miércoles, 13 de diciembre de 2017

La autogestión y el socialismo. El majnovismo en la Revolución rusa

Siguiendo con los artículos relacionados con la Revolución rusa, cuelgo aquí el publicado en el último número de la revista Libre Pensamiento sobre el majnovismo, una de las oportunidades del anarquismo organizado durante el periodo revolucionario.

Aunque suene a tópico, la historia la escribe quien gana. Y la Revolución rusa que estalló en 1917 tuvo varios triunfadores que, en definitiva, introdujeron su impronta y su visión de la historia. En ese caso, aunque con partes reales, la historia se deforma, se cae en olvidos intencionados y en conclusiones que tienen mucho más de político que de histórico.
            En la Revolución rusa hubo dos triunfadores. Por una parte los bolcheviques que en octubre de 1917 se hicieron con el poder y desde ese momento marcaron una línea histórica que en muchos autores roza la hagiografía. Por otra parte la historia liberal, opositora frontal al bolchevismo, y que rescato una parte de la historia de la Revolución rusa con la clara misión de hacer de detractores ante el acontecimiento histórico.
            El anarquismo fue uno de los movimientos derrotados en la revolución y al mismo tiempo olvidado por la historia o bien criminalizado ante la misma. Parte de la historiografía comunista habló del anarquismo, pero para considerar que sus teorías fueron superadas por el bolchevismo y para poner a algunos de sus militantes como enemigos del proceso revolucionario que, para este modo de entender la historia, solo fue capitaneado por los comunistas. Frente a esta corriente historiográfica también hubo otra que directamente condenó al ostracismo al movimiento anarquista.
            Sin embargo, cuando nos acercamos a la fuentes primarias y secundarias del movimiento libertario ruso, leemos las memorias de algunos de sus protagonistas, nos damos cuenta que el anarquismo no solo no fue marginal sino que fue una de las ideologías y movimientos que dinamizaron el proceso revolucionario ruso desde sus orígenes en el siglo XIX y que participó de forma activa y decidida en el Comité Revolucionario de octubre de 1917 que derrocó al gobierno provisional de Kerensky. El anarquismo tuvo una posición concreta de cómo tenía que ser el proceso revolucionario, se opuso al modelo bolchevique de dictadura de partido haciendo un llamamiento desde 1918 a la llamada “tercera revolución”, tras la de febrero y la de octubre de 1917. El movimiento anarquista se convirtió en una alternativa al poder comunista, en medio de una guerra civil en Rusia que llevó al propio anarquismo en muchas ocasiones a postergar debates fundamentales en la revolución con la idea de vencer a los blancos y fuerzas contrarrevolucionarias.
            Y a pesar de ello el anarquismo tuvo algunos escenarios y oportunidades donde poder plantear esa alternativa al régimen comunista. En Ucrania se dio una de esas circunstancias y tuvo a Néstor Majnó y al Ejército Insurreccional Majnovista como uno de los ejemplos más acabados de esa alternativa de modelo revolucionario. Sin embargo su derrota significó su olvido o su deformación.

Majnó y la revolución

            Las imágenes que nos ha legado de la historia de Néstor Majnó es la de un personaje osco, serio y que comandaba una partida de guerrilleros campesinos que se dedicaron al aventurerismo en la Ucrania oriental. Alexei Tolstoi, pariente de León Tolstoi, en la obra Mañana sombría, como una de las obras narrativas oficiales de la Guerra Civil rusa, muestra a un Néstor Majnó asesinando a gente en Gulai Polé, su pueblo natal. La propaganda contemporánea de la guerra y posterior le mostró como un antisemita que desarrolló el terror hasta la llegada del Ejército Rojo. Para la historiografía liberal, Majnó, en caso de aparecer, no dejaba de ser un aventurero o un “atamán” que sembraba el caos allí por donde pasaba.
            Sin embargo la historia de Néstor Majnó fue muy otra a la que la se nos ha legado. Nacido en la población de Gulai Polé el 27 de octubre de 1889, Majnó era hijo de una familia de campesinos pobres, que con la revolución de 1905 adquirió conciencia revolucionaria y se adhirió al grupo anarquista comunista de su población. Su participación en el proceso revolucionario le llevó a la cárcel y a ser condenado a muerte, pena que se conmutó y logró salir de prisión tras la amnistía decretada tras la caída del Zar en la revolución de febrero de 1917. En prisión, Majnó había conocido de forma más firme los ideales anarquistas, al tener contacto con personajes como Piotr Archinov, que había pasado del bolchevismo al anarquismo.
            El regreso de Majnó a Ucrania le sirve para comprobar in situ el desarrollo de la revolución y participar activamente en la fundación de las estructuras revolucionarias en su región. Majnó fundó en la primavera de 1917 la Unión Profesional de Obreros Agrícolas, la comuna libre y el soviet de Gulai Polé, que el mismo presidió. El triunfo de la revolución de octubre de 1917 aceleró el proceso y la firma del Tratado de Brest Litovsk entre el gobierno bolchevique y el las potencias centrales, hizo que Majnó se opusiese al mismo y organizase el Comité Revolucionario de Gulai Polé ante la más que previsible invasión proalemana.     
            Tras la entrevista que Majnó tuvo en Moscú con Yakov Sverdlov y Vladimir Ilich Ulianov “Lenin”, de la que no regresó muy satisfecho, regresó a Ucrania y comenzó a dar forma a su ejército guerrillero que pronto se convirtió en el Ejército Insurreccional de campesinos de la región libre que dominaba.
            El majnovismo pronto hizo frente a los invasores proalemanas, a los nacionalistas de Simón Petlura, que había establecido su contingente en la capital, Kiev, y contra las fuerzas del Ejército Blanco, entre otros muchos actores de la Guerra Civil ucraniana. Tal como Majnó había planteado a Lenin en su entrevista, el movimiento revolucionario ucraniano era mayoritariamente socialista revolucionario y anarquista, pues los bolcheviques no tenían apenas influencia en la zona. Sin embargo, la intervención del recién creado Ejército Rojo sirvió como base de apoyo a las fuerzas revolucionarias ucranianas, incluidas las majnovistas. Hasta en tres ocasiones las fuerzas majnovistas llegaron a acuerdos con los comunistas para derrotar a las fuerzas blancas, nacionalistas o aventureros. Pero en todas las ocasiones, tras los objetivos, se rompía hostilidades entre ambas fuerzas al defender modelos revolucionarios distintos.
            El ejército que comandó Majnó, de raíz campesina, no dejaba de ser una fuerza creada para combatir en la Guerra Civil. Una parte programática de ese ejército era la defensa de la zona libre de Ucrania, ubicada en el este del país, donde se comenzó a desarrollar un modelo económico, político y social diferente, basado en la autogestión, en la horizontalidad y en la creación de un modelo social entorno a las ideas libertarias. Aunque el Ejército de Majnó defendió ese modelo nunca intervino como tal en el desarrollo de la sociedad antiautoritaria que defendía. Numerosas colectividades agrarias surgieron en esa zona libre, así como experiencias educativas basadas en el modelo ferreriano de escuelas. El Comité Revolucionario de Gulai Polé era completamente independiente del Estado Mayor Majnovista.
            El debate que se generó entorno al majnovismo era si se podía considerar un movimiento anarquista o no. Anatol Gorelik consideraba que era un movimiento de las masas laboriosas pero que no era propiamente anarquista, a pesar de que los anarquistas defendieran el modelo desarrollado. Pero a pesar de las consideraciones a nivel ideológico de Gorelik, lo cierto es que la base general de la zona majnovista era anarquista así como la gran cantidad de sus adherentes, tanto en el ejército como en el desarrollo de la sociedad en su área de influencia (Majnó, Archinov, Taranovsky, Belash, Karetnik, Rybin, etc). Igualmente, junto al majnovismo, se estableció en Ucrania la Confederación de Organizaciones Anarquistas “Nabat”, que fue el intento más acabado de articular una organización general de anarquistas y que tuvo contactos y apoyo con los majnovistas, pero que eran movimientos independientes. Estas cuestiones muestran la complejidad del movimiento en Ucrania.
            Lo cierto fue que Majnó defendió hasta sus últimas consecuencias el modelo organizativo creado. En el último pacto con los bolcheviques llegó a incluso a proponer una claúsula política por la cual, el gobierno soviético Moscú respetara las zonas de influencia del majnovismo y el majnovismo respetaría la implantación del modelo comunista en el resto del territorio. Una proposición que no fue refrendada ni aprobada por el gobierno de Lenin.
            Igualmente es imposible entender la victoria revolucionario sobre los ejércitos blancos y otros agentes sin la intervención del Ejército Insurreccional Majnovista. La expulsión de los proalemanes de Skoropadsky, la derrota de Denikin y Wrangel, la de los nacionalistas de Petlura, el aniquilamiento de las bandas aventureras de Nikifor Grigoriev, etc, tienen a los majnovistas como agentes protagonistas. De ahí hay que entender también la búsqueda de pactos con el Ejército Rojo.
            Sin embargo, cuando las fuerzas contrarrevolucionarias estaban vencidas a la altura de 1921, el gobierno comunista comenzó una tarea de persecución contra las unidades del majnovismo. Sus estructuras revolucionarias fueron desmanteladas, sus integrantes perseguidos, encarcelados o asesinados por la Cheká, y gran parte de sus dirigentes más destacados partieron al exilio cuando no fueron purgados y asesinados. El propio Majnó alcanzó la frontera rumana, pasó a Polonia donde fue detenido y juzgado eludiendo responsabilidades y marchándose a París donde moriría en 1934. Sobre el majnovismo cayó entonces el ostracismo y el olvido.

