al Humanisferio de Jospeh Dejacque, que clamaba en sus primeras páginas: “Este libro no es una obra literaria, es una obra infernal, es el clamor de un esclavo rebelde”. Vadillo, tenaz, sabio y riguroso, nos enseña cómo todas las herejías confluyeron finalmente en este pálpito masivo por la liberación humana que aún se nos aparece en nuestras plazas de ensueños y de esperanzas.
            El socialismo, que hunde sus raíces en el pensamiento utópico del Renacimiento, en los “hombres peligrosos” de la Ilustración, y en esa gran conmoción social que representó la Revolución Francesa, pistoletazo de salida de la idea misma de transformación social a gran escala, de cambio acelerado de la vida cotidiana. Lo que Vadillo nos describe es el trayecto insomne de las utopías de Tomás Moro y los escritos de Campanella, pasando por las novelas subversivas de Diderot o las diatribas ateas de Helvetius, a las gloriosas jornadas del Paris insurrecto, donde hebertistas y babuvistas abrían la senda que, al poco tiempo, transitaría el movimiento obrero revolucionario.
            La utopía, la proclama y la insurrección, se dan cita en este libro, que nos dibuja con frescura y precisión la deriva que llevó desde las ruinas desgastadas del Antiguo Régimen a las banderas rojas ondeando sobre la Comuna de París, en 1871. Esa Comuna que fue, tanto para Marx como para Bakunin, el ejemplo más acabado de democracia obrera jamás convertido en realidad.
            Un libro, además, de mi amigo Julián Vadillo. Historiador riguroso, erudito sabio e inteligente, magnífico orador (recomiendo encarecidamente a los lectores que acudan a las presentaciones en vivo de este magnífico libro) que sabe escribir para quienes escribían sus biografiados: los explotados y oprimidos, los trabajadores, los militantes, los que, en definitiva, buscan y aún no han encontrado, una salida a las injusticias y los sufrimientos que el capitalismo no ha dejado de imponernos en los últimos siglos.
            Vadillo nos narra, también, la puesta en marcha de la Asociación Internacional de los Trabajadores, la llamada Primera Internacional, donde se dieron cita proudhonianos, republicanos radicales, marxistas y bakuninistas, sindicalistas y obreros revolucionarios. Un intento frustrado por crear una gran organización transnacional del proletariado que permitiese construir un contrapoder efectivo al despliegue del naciente mercado mundial capitalista, así como impedir los vértigos geopolíticos que tantas veces han hundido los proyectos de transformación social anegándolos bajo el manto feroz del nacionalismo y la xenofobia.
            Una Internacional que acaba mal, pese a ser toda una promesa de futuro. El enfrentamiento fratricida entre marxistas y bakuninistas hará girar el futuro del socialismo hacia una historia de corrientes enfrentadas, de odios cainitas. Estos dos geniales y endiablados barbudos decimonónicos (Marx y Bakunin) marcarán para siempre con sus enormes personalidades el futuro del movimiento obrero, el largo trayecto de sus avances y retrocesos, de sus victorias y derrotas, así como de sus posibilidades y potencialidades. Su convulsa y vibrante búsqueda de nuevos horizontes de justicia social y libertad  para la especie humana.
            Esta es, pues,  la historia del nacimiento del socialismo, con un especial hincapié en su vertiente más maltratada en la historiografía: el socialismo antiautoritario y antiestatal. Pero, aunque algunos piensen otra cosa, hay algo que merece la pena dejar claro desde el principio: no es la historia de un cadáver, no es un simple rebuscar en el pasado sin intención ni pasión. El socialismo sigue ahí, aún traicionado en las siglas de partidos que ya no lo anhelan ni lo construyen, aún negado una y cien veces por los intelectuales orgánicos de un sistema profundamente autoritario y basado en la injusticia. El socialismo sigue ahí en las luchas obreras en curso en todo el mundo, en las nuevas utopías que se expanden desde proyectos de vida en común, de acción social sin intermediarios, de lucha de clases sin conciliación ni mediaciones. El socialismo se apunta aún tras la toma de fábricas recuperadas, la conformación de cooperativas honestas y coherentes (la nueva cosecha owenita), el sindicalismo autónomo y combativo, la ocupación de viviendas para la invención de nuevas formas de vida colectiva (tras el rastro, consciente o inconscientemente de fourieristas y cabetianos). El socialismo bien entendido es el sueño radiante de una humanidad que aún no ha dejado de buscarse a sí misma.
