viernes, 2 de octubre de 2015

EL FASCISMO YA TIENE SU MUSICAL

Artículo aparecido en la edición digital del periódico Diagonal

Al final el teatro Arlequín de Madrid albergará la puesta en escena de “Mi princesa roja”, la obra que recrea la historia de amor entre José Antonio Primo de Rivera y Elisabeth Asquith Bibesco durante la Segunda República. Un musical que no solo se ciñe a esa historia sino que se convierte en una reivindicación de la figura de José Antonio Primo de Rivera, presentando al fundador de Falange como alguien que trató de evitar por todos los medios la Guerra Civil, de la que él fue víctima, y la amistad que le unía a personajes de la izquierda política republicana como Manuel Azaña o el poeta Federico García Lorca.
Una reivindicación de José Antonio bastante alejada de la realidad del propio personaje y con un toque intencionado del director Álvaro Saenz de Heredia.


Un musical con intenciones muy claras

Según el proyecto que presentó el director del musical hace unos meses, éste está estructurado en 20 canciones, si bien el proyecto mostraron tres. La primera es el fusilamiento de José Antonio. La segunda la fundación de Falange el 29 de octubre de 1933 en el Teatro de la Comedia de Madrid. Sáenz de Heredia lo denomina “el antipartido” y tan sólo se dedica a mostrar los discursos de José Antonio mientras una serie de personajes, desde militares a figuras de la derecha o la izquierda, analizan el movimiento. Entre los militares, Mola y Franco, que ven entre el excepticismo y la esperanza a los falangistas. Un análisis del texto, no deja lugar a dudas. Falangistas y militares están en sintonía para acabar con la República. Luego aparecen integrantes de organizaciones de derechas que quieren unir a los falangistas a sus luchas de calle. Y, finalmente, el análisis de la izquierda, donde aparece un Largo Caballero al que implícitamente se le acusa de ser instigador de la lucha callejera contra los falangistas. En medio de todos ellos, el autor eleva a José Antonio a salvador de la nación, un hombre mal entendido por todos. Curiosamente en el discurso que rescata de la fundación de Falange sólo cita las cuestiones relacionadas con la banca y con el “programa social” de la organización. Nada relativo a la violencia que transmitió la fundación de Falange o de sus partidas callejeras para amedrentar que condujeron al país al desastre, esa “dialéctica de los puños y las pistolas” que marcará la historia del falangismo.

Por último, aparece una nueva canción donde José Antonio se despide de la princesa Elisabeth Bisbesco, esposa del embajador rumano en Madrid y con la que Primo de Rivera tenía un romance. En esa misma imagen aparece un desdibujado García Lorca, que agradece a José Antonio su favor para una subvención a La Barraca (¿?). De forma bastante avispada, se intenta vincular a José Antonio con la intelectualidad de la época. Su supuesta relación con Lorca está extraída de los recuerdos de Gabriel Celaya, que habló de la amistad de Lorca con algunos falangistas. Según Celaya, Lorca le habría confensado que cenaba de vez en cuando con José Antonio. Se trata de consideraciones dentro de un imaginario colectivo del 'falangismo auténtico' que también vincula al fundador de Falange amistad con Azaña (al que odiaba), Ángel Pestaña o Durruti, nada más lejos de la realidad. Según el musical, José Antonio solicitó a Lorca un verso para el himno de Falange y Lorca recitó unos versos de José Martí. El poema de marras es el siguiente: “No me pongan en lo oscuro / A morir como un traidor: /¡Yo soy bueno, y como bueno / Moriré de cara al sol!”. La realidad fue que José Antonio mandó la elaboración del Cara al Sol a una serie de poetas y literatos afines a Falange como fueron José María Alfaro, Agustín de Foxá, Dioniosio Ridruejo, Pedro Mourlane Michelena, Jacinto Miquelerena, Rafael Sánchez Mazas, el Marqués de Bolarque y el músico Juan Tellería.

Queda claro por la maqueta que Primo de Rivera no es denostado por el autor de la obra. Todo lo contrario, expresa su simpatía por el fundador de Falange de forma más que evidente. José Antonio Primo de Rivera. Hijo de dictador y fundador de Falange.
Los Saenz de Heredia, el falangismo y el franquismo

El autor del musical y el personaje protagonista del mismo comparten un apellido: Sáenz de Heredia. Y es que son familia. El tío del autor del musical es José Luis Sáenz de Herendia, el cineasta, que era primo de José Antonio.

Conviene hacer un repaso entonces tanto a la figura de Álvaro Sáenz de Heredia como de su tío José Luis. Álvaro nació en Madrid en 1942 y fue uno de los fundadores en 1982 de Producciones ASH Films SA. Ha sido también productor y guionista. Entre sus películas destaca La hoz y el Martínez (1982), protagonizada por Andrés Pajares, y en la que se hace pasar por un dirigente soviético; Aquí huele a muerto (1990), El robobo de la jojoya (1992) o toda una serie de películas con Chiquito de la Calzada como protagonista (Aquí llega Condemor, el pecador de la pradera, Brácula: Condemor II o Papa piquillo). También fue director de la serie televisiva Ana y los siete protagonizada por Ana Obregón.