Consideraciones sobre el majnovismo

            Si algún movimiento estuvo cerca de poder plantear, con una base más sólida, una alternativa al gobierno comunista, ese fue el majnovismo. No es justo incluir a Majnó y su movimiento en las revueltas campesinas que entre 1919 y 1922 se desarrollaron en Rusia. Lo de Majnó no fue una revuelta al uso como pudo ser la liderada por Antonov en la región de Tambov. Majnó tenía una idea de la revolución, un modelo de sociedad distinta que llevó a la práctica y que chocó con el orden establecido. Los campesinos majnovistas no actuaron exclusivamente en contra del comunismo de guerra porque ellos realizaron tareas de colectivización y autogestión. De ahí que tanto el majnovismo como la rebelión de los marinos de Kronstadt en febrero de 1921 fuesen tomadas por las autoridades bolcheviques como movimientos alternativos serios al modelo revolucionario en el gobierno.
            La derrota de Majnó y su ejército significó pasar al ostracismo de la historia o a la deformación de su  movimiento. Volin, uno de los historiadores más reconocidos de la Revolución rusa desde la perspectiva anarquista, siempre achacó a Majnó un exceso de autoritarismo y una falta de formación al movimiento que conformó. Pero todos coinciden en plantear que las zonas de influencia de majnovista era, hasta ese momento, el modelo revolucionario más cercano a las posiciones anarquistas que había existido, haciéndose eco de la propia Comuna de París de 1871.
            Para el anarquismo ruso en su conjunto, la derrota que habían sufrido en la revolución era un elemento a analizar. Y es algo que hicieron en el exilio y que sirvió para plantear, aun más, las diferencias existentes entre el propio movimiento anarquista ruso. La falta de una organización de coordinación fue el elemento en el que coincidieron todos. Pero que modelo de organización desarrollar fue lo que les separó. El “plataformismo” de Archinov, y apoyado en un primer momento por Majnó, se tornó en un nuevo fracaso para el historiador del majnovismo, que decidió volver a la URSS en 1932 y desapareció en medio de las purgas del estalinismo en 1937.
            Lo que pudo ser una oportunidad para el anarquismo se tornó en una tragedia por su final. A pesar de las memorias escritas, de los libros de Archinov y Volin, de las propias memorias de Majnó, el movimiento majnovista es hoy poco conocido. La peculiaridad de que en España la Revolución rusa no haya sido objeto de estudio por los historiadores hace que esa parte de la misma esté por hacer. 

viernes, 10 de noviembre de 2017

EL IMPACTO DE LA REVOLUCIÓN RUSA EN ESPAÑA

Siguiendo con la serie de artículos en relación con la revolución rusa colgamos en este blog el artículo publicado en la edición en papel de El Salto y ampliado en la web de El Salto diario.

El desarrollo revolucionario ruso no solo quedó circunscrito a sus fronteras. Sin embargo, el “proletarios de todos los países, uníos”, lema histórico del socialismo, se tornó en nuevas escisiones entre los partidarios del modelo soviético y los críticos con el mismo, naciendo los partidos comunistas en diferentes lugares. España no fue la excepción a este asunto.
            Cuando los acontecimientos de febrero y octubre se desarrollan en Rusia, España vivía una ola de crisis política, económica y social acompañado de una movilización obrera. En diciembre de 1916 las centrales sindicales UGT y CNT han llegado por primera vez a acuerdos. La primavera de 1917 fue agitada con movilizaciones de trabajadores en distintos sectores que desembocó en agosto de 1917 con la declaración de una huelga general revolucionaria que acabó con la represión de sus integrantes, el encarcelamiento del comité de huelga y la suspensión de las libertades de reunión y prensa. El telón de fondo de la Revolución rusa se dejaba sentir en los periódicos Solidaridad Obrera y El Socialista.
            El triunfo de octubre en Rusia levantó esperanzas en el obrerismo español. Los congresos del PSOE y de la CNT mostraron interés por los sucesos de Rusia. El PSOE era partidario de la fusión de la II Internacional (a la que pertenecían) con la III nacida de las jornadas revolucionarias rusas. La CNT, en su congreso de 1919 se adhirió de forma unilateral a las nuevas estructuras internacionales revolucionarias con la defensa del comunismo libertario como bandera. Pero ya antes, en congresos de sectores claves como el agrario, los libertarios habían mostrado su adhesión a los principios emanados de la revolución rusa.
            Los anarquistas hicieron de la revolución de octubre una bandera de defensa, sin saber en muchas cuestiones que estaba sucediendo realmente en Rusia. El periódico Tierra y Libertad llegó a decir en sus páginas que en Rusia había triunfado la anarquía. Como Manuel Buenacasa expuso en los artículos que en esas fechas escribió para Solidaridad Obrera así como años después en sus reflexiones históricas en el libro El movimiento obrero español, 1886-1926, a los bolcheviques se les confundía con los propios anarquistas y se veían en ellos la esperanza de una sociedad nueva que había que exportar lo antes posible al territorio español.
            Sin embargo, las delegaciones que los dos organismos obreros más importantes de España mandaron a los congresos de la Komintern (III Internacional) variaron la posición de los organismos socialistas y anarquistas. El informe que Ángel Pestaña elaboró para la CNT así como el elaborado por el francés Gastón Leval en el congreso de la Profintern (Internacional Sindical Roja) revocó el acuerdo de adhesión de los libertarios a las estructuras comunistas y su adhesión a la renacida AIT en Berlín en 1922. Aunque hay que decir que con anterioridad personajes como Eleuterio Quintanilla ya había mostrado sus reticencias ante el significado de la toma del poder de los bolcheviques, la decisión final de la CNT estuvo motiva por estas visitas e informes. El propio Buenacasa reconoció el error al que le habían inducido la propia revolución y que aquellos que fueron críticos con los bolcheviques estaban en lo cierto desde el inicio. Aun así, los libros escritos por Pestaña posteriormente (70 días en Rusia. Lo que yo vi y 70 días en Rusia. Lo que yo pienso) seguía manteniendo por parte del anarcosindicalismo un apoyo a lo que era en sí la revolución rusa, como fenómeno popular, pero una oposición frontal a la dictadura impuesta por los comunistas.
             Solo un sector encabezado por Andreu Nin, Joaquín Maurín e Hilario Arlandis se declaró pro-bolchevique y acabaron saliendo de la CNT fundado sus propias estructuras comunistas, la Federación Comunista Catalano-Balear ya en 1924. Antes de ello, y siguiendo las propias consignas que dieron en Moscú, formaron los llamados Comités Sindicalistas Revolucionarios que intentaron inclinar, sin éxito, a la CNT hacía las posturas bolcheviques. Y a pesar del apoyo que estos personajes dieron a los bolcheviques, intentaron trasmitir en el congreso de la Profintern que en España las estructuras de partido no tenían aceptación entre la clase obrera y que era el sindicalismo lo que había que hacer girar hacia las posiciones comunistas. Además, el propio Arlandis, de pasado anarquista, tuvo un enfrentamiento directo con Trotsky. De todos ellos fue Nin quien más se adhirió a los principios comunistas y se estableció en Rusia hasta 1930 colaborando con diversos organismos comunistas. Estos personajes fueron claves durante la Segunda República como organizadores de estructuras marxistas no adheridas al estalinismo como fue el Bloque Obrero y Campesino (BOC) de Maurín, la Izquierda Comunista de España (ICE) de Nin y la unión posterior en el Partido Obrero de Unificación Marxista (POUM) en 1935. Tal fue el enfrentamiento que llegaron estos grupos que Nin fue asesinado en plena Guerra Civil por agentes estalinistas en 1937.
            Mi viaje a la Rusia sovietista y la de Daniel Anguiano, partidario de la inclusión del PSOE en la Komintern. En su libro, De los Ríos hizo una valoración de la Rusia de Lenin y mostró la falta de libertades que se vivía, así como las carestías. Al igual que los libros de Pestaña, fueron fuentes directas de análisis, en este caso desde la perspectiva del socialismo reformista y democrático, de la Revolución rusa desde la izquierda.
Por su parte, el PSOE acudió a los congresos de la Komintern volviendo con dos opiniones diferentes. La de Fernando de los Ríos, crítico con el modelo soviético y plasmado en su libro
            El congreso del PSOE en abril de 1921 dio una victoria por estrecho margen a los partidarios de no adherirse a la Komintern, provocando una escisión con el nacimiento del Partido Comunista Obrero Español (PCOE). Antes, las Juventudes Socialistas habían tenido una escisión que dio origen en 1920 al nacimiento del Partido Comunista Español (conocido como “el partido de los 100 niños”). A instancias de la propia Internacional, ambos organismos se fusionaron naciendo en noviembre de 1921 el Partido Comunista de España (PCE), cuya influencia en el obrerismo español fue escasa hasta los prolegómenos de la Guerra Civil. Aun así personajes de primera hora del socialismo como Ramón Lamoneda, Facundo Perezagua (uno de los dirigentes socialistas y de la UGT de primera hora en el País Vasco), Antonio García Quejido (fundador de la UGT), etc., acabaran en las filas del comunismo. Algunos de ellos, como Lamoneda, acabarían retornando al PSOE. 

martes, 31 de octubre de 2017

Ideología y movimientos para una revolución

 Aunque las fronteras son difusas y no se puede hablar, en ningún caso, de bloques estancos y monolíticos de pensamientos y organizaciones, aquí estarían a grandes rasgos las ideologías y los movimientos políticos que dinamizaron la Revolución rusa.

La Revolución rusa no es un acontecimiento que se pueda medir en parámetros de compartimento estanco con ideología y grupos perfectamente definidos. Muy por el contrario, como cualquier acontecimiento histórico, su desenvolvimiento fue poroso y diverso. Aun así si hubo organizaciones, ideas y partidos que dinamizaron el proceso revolucionario ruso. Aquí se presenta las principales de las que se más se habla.

Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia
  
Fundado en 1898, seguidor del ideario marxista que había partido desde Georgi Plejanov, en 1903 el partido se dividió en dos grandes facciones: los bolcheviques (mayoritarios) encabezados por Lenin y los mencheviques (minoritarios) con la figura de Yuli Martov. Sus grandes diferencias eran los métodos de acceso de al poder y las estrategias. Por ejemplo en su visión de los soviets, donde los bolcheviques fueron muy críticos con estos organismos obreros hasta 1908 y, sobre todo, hasta el estallido revolucionario de 1917. En 1912 la facción bolchevique se constituye como partido.
            Con la revolución de 1917, y aunque los mencheviques estaban mejor organizados, los bolcheviques lograron hacerse con importantes cuotas de poder, arrastrando hacia su influencia a muchas personalidades (como Trotsky), convirtiéndose en el grupo más dinámico en el asalto al poder de octubre de 1917.
           