            El movimiento libertario puede, también, buscarse a sí mismo gracias a libros como este, que nos recuerdan que su génesis no está en la pulsión de la repetición o de la vuelta atrás, en las ideas reaccionarias del suelo o de la sangre, en la metafísica o en la superstición, sino en la voluntad absorbente y vital de quienes buscaban nuevos caminos, sendas inéditas, aún a riesgo de perderse entre riscos y montañas abruptas, donde la realidad se vuelve abrasadora y el mundo inhóspito para los que luchan y viven en plena insurgencia. “Se abrirán amplias avenidas”, decía Allende en su momento, “por las que transite el hombre nuevo”. Esa pulsión, precisamente: construir una forma de vida enteramente nueva, que deje atrás el horror y la injusticia del capitalismo, y la estrechez y angustia de las involuciones sociales, es la que late y palpita tras el proyecto libertario tal y como se gestó, en medio de convulsiones y luchas feroces. Abrir las amplias avenidas que permitan inventar desde el principio las nuevas formas de amarnos, trabajar y vivir en común.
            Los personajes de este libro, en su mayoría, pagaron también un alto precio por su insurgencia, por su voluntad subversiva. Esta es también una historia de cárceles, de represión, de exilios forzados, de sufrimientos. El alto precio que se paga por querer vivir más allá de lo que vive el rebaño a punto de ser trasquilado. Generaciones posteriores pagarían también un enorme tributo por ese sueño feroz de la fraternidad humana, por esa idea abrasadora de que todo puede cambiar de golpe. Y lo podemos cambiar nosotros. De que la servidumbre voluntaria no es el único camino, porque también existe la insurgencia consciente y la lucha por la justicia. Un tributo que hemos de agradecer quienes, gracias a ello, vivimos hoy en un mundo que aún no es plena distopía sino lucha abierta entre posibilidades.
            Porque este es un libro sobre gestos sublimes y grandes personajes. Hemos de recordar, con Michel Onfray y su “Política del rebelde” que:
            “Sublime es lo que supone el salto y el peligro, lo que apela a la fuerza y a la agilidad; que sublime es lo que pone en peligro y exige la sujeción de uno mismo; que sublimes son la vitalidad del artista y la dinámica de su inspiración, el torrente de la pasión y la potencia de lo que desequilibra, lo que hunde en el entusiasmo y se apodera de un cuerpo para transfigurarlo, para metamorfosearlo (…)Allí donde se prefiere las alturas a los valles, las cimas secas y abrasadoras a las húmedas anfractuosidades, allí está lo sublime. La acción, entonces, y las fuerzas que la hacen posible, es lo que da a esta mística de izquierda la potencia y la posibilidad de encarnarse en una forma libertaria.”
            La acción, pues. Ese vértigo que, desde los barrios y clubes del Paris insurrecto, marcó todo el siglo XIX y el XX en el crisol de un movimiento obrero que quería convertir en realidad los sueños y visiones de las familias más oscuras y prohibidas de los pensadores del Renacimiento y la Ilustración. Y, de fondo, tras el fragor de las generaciones de luchadores, tras sus tormentos y victorias, la carcajada de Rabelais. Para recordarnos que también existe el sentimiento de plenitud, la muy corporal descarga de la vitalidad humana cuando se siente libre.
            “Nada os debo, debéisme cuanto he escrito”, decía Machado. A Julián Vadillo le debemos este libro, que nos recuerda como la humanidad es capaz de alzar la mirada y luchar, en medio del lodazal.


            José Luis Carretero Miramar.