Pero el apellido es mucho más famoso por su tío José Luis, uno de los cineastas del franquismo. Nacido en 10 de abril de 1911, José Luis Sáenz de Heredia se inició como cineasta en el círculo de Luis Buñuel. Ya en el periodo republicano, dirigió alguna película como Patricio miró a una estrella o La hija de Juan Simón basada en la zarzuela de José María Granada.

Durante la Guerra Civil, José Luis Sáenz de Heredia apoyó a los sublevados y estuvo escondido. Con la victoria franquista se convirtió en uno de los directores de cámara de Franco. En aquellos primeros años del franquismo se desarrolló un cine militarista y aún falangista. Películas como Harka o Rojo y Negro, de Carlos Arévalo, son ejemplo de ello. Pero Sáenz de Heredia dirigió la que fue una de las películas más representativas del franquismo: Raza, de 1942. Basada en la novela de Jaime de Andrade (seudónimo de Franco) con el mismo título, fue un encargo del propio dictador. Cuenta la historia de una familia separada por la guerra, donde uno de sus integrantes es simpatizante e integrante del bando republicano: Pedro Churruca. Otros son fusilados por los republicanos, que son son presentados de la forma más negativa posible. Pedro al final se pasa al bando sublevado.

Franco quiso mostrar la propia imagen de su familia en dicha película, donde Pedro no sería otro que Ramón Franco. Raza fue toda una apoteosis del franquismo triunfante. Sus guiños al nazismo y al falangismo fueron suprimidos en una versión posterior de 1950, cuando las potencias nazis y fascistas habían sido derrotadas en Europa.

Pero Sáenz de Heredia fue director de otras películas no menos polémicas o de trato histórico deficiente. Por ejemplo, Mariona Rebull (1947), donde muestra una visión del atentado del Liceo de Barcelona de 1893 muy en la línea del franquismo, o Faustina (1957), una visión feminina del Fausto con un acentuado antisemitismo. Aunque en ningún momento se nombra a los judíos, el diablo (protagonizado por Fernando Fernán Gómez) y todos los conjuros del infierno están decorados con estrellas de David. Incluso Mefistófeles habla en la película que tiene que volver a Suez, en clara alusión al conflicto que en ese momento dirimía Egipto e Israel. El binomio comunismo y judaísmo era muy del gusto del franquismo.

Por último habría que destacar la película documental Franco, ese hombre (1964), film conmemorativo de los llamados 25 años de Paz, donde Sáenz de Heredia presenta una figura de Franco completamente idealizada y como si hubiese llegado a España por gracia divina. Muy en la línea de Raza. Estamos pues ante uno de los directores de cabecera del franquismo en España.



Una justificación histórica peculiar

El asesor histórico de “Mi princesa roja”, Ángel María García, ha justificado la aparición de este musical en con esta frase en el periódico El País: “El se desmarca del 18 de julio, era muy crítico con los militares”. Sin embargo esta frase choca frontalmente con la actitud que los integrante de Falange tuvieron en el 18 de julio de 1936 y su participación en la trama civil del golpe. La carta que José Antonio envía a los militares estando en la cárcel Modelo de Madrid, rompe con la visión que el asesor histórico del musical tiene: “Cuando lo permanente mismo peligra, ya no tenéis derecho a ser neutrales. Entonces ha sonado la hora en que vuestras armas tienen que entrar en juego para poner a salvo los valores fundamentales, sin los que es vano simulacro la disciplina. Y siempre ha sido así: la última partida es siempre la partida de las armas. A última hora –ha dicho Spengler–, siempre ha sido un pelotón de soldados el que ha salvado la civilización.”
Igualmente, Ángel Maria García habla de un José Antonio que quería una tercera España sin que se tuviese que extirminar a la otra media. Sin embargo su “dialectica de los puños y las pistolas” que remarcó la historia de Falange y de la que el propio José Antonio participó le aleja de esa imagen que se intenta dar. A lo mejor hace falta contrastar algunas fuentes para acercarnos a la realidad de José Antonio.

El teatro Arlequín. La Gran Vía

El estreno será en el teatro Arlequín, en plena Gran Vía madrileña, esquina con San Bernardo. Tal como reclamaba el director, por haber sido la Gran Vía de Madrid durante la dictadura franquista la Avenida de José Antonio. Lástima las lagunas históricas. Efectivamente fue la Avenida de José Antonio. Pero porque el franquismo así lo estableció. Antes había sido dividida en varios tramos. A medida que se iba construyendo se iban poniendo esos nombres. El primer tramo se llamo calle Eduardo Dato, el segundo Pi i Margall y el tercero Conde de Peñalver. Así se mantuvo durante la República. Durante la Guerra Civil los tramos de Dato y de Conde de Peñalver se pasaron a denominar Avenida de la Unión Soviética. El franquismo instituyó que esa calle fuese la Avenida de José Antonio, manteniendo esa denominación hasta 1981 en la que Tierno Galván recupero el nombre de Gran Vía de Madrid.


 El fascismo tiene un musical. Lo van a poder representar. Se sigue mostrando la impunidad.

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