Los métodos del bolchevismo en el poder le hicieron laminar cualquier intento de oposición a su política, incluido a los propios mencheviques, hasta el establecimiento de una dictadura de partido único representada por el naciente Partido Comunista.

Partido Socialista Revolucionario

           
Heredero de las tradiciones populistas del siglo XIX representadas por Narodnaïa Volia, el Partido Socialista Revolucionario nació en 1900 con una importante diversidad de estrategia, desde la agitación obrera hasta el asalto a las instituciones pasando por su Organización de Combate que fue protagonista de numerosos atentados terroristas que acabaron con la vida de personalidades importantes del régimen zarista.
            Sin olvidar al obrero industrial, los socialistas revolucionarios encontraron en el campesino la base de su fuerza para el desarrollo de su programa agrario. Aquí radica una de las diferencias entre la facción eserista (o socialistas revolucionarios de derechas) que consideraba una expropiación paulatina a los SR de izquierda partidarios de un programa máximo. De hecho, una parte del socialismo revolucionario constituyó el movimiento maximalista que acabó en las filas de los campesinos anarquistas. Otros optaron por posiciones más moderadas y de sus filas nació el Partido Trudovique, del que Kerensky fue su mayor representante.
Entre sus líderes habría que destacar a Víctor Chernov (entre los eseristas) o María Spiridinova entre los SR de izquierda.

Anarquistas

            Con importante desarrollo desde finales del siglo XIX, los anarquistas rusos encontraron base en diversas poblaciones rusas restando influencia a sus rivales socialdemócratas y socialistas revolucionarios. De importancia en la revolución de 1905 en Bialystok, Krinki, Moscú y San Petersburgo, los debates de los anarquistas hasta la revolución de 1917 circularon entre las estrategia terrorista en pequeño grupos y minoritarios hasta los grandes debates entre los que pretendía una organización anarquista de grupos o los que pretendían el desarrollo del anarquismo a partir del sindicalismo revolucionario.
           
Su influencia fue creciendo a lo largo de 1917 hasta convertirse, según el comunista francés Jacques Sadoul, en el grupo político mejor organizado a la izquierda de los bolcheviques. Tuvieron acciones destacadas en Kronstadt, Petrogrado, Moscú y zonas de Ucrania, donde su influencia llegó a ser hegemónica, llegando a experiencias autogestionarias en contraposición al modelo revolucionario bolchevique.
            Sus organismos, periódicos y actividades fueron reprimidos por las autoridades comunistas. Entre sus figuras más importantes destacan Volin (Vsevolod Mijailovich Eichembaum), Georgi Maximov, Néstor Majnó, Daniil Novomirsky, Piotr Archinov, Emma Goldman, Alexander Berkman o Efim Yarchuk, entre otros muchos.

Otros grupos políticos

            El mapa no se acaba en estas tres grandes corrientes. A la izquierda también actuaron grupos moderados como el Partido Trudovique (laboralista), nacido de las filas del PSR tras el fracaso de la revolución de 1905 y donde estaba integrado Alexander Kerensky, que llegó a acuerdos con los socialistas revolucionarios en el gobierno y en los soviets. Los socialdemócratas tuvieron otros grupos además de lo bolcheviques y los mencheviques, como los Socialdemócratas Internacionalistas de Novaya Zhin (Nueva Vida) o Yedinsvo (Unidad), grupo seguidor de Plejanov. Incluso los propios mencheviques estaban divididos entre mencheviques internacionalistas de Martov y mencheviques simplemente. Habría que unir grupos como el Bund, partido de los judíos socialistas, o el Partido Socialista Polaco, de influencia en las zonas que el Imperio ruso tenía en Polonia.
            Los liberales se encuadraron de forma mayoritaria en el Partido Constitucional Demócrata o Kadete (acrónimo en ruso), cuyas políticas fracasaron con la caída de Lvov y Miliukov frente a Kerensky.
            Los monárquicos también jugaron sus cartas, desde las posiciones liberales hasta el Partido Octubrista (nacido en 1905) con los intentos de conciliación del zarismo y una apertura liberalizante. Su fracaso fue la propia caída del Zar en marzo de 1917.
            También existieron grupos de extrema derecha y con una fuerte base antisemita que como las Centurias Negras, actuaron desde inicios del siglo XX contra las fuerzas revolucionarias y la población judía. Su influencia desapareció con el avance de las fuerzas revolucionarias.

miércoles, 25 de octubre de 2017

Cronología de una revolución

Segunda entrega de la serie de textos sobre el centenario de la Revolución rusa. Aquí algunas de las fechas más representativas del proceso en un concepto más amplio de tiempo (1905-1924). Son algunos hitos entre muchos otros de igual importancia.

1905: Primer asalto revolucionario

9 de enero: Manifestación del “Domingo Sangriento”. Las peticiones de mejora son recibidas con una dura represión por las fuerzas del Zar en san Petersburgo.
Febrero: Fundación del primer soviet en San Petersburgo con la presidencia del socialista-revolucionario Georgi Nossar (Jrustalev)
Junio: Sublevación de los marinos del Acorazado Potiomkim
Octubre: Fundación del Partido Constitucional Demócrata (Kadete) y del Manifiesto de Octubre (octubristas) del Zar.

1906: Reflujo de la revolución. Intentos fallidos de liberalización del régimen

Abril: Inauguración de la primera Duma (Parlamento), que fue disuelta poco después.

1907-1916: Paulatina conservadurización. Aperturas y cierres de Duma, que cada vez son más conservadoras y sin representación obrera. Participación rusa en la Primera Guerra Mundial.

1917: Estallido revolucionario

Febrero: Manifestaciones obreras por la mejora de las condiciones de vida y contra la guerra. El 23 de febrero manifestación por el Día de la Mujer Trabajadora. Descomposición del régimen. Desarrollo del soviet en Petrogrado.
2 de marzo: Abdicación del Zar. El gran-duque Miguel rechaza el trono. Rusia se convierte en República bajo un gobierno provisional encabezado por el príncipe Lvov. Mayoría menchevique en el soviet de Petrogrado.
Abril: Lenin vuelve a Rusia y proclama sus Tesis de abril
Mayo-Junio: Más de 700 soviets se establecen por toda Rusia. Convocatoria del Primer Congreso de los Soviets de todas las Rusias. Poder dual en Rusia: Gobierno provisional vs Soviets. A finales de junio Lenin vuelve a salir de Rusia.
Julio: Kerensky presidente del gobierno provisional
Agosto: Golpe de Estado fracasado de Lavr Kornílov. Oposición al mismo de bolcheviques, socialistas-revolucionarios de izquierda y anarquistas.
Septiembre: Trotsky, convertido en bolchevique, toma el control del soviet de Petrogrado. Los bolcheviques se muestran dispuestos a tomar el poder.
Octubre: Formación del Comité Militar Revolucionario con composición bolchevique, socialista-revolucionaria de izquierda y anarquista. Asalto al Palacio de Invierno. Lenin presidente. Intento fallido de Kerensky de recuperar el poder
Diciembre: Armisticio con Alemania y Austria. Inicios de las negociaciones en Brest-Litovsk. Fundación de la Cheka (Comisión Extraordinaria o policía política). Comienzo del “divorcio” con socialistas-revolucionarios de izquierdas y anarquistas.

1918: Comienzo de la Guerra Civil. Comienzo de la represión contra otras fuerzas revolucionarias

Enero: Clausura de la Asamblea Constituyente rusa por el anarquista de Kronstadt Anatoly Zhelezniakov.
Marzo: Firma del Tratado de Brest-Litovsk. Rusia pierde 1/3 de su territorio. Oposición al mismo de otras fuerzas revolucionarias
Marzo-Abril: Conformación de los Ejércitos Blancos. Desarrollo de la majnovchina (movimiento campesino de Néstor Majnó) en Ucrania como vía anarquista de la revolución.
Mayo-julio: Insurrecciones en el interior de socialitas-revolucionarios de izquierdas y anarquistas que termina con una fuerte represión por parte de los bolcheviques.
Agosto: La socialista revolucionaria Fanny Kaplan intenta asesinar a Lenin. Reunión de la Confederación Anarcosindicalista Panrusa en Moscú.

1919: Refuerzo del poder bolchevique. Durante este año se conforman los frentes en Ucrania y en el Este del país en la Guerra Civil

Febrero: Desarrollo del Ejército Insurreccional Majnovista y acuerdos militares con los bolcheviques en Ucrania. Primeros enfrentamientos entre ambas fuerzas.
Marzo: El Partido Bolchevique pasa a denominarse Partido Comunista. Fundación de la Tercera Internacional o Komintern. Origen de la formación de los partidos comunistas en el mundo.

1920: Los bolcheviques van ganando la guerra. Los Ejércitos blancos se van retirando y las fuerzas opositoras al bolchevismo desde la izquierda son reprimidas

Otoño-invierno: Huelgas y movilizaciones en Petrogrado. Levantamientos campesinos y diversas revueltas contra el comunismo de guerra del gobierno en Siberia, Tiumen, Cheliabinsk, Oremburg y Omsk. Destaca la revuelta de Tambov de Alexandr Antonov (socialista-revolucionario)

1921: Consolidación del poder y de la dictadura de partido

Febrero: Muerte de Kropotkin. Revuelta de los marinos de Kronstadt contra la política bolchevique. Asalto y represión del gobierno contra los revolucionario de Kronstadt.
Marzo: Celebración del X Congreso del Partido Comunista. Se vislumbra la NEP (Nueva Política Económica) como medida contra el comunismo de guerra.
Abril-Julio: Conformación de los partidos comunistas en diversos países. Ruptura de los comunistas con las otras tendencias revolucionarias (socialistas y anarquistas). Congreso de la Profintern (Internacional Sindical Roja) y protestas por la represión a los anarquistas rusos. Salida de Rusia de los anarquistas Volin y Maximov, entre otros. Estabilización de la dictadura de partido único.

30 de abril de 1922: Creación de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviética (URSS)
24 de junio de 1922: Ejecución de Alexandr Antonov, líder de la revuelta de Tambov.

21 de enero de 1924: Muerte de Vladimir Ilich Ulianov “Lenin”

miércoles, 11 de octubre de 2017

BORIS SÁVINKOV Y SUS “MEMORIAS DE UN TERRORISTA”

Inauguramos una serie de artículos sobre la Revolución rusa en estos meses de octubre y noviembre con motivo del centenario

Era evidente que el centenario de la Revolución rusa de 1917 iba a generar una literatura alrededor del acontecimiento. Y aunque, quizá, el volumen de libros no ha sido el esperado, es verdad que en España se han publicado algunas novedades que han marcado interés y, sobre todo, aportaciones nuevas al proceso revolucionario que como dijo John Reed “estremeció al mundo”.
            Uno de esos libros editados se lo debemos a las editoriales Edición Única y La Cotali de Barcelona con la edición de la obra Memorias de un terrorista (“Воспоминания террориста”) de Boris Sávinkov y presentado por Falconetti Peña. Una obra que se conoció en la España de la década de 1930 y cuya traducción corrió a cargo de Andrés Nin, fundador de la ICE (Izquierda Comunista de España) y posteriormente del POUM (Partido Obrero de Unificación Marxista). La traducción que Nin hizo para editorial Cenit es la que se rescata aquí. Y no fue la única traducción que Nin hizo del ruso, idioma que domina a la perfección tras su estancia de varios años en Rusia.
            Las memorias de Sávinkov rescatan una parte de la historia de la Revolución de 1905 y sus consecuencias poco conocida para los lectores en España. En esos esquemas simplistas y, en muchas ocasiones, binarios que tenemos de la revolución rusa, pasamos por alto la importancia que en la misma tuvo el Partido Socialista Revolucionario (PSR) que fue, con diferencia, la organización mayoritaria entre los trabajadores rusos. Y lo interesante del PSR es la complejidad de sus estructuras y las variables políticas que ofreció en aquellos años. Desde la participación parlamentaria hasta las acciones terroristas, el PSR mantuvo un pulso frontal contra el zarismo y fue uno de los agentes protagonistas principales en el proceso revolucionario. Aun hoy ese PSR es algo por investigar en ese contexto.
            Sávinkov fue uno de esos integrantes del PSR que considero que la vía terrorista era la válida para derrotar al zarismo. Y para ello el PSR conformó su Organización de Combate, que compuesta de por diversas personas acometió una serie de atentados en Rusia con el objetivo de desestabilizar al régimen zarista y provocar un movimiento revolucionario a mayor escala.
            En estas memorias, Sávinkov nos muestra con todo lujo de detalles algunas de esas acciones, como los atentados contra Viacheslav von Plehve, Ministro del Interior, el gran duque Sergei o el asesinato de Georgi Gapon, pope que había encabezado las movilizaciones contra el zarismo en enero de 1905, que contó con las simpatía de los socialistas revolucionarios y que finalmente se reveló como un confidente de la policía.
            Junto a los importantes detalles que Sávinkov nos muestra, como protagonista de los sucesos, hay que destacar algunas cuestiones de esta obra.
            En primer lugar la psicología del terrorista. Sávinkov presenta a todos los integrantes de su Organización de Combate como gente que daría su vida por la revolución y por las acciones terroristas. Para ellos la extensión del terror era el punto nodal de la estrategia revolucionaria combinada con otros factores como la participación parlamentaria. Algunos de los protagonistas del libro se muestran entusiastas y fanáticos respecto a la violencia terrorista y ven en la muerte la liberación de su cometido. No deja de ser llamativa la misión que nos ofrece Sávinkov del terrorista, donde incluso ellos mismo se autodenominan “terroristas”.
            En segundo lugar nos muestra que el origen social y la extracción de muchos de estos personajes no eran, precisamente, de la clase obrera. Mucho de los integrantes de la Organización de Combate del PSR procedían de las capas acomodadas de la sociedad que se comenzaron a sentir incómodas en su contexto y se lanzaron a un enfrentamiento frontal contra las instituciones zaristas. Esto es importante en tanto en cuenta la clase obrera si estaba estructurada en otros movimientos y gran parte de ellos no contemplaban la estrategia terrorista como efectiva contra el zarismo. En esa época se comenzó a desarrollar el movimiento de los soviets y también del sindicalismo revolucionario que veía en la concienciación y la organización de masas el mejor exponente de la lucha contra la injusticia.
            En tercer lugar, el libro de Sávinkov nos sirve para desmitificar uno de esos lugares comunes de la historia. La estrategia terrorista en Rusia estaba mantenida por los socialistas revolucionarios. Las historiografías que ponen en esa estrategia al anarquismo ruso se equivocan. Los anarquistas rusos en esa época debatían sobre su propia estrategia y si bien había algunos grupos que contemplaba el atentado terrorista, mayoritariamente se inclinaron por la organización obrera o por la ocupación directa de tierras. El terror fue defendido por algunos grupos como Beznachalie en San Petersburgo, donde incluso se pone en tela de juicio su propia ideología anarquista. Es por ello que los grandes atentados contra la autoridad en Rusia fueron ejecutados por los socialistas revolucionarios, herederos de Narodnaïa Volia (que ya había ejecutado al zar Alejandro II en 1881), y que extendieron en el tiempo hasta prácticamente las vísperas de la Primera Guerra Mundial. Incluso tuvieron un resurgir posterior a la revolución de 1917 con el atentado que la socialista revolucionaria Fanny Kaplan perpetró contra Lenin en 1918 y cuya pistola fue facilitada por el mismo Sávinkov.
            En cuarto lugar hay que destacar que la Organización de Combate del PSR así como el mismo PSR fue una organización expuesta a la infiltración policial en todo momento. A lo largo del libro Sávinkov nos muestra a varios confidentes policiales que fueron juzgados por los propios socialistas revolucionarios (Gapon, Tatarov, Azev, etc.). Una cuestión que ha sido transversal a toda la historia del terrorismo y sus organizaciones.
            No puedo finalizar este pequeño comentario sin hablar del autor del texto, Boris Sávinkov. Socialista revolucionario de primera hora, dirigente de la Organización de Combate, con el paso del tiempo Sávinkov fue cambiando de ideas hasta convertirse durante el proceso de 1917 en un adversario de la revolución. Sávinkov participó de la organización del golpe de Estado de Kornilov en agosto de 1917 y facilitó las armas a Fanny Kaplan para el atentado contra Lenin en 1918, como se ha reseñado más arriba. Tras sus escarceos en el exilio con rusos blancos y su simpatía por el fascismo, volvió a Rusia donde es juzgado y condenado a muerte, aunque se le conmuta la pena a 10 años de prisión para morir en extrañas circunstancias en mayo de 1925.
            Hay que decir que Sávinkov no solo escribió estas memorias de sus actividades entre 1905 y 1909. A ellas hay que unir su novela autobiográfica El caballo amarillo (Конь бледный) y alguna obra más. Recientemente se ha publicado un cómic de su vida con el título Muerte al Zar, basado en Memorias de un terrorista
            Un testimonio muy interesante el de Sávinkov para desgranar otra parte de la revolución rusa.

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jueves, 28 de septiembre de 2017

“OS SALVARÉ LA VIDA”. Una novela sobre Melchor Rodríguez

Cuando se van a escribir unas letras sobre un libro siempre tienes dudas. Las valoraciones a veces pueden ser contraproducentes y en este caso hay algunas peculiaridades. Estamos hablando de una novela, un relato con partes reales y partes ficticias de uno de los momentos más críticos de la historia de España. Igualmente estamos hablando de una novela de autoría doble. Por una la de un político, Joaquín Leguina, al que personalmente no conozco pero con el que no me siento para nada identificado ni en sus ideas ni es sus pensamientos y acciones. Por otra parte la de un escritor y dramaturgo que al mismo tiempo es un buen amigo, Rubén Buren, al que aprecio y al que me une muchas cuestiones aunque en otras discrepemos. En definitiva un compañero.
            Si hiciese una crítica a nivel personal probablemente sería injusto, ya que me dejaría llevar por la crítica que pudiese ejercer contra uno de los autores. También sería injusto para Rubén, pues en definitiva el trabajo que presenta es conjunto y es algo en lo que Rubén lleva trabajando mucho tiempo. Además, Rubén como profesional de la escritura no tiene la obligación de dar cuentas a nadie de con quién escribe, aunque a algunos a nivel personal no nos guste esa persona con la que ha escrito la novela.
            Así que siendo justos las líneas que voy a dedicar a valorar esta novela la voy a hacer en dos claves. Una las cosas que me han gustado de la misma. Y por otra la parte que no me ha gustado. Y en esta última parte voy a hacer una crítica desde la historia. Porque aunque estamos hablando de una novela, en buena parte de la misma se esta hablando de la historia de España más reciente.

Lo que me ha gustado

            Puedo decir que, a nivel general, la novela me ha gustado. Es una novela muy bien escrita. De hecho en dos tardes me la había terminado. Su estructuración en píldoras, en capítulos que hablan sobre personajes concretos, algunos reales y otros ficticios, nos muestra una obra amena y agradable de leer. Muy sencilla.
            Igualmente, la figura de Melchor siempre me ha resultado interesante y por eso he seguido siempre muy cerca los trabajos que ha realizado sobre el personaje el documentalista y periodista (y también amigo) Alfonso Domingo así como los textos que yo mismo he podido producir sobre Melchor: (http://www.fronterad.com/?q=14976)
            Además, prácticamente la mitad de la novela está basada en la obra de teatro de Rubén Buren La entrega de Madrid, que tuve oportunidad de ver en su momento en una pequeña sala madrileña (Sala Mirador, en la calle doctor Fourquet) y de hacer una reseña sobre la misma en el periódico CNT (http://fraternidaduniversal.blogspot.com.es/2013/06/la-dignidad-de-un-anarquista-en-el.html). Y la adaptación de la obra de teatro a la novela se ha hecho de forma excelente.
            Además, aunque la obra se ha intentado presentar como la vida de Melchor Rodríguez, en realidad es la vida de Amapola, su hija, la que se esta retratando en la novela. Y esto tiene una carga importante, porque estamos hablando de las vivencias personales y de lo que sucedía en la casa de un anarquista por los testimonios que Amapola le legó a Rubén Buren. Y él lo ha llevado a una novela con todas las licencias literarias. No es la historia de las sociedades obreras, de la militancia de Melchor, de su participación en algunas cuestiones, sino como lo veía los ojos de una niña en el final de la guerra y de una mujer durante el franquismo. Incluso aquí la obra tiene un sabor feminista, por la hija que se llega a rebelar  contra un padre que, aun siendo anarquista, tiene clichés propios de una sociedad machista. Por eso la novela tiene mucho de la visiones y de la vida del propio Rubén, por lo que ha vivido en su propia casa.
            El elenco de personajes, las historias entrecruzadas de los mismos, de agradecidos y de traidores a lo que Melchor hizo están visto por los ojos de Amapola.
            Destaco el último capítulo, “La última bandera”, que me han encantado, porque hacía tiempo que una novela no lograba introducirme en la atmósfera que relata, en este caso el de los últimos días de vida de Melchor. He podido dejar volar la imaginación para meterme, por efecto de empatía, en el momento.
            En este sentido, de la carga literaria, la primera y la tercera parte son buenas y solo por ello merece la pena ser leída la novela.

Lo que no me ha gustado

            Sin embargo, es verdad, que nunca llueve a gusto de todos y lo mismo que habrá quien haga críticas desde la perspectiva literaria, yo la tengo que hacer desde la perspectiva histórica pues en estos aspectos soy bastante quisquilloso. Y en este sentido hay algunos aspectos del libro que no me han gustado.
            En primer lugar no creo que sea necesario ejercer comparaciones para demostrar que la acción de Melchor estaba dentro de su ideología anarquista. Es evidente que el anarquismo como movimiento político y social es diverso y heterogéneo. Pero sobra decir que las acciones de Melchor fueron mejores que las de otros anarquistas de la época. Dicen que las comparaciones son odiosas y es verdad.
            Por otra parte, a veces, da la sensación que la retaguardia republicana era el terror absoluto y no es cierto. Nadie niega la represión republicana y hoy existen grandes estudios históricos donde se relata y se acerca en su justa medida. Y como eso que algunos denominaron “checas” no existieron como tal (eran comités o prisiones del Frente Popular, y a una reciente tesis del historiador Fernando Jiménez Herrera me remito como estudio novísimo al respecto) y que a la altura de diciembre de 1936 estaban todos clausurados por disposición gubernamental. En ningún momento se equipara las zonas en conflicto, pero si es cierto que muchos pasajes bebe de los lugares comunes típicos de determinada historiografía. La retaguardia republicana fue mucho más que Agapito García Atadell, que Felipe Emilio Sandoval o que, incluso, Melchor Rodríguez. No era solo una lucha entre los que mataba y los que luchaban porque no se matase de forma arbitraria, sino un golpe de Estado que generó una Guerra Civil. A veces estos aspectos tan simples los pasamos por alto.
            En este caso, la segunda parte del libro, “Por la senda de la rebeldía”, es la que menos me ha gustado. Porque cuando los autores se adentran en las cuestiones estrictamente históricas es donde patinan al abordar unas cuestiones que, quizá, son excesivamente complejas como para novelarlas. Además que algunos pasajes amplios de esta parte ni siquiera están novelados, sino que son afirmaciones históricas sin más. Y en este caso incluso se incurre en errores históricos concretos. No quiere ser un libro de historia pero se vale de la misma para afirmar cuestiones que, a veces, no casan con la realidad.
            Rescatando toda la parte vital de Melchor, es evidente que los autores deberían de haber utilizado fuentes histórica que saquen al anarquismo, al movimiento obrero, a la historia de la Segunda República, a la FAI, etc., de los lugares comunes en los que machaconamente se le ha incluido durante décadas.
            No voy a poner ningún ejemplo concreto ni enumerar errores históricos, porque no es de recibo (ya se los comentaré a Rubén en persona). Pero solo una píldora, que no está en la novela, pero que dijo el señor Leguina en unas de las entrevistas que se le hizo con motivo de la publicación del libro. Para Leguina el sindicalismo de la CNT se dividía entre pacífico y violento. Esto, así de entrada, ya es un craso error. Acto seguido comparo a Melchor Rodríguez con Ángel Pestaña, como indicando que ambos tenían el mismo modelo organizativo sindical, frente a otros como Durruti que difería. En esto lo que demostraba el señor Leguina era su completo desconocimiento sobre la historia de la CNT. Ángel Pestaña, personaje interesantísimo donde los haya, sale de la CNT en 1932 tras la firma del “Manifiesto de los Treinta”, optando por una vía sindical, la de la Federación Sindicalista Libertaria, que si no renegaba del sindicalismo revolucionario (que seguía defendiendo) si optaba por estrategias distintas en el momento que le tocó vivir. Incluso Pestaña dio un paso más para fundar el Partido Sindicalista y dar el salto a la política. Por el contrario, Melchor Rodríguez nunca firmó el "Manifiesto de los Treinta", se mantuvo dentro de la CNT, aprobó y participó de la estrategia de los Comités de Defensa Confederal y siempre fue un integrante de la FAI, que él mismo fundó en 1927. Además, la vida de los personajes no es homogénea. No es lo mismo el Pestaña de la década de 1910, que el de 1920 y que el de 1930. Lo mismo con Melchor y lo mismo con Durruti y todos. A veces, alguna historiografía, se deja llevar en exceso por contrafactuales. En novela están permitidos, en historia son una temeridad sin fundamento científico. Algunas afirmaciones de Leguina en las presentaciones del libro han sido temeridades sin fundamento intentando sentar cátedra en un sector, como el de la historia, donde tiene grandes lagunas.
            Sinceramente creo que algunas partes de esta novela han necesitado los ojos de un historiador para corregir incongruencias. Pero también hay que tener en cuenta una cosa que podría hasta invalidar todo lo anterior. Estamos hablando de una novela, no de un libro de historia. Y ahí se juega con más licencias.


            En definitiva, es una novela recomendable, entretenida, bien escrita, con sus salvedades (como todas), y donde a pesar de la forma hay que quedarse más con el fondo. Porque del señor Leguina no tengo ni idea (y quizá ni ganas de saberlo) pero de mi amigo Rubén puedo decir que es permeable a cualquier tipo de debate sobre estas cosas que tanto le gusta. En esto (y en muchas otras cosas) es igual que su bisabuelo Melchor. Genes de familia.

lunes, 25 de septiembre de 2017

Introducción del libro "La explosión del polvorín en Alcalá de Henares (1947)"

Hace unos días se presentó en Alcalá de Henares la reedición del libro "La explosión del polvorín en Alcalá de Henares (1947)" de Julián Vadillo Muñoz y Alejandro Remeseiro Fernández. La primera edición, impulsada y realizada por el Foro del Henares en 2009, se agotó apenas salió a la luz y durante mucho tiempo ha sido uno de los libros más buscados en la ciudad complutense. Gracias al esfuerzo de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica y al interés de la editorial Domiduca, se ha podido reeditar el libro que ya está disponible en distintas librería de España.
Colgamos aquí la presentación de la presente edición para abrir boca en aquellos que quieran acercarse a esta historia.

Hay acontecimientos que marcan la historia de una ciudad. Algunos de ellos son positivos, otros son negativos. Pero siempre se mantienen como huella indeleble en la mentalidad colectiva. La larga dictadura que tuvo España desde el final de la Guerra Civil en 1939 hasta la misma muerte del dictador en noviembre de 1975, es tiempo suficiente para que muchos acontecimientos se sucedan y jalonen la historia de cualquier población.
            Eso sucedió el 6 de septiembre de 1947 cuando los polvorines A y B del Gurugú hicieron explosión. La vida de la ciudad de Alcalá de Henares cambió completamente. No solo por la desaparición física del cerro donde estaba ubicado el polvorín, sino por las muertes que el desastre provocó. Las víctimas militares (soldados que se encontraban en el lugar) y civiles que trabajaban en las inmediaciones, hacen de este acontecimiento algo terrible y que dejó huella en la ciudad.
            Pero las consecuencias del mismo fueron también sangrientas. Lejos de cerrar la investigación militar tal como en los primeros momentos se había establecido, la de un accidente que repetía los mismos errores que se habían dado en Cádiz unas semanas antes, las autoridades militares, los máximos organismos de represión del régimen franquista que aun estaba en Estado de Guerra, comenzaron a detener a integrantes de organizaciones clandestinas comunistas. Detenciones que se extendieron durante semanas y que conformaron cinco causas contra estos militantes del Partido Comunista de España y de las Juventudes Socialistas Unificadas. Nada nuevo en una España que vivía una represión permanente a nivel estatal desde el 1 de abril de 1939. Pero si impactante para una población que veía como todavía a esas alturas se fusilaba en el cementerio de la ciudad de Alcalá por “delitos de la guerra” y que comprobaba como vecinos de la ciudad eran sacados de sus casas para ingresarlos en prisión y, en algún caso, ser ejecutados.  Además, con todas las fuentes encima de la mesa, se comprueba que las responsabilidades de estas detenciones fueron múltiples en la ciudad. El resultado fue ocho fusilados en Ocaña en agosto de 1948 y varias decenas de detenidos y condenados a diversas sentencias. Un crimen que queda constatado por la inexistencia de pruebas que culpasen a los detenidos. Pero como dice el profesor Fernando Hernández Sánchez en el prólogo de esta edición, no hacía falta pruebas para condenar, tan solo la existencia de grupos comunistas contra los que actuar.
            El trabajo que presentamos aquí es una reedición del que ya publicamos en el año 2009. En aquella ocasión, gracias al esfuerzo del Foro del Henares, logramos sacar adelante una investigación de años que sirvió para esclarecer lo sucedido. Aun permanece en nuestra memoria la multitudinaria presentación del libro que hicimos en el Nuevo Parador de Alcalá de Henares el 21 de mayo de 2009, junto a Manuel Rioyo, como representante del Foro del Henares, y el catedrático Julio Aróstegui, de la Universidad Complutense de Madrid, y que desgraciadamente nos dejó en enero de 2013.
            Nos podemos congratular de que el libro La explosión del polvorín de Alcalá de Henares (1947) significó un avance en la investigación de la represión franquista en nuestra ciudad así como de la organización del antifranquismo. Sin embargo, aquella edición de lujo que diseñó con tan buen criterio (como siempre) Vicente Alberto Serrano, apenas duró unos días en librerías. Se agotó.
            Es por ello que hemos visto de necesidad tantos años después de proceder a la revisión y reedición de libro. Y lo hemos hecho por varias razones. En primer lugar porque somos de la convicción de que para pasar página hay que leerla primero. Quizá es por nuestra formación de historiadores que nos gusta cerrar el círculo. Pero también somos conscientes de que las nuevas generaciones en la ciudad no conocen este acontecimiento que marco la vida de la misma. Es necesario que los alumnos de los institutos de Alcalá, los alumnos de Historia de la Facultad, tengan acceso a un trabajo que marcó la historia de Alcalá de Henares.
            En este punto también hay factores que viene a contribuir a la reedición de esta obra. Aunque el movimiento por la recuperación de la memoria histórica en nuestra ciudad ha gozado siempre de simpatías y personas que lo han nutrido, el nacimiento de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Historia de Alcalá de Henares ha dado un salto en este campo. Porque la memoria histórico no solo es un elemento de investigación académica (y del que este libro sería una muestra) sino también un movimiento social que dinamiza la vida de los lugares recuperando nuestro pasado traumático para actualizarlo y darle lectura. Por eso la ARMH de Alcalá ha trabajado en esta línea desde su nacimiento. Hay que agradecer a Manuel Ibáñez, su presidente, así como a todos sus integrantes el trabajo que están realizando en la ciudad de Alcalá y que está cristalizando en cuestiones físicas y palpables. Esta reedición es un ejemplo de ello.
            Pero para que exista un texto reeditado hace falta que una editorial se interese por el mismo. Y, al igual que con la memoria histórica, la ciudad de Alcalá tiene en la editorial Domiduca un pilar donde recuperar la historia de la ciudad en cualquiera de sus épocas. Ofrecer la reedición de este libro a Marcos y Asela y aceptar este reto ha sido todo uno. Muchas gracias por confiar en este trabajo tanto años después, lo que demuestra la vigencia de su investigación y conclusiones. El mimo y el cuidado con la que han trabajo sobre nuestro texto es de agradecer. Estas partes, menos visibles, son fundamentales para dar a conocer los trabajos.
            Antes de acabar esta introducción toca repetir agradecimientos. Decimos repetir porque son los mismos que se hiceron hace años, con alguna inclusión. En primer lugar aquella investigación no pudo ser posible sin la disposición ofrecida por diversos archivos: Archivo Histórico del PCE, Fundación Pablo Iglesias, Fundación Anselmo Lorenzo, Archivo Municipal de Alcalá de Henares, Archivo Militar de Ávila, Centro Documental de la Memoria Histórica de Salamanca, Archivo y Biblioteca de Instituciones Penitenciarias, Archivo del Tribunal Militar de la Región Primera, etc.
            Tampoco nos podemos olvidar de la ayuda ofrecida por distintos amigos y colegas que estuvieron (y están) atentos al desarrollo del trabajo. Queremos destacar la labor desempeñada por Daniel López Serrano-Paez (aunque le conocemos todos como Canichu), que no dudó en ayudarnos mirando legajos y documentos mientras nosotros estabamos mirando otras cuestiones relacionadas con la investigación. Tal fue su pasión e interés que con posterioridad a la publicación del libro en 2009 siguió investigando el impacto en prensa del acontecimiento y ha publicado algunas comunicaciones a congresos sobre el tema. Gracias Daniel (Canichu) por tu interés en este tema y ayudarnos. También queremos agradecer a amigos como Juan Pablo Calero, Alfredo González, Eduardo Villaverde, Iván Pascual, Rubén González Cuerva, etc., el que nos hayan dado consejos para mejorar el trabajo en distintas aristas. También agradecemos la prestanza que amigos y colegas como Manuel Vicente Sánchez Moltó, José Félix Huerta Velayos o José María Nogales nos prestaron con información y material gráfico. Esta edición también se nutre de esa generosidad. Y, como no, extender esos agradecimientos a historiadores como Urbano Brihuega, conocedor de la biografía de alguno de los condenados y de la historia de Alcalá, del historiador alemán Hermut Heine o el gallego Enrique Barrera Beitia, que nos facilitó información valiosísima sobre el suceso. No quiero olvidar aquí a Fernando Hernández Sánchez, que ha accedido amablemente a prologar esta edición. Y nunca olvidar a Julio Aróstegui, quizá el mejor historiador que ha tenido este país en el último medio siglo en historia contempóranea, que se mostró interesado por nuestro trabajo desde que se lo dimos a conocer. No olvidamos tampoco todo el esfuerzo que puso el Foro del Henares para sacar este trabajo adelante. Fali, Jacinto, Manuel, Javier, etc., fueron protagonistas insustituibles de aquella publicación. Este actual es deudora, sin ninguna duda.
            La última parte de esta introducción la queremos dedicar al recuerdo. Al recuerdo de dos personas que nos ofrecieron todo su conocimiento para rescatar esta historia. En primer lugar a Fernando Nacarino. Su memoria prodigiosa, su planteamiento sosegado a pesar de los años que vivió en prisión, su generosidad y buen carácter, hicieron de aquellas jornadas que le entrevistamos y vivimos con él grandes momentos, una de las situaciones más interesantes de esta investigación. Cuando el 31 de marzo de 2007 nos dieron el mazazo de su muerte solo pudimos sentir un profundo sentimiento de pena. No dio tiempo a que viese reflejado sobre el papel su inocencia. En segundo lugar recordar a Ricardo Lidó Expósito, otro de los protagonistas y condenados en aquellas jornadas que nos puso su sapiencia y buen estar en todo momento para la investigación. Con Lidó pudimos celebrar la publicación del libro y homenajearle en vida. Desgraciadamente el paso del tiempo es letal para ser humano, y en agosto de 2012 nos abandonó para siempre. Gracias Nacarino y gracias Lidó por haber existido.
            Y como este apartado puede ser muy grande solo nos queda un último agradecimiento. Gracias a todos aquellos que durante los difíciles años de una dictadura atroz no cejaron en su empeño de luchar por un mundo mejor.

Julián Vadillo Muñoz
Alejandro Remeseiro Fernández

jueves, 7 de septiembre de 2017

DISCURSO DE INAUGURACIÓN DE LA PLACA CONMEMORATIVA DEL 70 ANIVERSARIO DE LA EXPLOSIÓN DEL POLVORÍN EN ALCALÁ DE HENARES

Este fue el discurso que se leyó el 6 de septiembre de 2017 con motivo de la inauguración de la placa conmemorativa por el 70 aniversario de la explosión del polvorín en Alcalá de Henares en 1947.

Buenas tardes a todas y todos. Gracias a los asistentes y a las autoridades municipales del Excmo. Ayuntamiento de Alcalá de Henares que han hecho posible este acto.

            Hace 70 años este lugar se cubrió de luto. A las 21:45 del 6 de septiembre de 1947  una explosión asolaba la ciudad de Alcalá de Henares. Aquel día más de un alcalaíno recordó los duros bombardeos con los que la aviación nazi castigó la cuna de Cervantes durante la Guerra Civil. No estaba siendo un año sencillo para la ciudad de Alcalá. A las inundaciones que se produjeron ese mismo año se unía este suceso. El polvorín de la ciudad de Alcalá saltaba por lo aires acabando con la vida de 24 personas (10 militares y 14 civiles). El cerro del Puente de Zulema desapareció. El puente fue literalmente destruido. La fábrica Río Cerámica destruida igualmente. A los fallecidos se unieron cientos de heridos.
            La explosión del depósito de minas en Cádiz el 19 de agosto de 1947 (solo unos días antes) no hacía presagiar nada bueno. Muchos vecinos de la ciudad, sobre todo los más cercanos a los polvorines, temían que algo similar sucediese allí. Y fue precisamente lo que sucedió.
            Las primeras pesquisas de la instrucción militar que se formó a partir de este suceso fueron claras: material en mal estado, equipos electrógenos que mal funcionaban, destrucción de pólvoras los días previos, etc. Un accidente que se venía a unir a una serie de explosiones en arsenales militares desde el final de la Guerra Civil y que tendría nuevos episodios en el futuro en distintos puntos de la geografía española.
            Pero el ejército del régimen franquista a la altura de 1947 seguía siendo el ejército de la victoria. En Cádiz, a pesar del debate que se generó entre los propios militares, se reconoció la negligencia de tener un arsenal peligroso en el centro de la ciudad. La actitud de las autoridades municipales fue fundamental en este caso. Pero en Alcalá de Henares, a excepción de la actitud del alcalde accidental Félix Huerta, no sucedió. Poco después de la explosión comenzaron a producirse detenciones contra militantes clandestinos del Partido Comunista de España y de las Juventudes Socialistas Unificadas. Algunos de ellos conocidos en la izquierda alcalaína desde la Segunda República. Otros afiliados a esas organizaciones en ese primer franquismo. Todos ellos muy jóvenes.
            El objetivo por parte de las autoridades militares era claro. Vincular la militancia clandestina de los comunistas a la explosión del polvorín siniestrado. Acusar a las estructuras del PCE y de las JSU de un acto de sabotaje y terrorismo. Las detenciones se contaron por decenas, las torturas hicieron que los propios detenidos realizaran declaraciones contradictorias entre sí y que acababan acusándose unos a otros para evitar un desenlace que ellos mismos sabían. Tras dos meses de interrogatorios, de torturas, de intentos de suicidio por parte de alguno de los detenidos, la causa pasó a manos de Enrique Eymar Fernández, juez del Tribunal Especial para la Represión de la Masonería y el Comunismo, famoso porque por sus manos pasaron causas como las del comunista Julián Grimau o de las de los anarquistas Granados y Delgado. Eymar dividió la causa en cinco partes, incluyendo en la primera a los que iban a ser ejecutados. El consejo de guerra celebrado en Ocaña el 9 de julio de 1948 tenía la sentencia determinada y el 20 de agosto del mismo año eran fusilados en Ocaña Manuel Villalobos Villamuelas, Eugenio Parra Rubio, Rogelio García del Barrio, Pedro Martínez Magro, Benito Calero Vázquez, Daniel Elola Gómez, Luciano Arroyo Cablanque y Félix López Casares. Junto a ellos, en las distintas causas, 69 condenados a distintos años de prisión.
            Un juicio amañado, sin garantías judiciales, sin profesionales conforme al derecho para los acusados y, lo que fue más grave, sin ningún tipo de dato técnico tenido en cuenta que demostraba la imposibilidad de cualquier tipo de sabotaje. Documentos técnicos generados por el propio régimen franquista que se quería cobrar su contribución de sangre para mantener la mano hierro sobre el país.
            Tras lo sucesos, el silencio. Un silencio que duró años. Muy pocos se atrevieron a hablar alto y claro de lo que sucedió aquel 6 de septiembre y las consecuencias que tuvo. Siempre planeó la sombra de la duda sobre los acusados, cuando no la culpabilidad directa. El Foro del Henares dio un paso adelante en el año 2006 y comenzó una investigación que nos pasó a Alejandro Remeseiro y a un servidor, como profesionales de la historia que somos, que se plasmó en la publicación de libro La explosión del polvorín en Alcalá de Henares (1947) donde por primera vez se hablaba de todo el puzzle del acontecimiento. Pero faltaba el reconocimiento oficial a las víctimas. A las víctimas militares, civiles y políticas de este luctuoso suceso. Ese fue el objetivo que se marcó a inicios de año la ARMH de Alcalá, a la que hoy represento, y ese ha sido el sentir del Ayuntamiento alcalaíno.
            Setenta años después hay un reconocimiento oficial. Esta placa que aquí se descubre hace su parte de justicia. La reedición del libro, gracias a la labor de Domiduca, que presentaremos esta tarde también la complemente.
            Hoy Ricardo Lidó y Fernando Nacarino estarían felices. Hoy la verdad, la justicia y la reparación a las víctimas del franquismo está más cerca en la ciudad de Alcalá de Henares.
            Muchas gracias.

martes, 22 de agosto de 2017

Reedición del libro "La explosión del polvorín de Alcalá de Henares"


Reedición del libro "La explosión del polvorín en Alcalá de Henares" de Julián Vadillo Muñoz y Alejandro Remeseiro Fernández. Prólogo de Fernando Hernández Sánchez. Edición revisada y ampliada.
El libro se podrá adquirir el 6 de septiembre en la presentación del libro que se realizará en los locales de Santa María la Rica de Alcalá de Henares a las 19:00 (Calle Santa María la Rica, 3)
La reedición se ha hecho con motivo del 70 aniversario de la explosión del polvorín y por los actos que realizará alrededor del mismo la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica de Alcalá de Henares. 

lunes, 7 de agosto de 2017

LA VENGANZA DE LOS SIERVOS. UN LIBRO DE JULIÁN CASANOVA

El profesor Julián Casanova nos tiene acostumbrados a abordar los temas de la historia de España relacionado con el anarquismo, la Segunda República, la Guerra Civil, el franquismo, el papel de la Iglesia en la represión, etc. Pero en esta ocasión se ha adentrado en la historia de la Revolución rusa de 1917 en el año que, precisamente, se cumple el centenario de la misma. Y como todo lo que sale de la pluma de Casanova, estamos ante una obra interesante, bien escrita, investigada y que aporta muchas cuestiones en un año donde la producción bibliográfica sobre el acontecimiento es importante pero tampoco esta sobrepasando las expectativas.
            Podemos decir que estamos ante un libro breve (estamos hablando de algo menos de 200 páginas), donde Julián Casanova realiza toda una introspectiva al proceso revolucionario ruso que se desató en 1917, partiendo de una breve pero importante introducción de los antecedentes de la misma, así como un pequeño epílogo del devenir del propio proceso revolucionario.
            Hay cuestiones que hacen del libro de Julián Casanova una obra donde hay que pararse de forma inevitable. En primer lugar lo bien hilado del tema a la hora de afrontar el acontecimiento en sus espacios temporales cortos. Por ello la importancia que le da a la Guerra Mundial (1914-1918) es fundamental para poder entender el acontecimiento. En segundo lugar la importante separación que hace entre la revolución de febrero y octubre de 1917, estableciendo de forma amena los debates que alrededor de la misma hay y presentando todas las corrientes interpretativas al respecto. En tercer lugar, Casanova aborda un tema que no lo hace muchos libros: el papel de las mujeres. Y no solo con los nombres propios sino con la participación directa de las mismas en el proceso revolucionario. Vuelve a incidir, y de forma muy clara, en la importancia de la dualidad de poderes que surgen en Rusia entre febrero y octubre de 1917. El poder del gobierno provisional frente al poder de los soviets. Elemento imprescindible para entender el proceso revolucionario.
            Este libro de Julián Casanova tiene una gran virtud. Esta escrito con un lenguaje accesible que gusta y aporta cosas a doctos y profanos. Y no es fácil escribir así un libro de historia. Pero lejos de convertirse en un libro “opinativo” (como puede ser el de Richard Pipes), el libro de Casanova tiene una fuerte base bibliográfica. Por ello, aunque carece de notas a pie de página, el libro viene acompañado por un capítulo de bibliografía comentada. Una aportación que sorprende por la enorme cantidad de libros manejada por el autor, sobre todo en inglés. Esto hace pensar que, aunque en España existe muchos libros relacionados con la Revolución rusa, las aportaciones fuera de nuestra fronteras son mucho mayores y que el conocimiento del acontecimiento en nuestro aun esta por perfilarse. Cuestión comprensible teniendo en cuenta que el número de historiadores que en nuestro país manejan el ruso como idioma es escaso para poder acceder a las fuentes primarias.
            El hecho de que el libro no tenga notas al pie no desmerece la calidad científica de la obra.
            Lo simple (que no simplificación) a la hora de plantear el acontecimiento ruso hace de la obra de Julián Casanova una parada obligatoria y un libro recomendable para cualquier curso que se precia que quiera abordar la Revolución rusa. Además, es de agradecer que la obra no caiga en contrafactuales, muy típicos de algunas obras de Historia.
            Sin embargo, no todo libro es perfecto, y por ende tampoco el del profesor Casanova. Si bien son muchas las virtudes también existen algunas cuestiones que hay que señalar. Los antecedentes se quedan un poco cojos a la hora de analizar lo que sucede posteriormente. Hubiese sido interesante delimitar bien los espacios ideológicos en la ya de por si porosas organizaciones y doctrinas que se movieron en la Revolución rusa.
            Igualmente, aunque el protagonismo de los bolcheviques es innegable, no hay que desdeñar el papel que jugaron otras ideologías en el proceso revolucionario que se abrió en febrero de 1917. En el libro de Julián Casanova los socialistas revolucionarios y los anarquistas no aparecen en el papel protagonista que les corresponde. Es entendible debido a la brevedad del texto y a los objetivos del mismo. Pero el socialismo revolucionario fue la tendencia mayoritaria del obrerismo ruso (y dividido entre sí) y el anarquismo también tuvo un papel protagonista, tal como han demostrado las recientes obras de Julián Vadillo Muñoz (Por el pan, la tierra y la libertad. El anarquismo en la Revolución rusa) y Carlos Taibo (Anarquismo y revolución en Rusia, 1917-1921). Aunque estos agentes aparecen citados no lo están con la importancia que jugaron y su papel queda desdibujado.
            Por último, solo una cuestión. En la página 142-143 se cita a Fanny Kaplan como autora del atentado contra Lenin y el autor la ubica como anarquista. En realidad, Fanny Kaplan era integrante de los socialistas revolucionarios, no era anarquista. Un error no atribuible al profesor Casanova, ya que son numerosas las fuentes que la sitúan en el anarquismo de forma errónea.

            Dejando a un lado estas pequeñas apreciaciones, el libro de Julián Casanova para a ser uno de los imprescindibles para el estudio de la Revolución rusa. Completo en todas sus partes y con una cronología final que parte desde la liberación de los siervos en 1861 hasta la  muerte de Lenin en 1924. No tengo ninguna duda en recomendar este libro de Julián Casanova para los que quieran acercarse de forma sencilla, amena y directa a lo que supuso la Revolución de 1917 en Rusia. Felicitaciones al autor. Ahora tocar leer el escrito  del profesor José María Faraldo y el coordinado por Fernando Hernández Sánchez y Juan Andrade.

lunes, 19 de junio de 2017

EL CAMINO DEL PUTCH DE 1937

Artículo publicado en el número 90 de la revista Libre Pensamiento dentro del dossier "Enseñanzas vivas de mayo de 1937"

Resumen

            Las disputas que se generaron en el interior de la retaguardia republicana, si bien no fueron determinantes para el resultado final de la guerra, si supusieron un punto de inflexión entre las distintas fuerzas antifascistas. Los Hechos de Mayo de 1937 fueron una muestra de esos conflictos. Sin embargo, la historiografía tradicional en diferentes vertientes ha dado lecturas muy dispares de unos acontecimientos que no dejan de ser importantes para entender la correlación de fuerzas en la retaguardia republicana. Las deferentes aristas del conflicto muestra la complejidad de un proceso que tenía, como fin último entre las organizaciones antifascistas más poderosas, el control del movimiento obrero.

La difícil correlación de fuerzas

            Cuando el 18 de julio de 1936 un grupo de militares se sublevó contra la legalidad de la República española dando pasó a una Guerra Civil, las posiciones de la izquierda política estaba muy fragmentada. A pesar de la conformación del Frente Popular, los objetivos de los distintos sectores de la izquierda, ya fuese moderada o revolucionaria, estaban muy divididos. Desde las posiciones de los republicanos liberales, representados por Izquierda Republicana y Unión Republicana, hasta los socialistas del PSOE y la UGT. Curiosamente, las fuerzas que afrontan con mayor grado de unidad el envite presentado por los golpistas, fueron aquellas que rivalizarían durante el conflicto por la influencia y control del movimiento obrero: los comunistas del PCE y el movimiento libertario representado por la CNT y la FAI.
            Los libertarios, que habían discurrido la Segunda República con debates internos y momentos de flujo y reflujo, celebraron un congreso en mayo de 1936, donde sacaron tres grandes acuerdos:
  1. La reintegración de los sindicatos de oposición. Los sindicatos que habían salido de la CNT (los treintistas) y habían constituido la Federación Sindicalista Libertaria, retornaron a la CNT en ese congreso. Por ello se conoció como el Congreso de Reunificación
  2. La valoración realizada por el movimiento libertario de las actividades desarrolladas durante el primer bienio, llevaron a la conclusión de que el enfrentamiento directo con el capitalismo era inviable si no venía precedido por una alianza revolucionaria con la otra gran organización sindical, la UGT. Por ello en el congreso se aprobó instar a la UGT a la firma de una alianza revolucionaria que preparé el futuro socialista del país.
  3. En tercer lugar, el congreso aprobó el concepto confederal del comunismo libertario, siempre como un ejemplo de futuro revolucionario pero nunca como un programa cerrado, cuestiones muy alejadas del modelo libertario de organización. Además no todas las voces apoyaron dicho concepto (ya planteado y aprobado en el interior de la FAI por el escrito de Isaac Puente en 1933). José Peirats lo consideró excesivamente rural para un mundo que se estaba industrializando.
            Sin embargo, entre los debates que el movimiento libertario planteó hubo uno que no se abordó en el congreso. En caso de un estallido revolucionario, ¿cómo tiene que ser la correlación de fuerzas con aquellas tendencias que no piensen como el movimiento libertario? Esta cuestión sería nodal en desarrollo posterior.

            El recorrido del Partido Comunista fue más azaroso, teniendo en cuenta que era un partido sin apenas raíz histórica en el movimiento obrero y que se vio eclipsado en los años republicanos con la pujanza de libertarios y socialistas. Aun así, su cambio de estrategia a partir de 1932-1933 (había recibido a la República con el grito de « ¡Abajo la República burguesa! ¡Vivan los soviets! ») comenzó a dar sus frutos. Su estrategia fue intentar hacerse un hueco en el panorama político español. Las uniones por la base, la integración de la CGTU en la UGT, sus intentos de unificación con el Partido Socialista, la unión de la UJCE y la FNJS en 1936 dando lugar a las JSU o la fundación en Cataluña del PSUC como resultado de la unión de diversos partidos socialistas y comunistas en la zona. Los resultados se notaron pronto a nivel electoral. En noviembre de 1933 alcanzaron el primer diputado en la persona de Cayetano Bolívar y en febrero de 1936, con la victoria del Frente Popular, tenían ya 16 diputados. Aun así su fuerza respecto a socialistas y anarquistas seguía siendo inferior. Fue durante la Guerra Civil cuando los comunistas adquirieron una influencia que les convirtió, dentro del campo republicano, en el principal rival de socialistas y libertarios.

El inicio de la Guerra. La toma de posiciones

            No cabe ninguna duda que el golpe del 18 de julio supuso para el gobierno de Casares Quiroga un desbordamiento que lo anuló completamente. Su cese, la llegada primero de Martínez Barrio y posteriormente de José Giral, no fue suficiente para frenar el desborde que supuso el golpe contra el gobierno republicano. Las fuerzas obreras llevaban avisando de un golpe de Estado meses atrás y los anarquistas hicieron llamamientos a organizarse contra el fascismo. Barcelona, Valencia, Madrid, etc., fueron protagonistas de cómo los trabajadores afiliados a los organizaciones obreras frenaron un golpe de Estado que en otros lugares triunfó, partiendo el territorio español e iniciándose una guerra civil. Pero aparejada a esa guerra civil se fue desarrollando un proceso revolucionario que llevó a los trabajadores y a las organizaciones sindicales a tomar el control de la economía. En diversos lugares fueron surgiendo comités que sustituyeron la autoridad del gobierno. Comités de carácter económico que puso en marcha la producción y gestionó, por intermediación directa de los trabajadores, las fábricas y el campo. Frente a un Ejército que había sido licenciado, los organismos obreros constituyeron milicias que, en cooperación con militares que se habían mantenido leales a la República, se lanzaron al combate contra el ejército sublevado. El golpe de Estado, desatado según sus promotores para evitar una inexistente “revolución” en España, sirvió, precisamente, para iniciar un movimiento revolucionario en el que muchos trabajadores confiaban desde hacía mucho tiempo.
            Sin embargo, la situación de las fuerzas era distinta según la zona. Aquí cae uno de los mitos de la Guerra Civil y de la revolución que estalló. Juan García Oliver en El eco de los pasos habla de un “a por el todo”, que la CNT perfectamente podía haber realizado en Cataluña, zona donde era hegemónica. Los poderes de la República habían quedado a merced de los anarquistas. Sin embargo, el movimiento libertario valoró tres cosas en aquellos momentos.
  1. En primer lugar, la CNT no era una organización vanguardista, como lo era los partidos políticos de carácter marxista. Su objetivo no era la toma del poder sino la destrucción del mismo. Ir “a por el todo” habría roto el posicionamiento antiautoritario de la CNT desde su nacimiento.
  2. Los anarquistas valoraron que en aquel momento lo importante era no solo mantener las conquistas revolucionarias de los trabajadores, sino vencer a unos militares y unos apoyos civiles de la sublevación que querían instaurar un régimen diametralmente opuesto al que los anarquistas planteaban. Por eso promovieron la creación del Comité de Milicias Antifascistas con el apoyo de todas las fuerzas.
  3. Los libertarios eran conscientes que en Cataluña, en amplias zonas de Aragón, en la zona valenciana y zonas de Andalucía eran hegemónicos. ¿Pero que sucederían en los lugares que no eran? ¿Qué pasaría si en Cataluña implantan por su fuerza el comunismo libertario y en Madrid o País Vasco no lo pueden conseguir? Aquí entran dos cuestiones. La UGT no llegó a debatir el acuerdo que la CNT le había propuesto en mayo de 1936 al igual que la correlación de fuerzas eran el punto débil del anarquismo en ese momento. Ante cualquier tipo de duda, el movimiento libertario decidió colaborar para vencer a los sublevados y consolidar un proceso revolucionario del que se sentían protagonistas.

La entrada en el gobierno

            Sin embargo los frentes se habían consolidado. La idea de aplastamiento rápido de las fuerzas sublevadas se había tornado en una guerra de posiciones. Y mientras a la España sublevada la apoyaba la Alemania nazi y la Italia fascista, la República se encontraba sola frente a un enemigo que cada vez era más superior. Entre septiembre y octubre fue cuando se comenzó a conformar el apoyo de México y la URSS a la República para volver a equilibrar las fuerzas. Pero Reino Unido y Francia se mantuvieron dentro de una “no intervención” que estaba condenado a la República.
            Y aunque la revolución continuaba en el campo y la ciudad fueron los propios organismos obreros lo que comenzaron a reorganizar y reestructurar el caos generado en los primeros días de la Guerra. Es en este momento cuando el movimiento libertario comienza a pergeñar la idea de intervenir en los asuntos políticos. Hasta ese momento la CNT y la FAI habían colaborado en diversos organismos pero no tenían representación en ninguna estancia del gobierno. Un Pleno Nacional aprobó la idea de proponer la creación de un Consejo Nacional de Defensa conformado, mayoritariamente, por las organizaciones sindicales, manteniendo a Manuel Azaña como presidente de la República. Ese Consejo asumiría las tareas de gobierno. La cuestión no fue aceptada por el entonces primer ministro Francisco Largo Caballero, que había sido aupado a la presidencia del gobierno en septiembre de 1936.
            El fracaso de la propuesta del Consejo, llevó a los anarquistas a replantearse su situación y asumieron las tareas de gobierno en todos sus puntos. Primeramente accedieron al gobierno de la Generalitat en Cataluña y posteriormente, en noviembre de 1936, acceden con cuatro ministerios al gobierno de Largo Caballero. Es un momento en que se comenzó a replantear muchas cuestiones. Muchas de las patrullas de control pasaron a engrosar las filas de los cuerpos de seguridad de la República. Las milicias obreras fueron paulatinamente militarizadas y pasaron a formar parte del Ejército Popular de la República. Solo una pequeña parte de esas milicias protestaron por tal circunstancias. Los viejos ayuntamiento fueron reconvertidos en Consejos Municipales. Y a ellos accedieron los libertarios desde el primer momento. Incluso promocionaron un gobierno autónomo en Aragón: el Consejo de Aragón.
            Se hace muy difícil mantener la posición de un movimiento manipulado por unas élites “traidoras” que le llevaron a la colaboración. Hasta en el pueblo más pequeño, el movimiento libertario tuvo participación en las instituciones republicanas.
            Pero no fue una colaboración sin más. Los anarquistas tenían claro que el objetivo era la derrota de los sublevados. Y también intentar mantener su posición dentro del movimiento obrero. Porque los libertarios veían como el Partido Comunista, uno de sus principales rivales en ese campo, comenzaba a avanzar. El PCE, una vez que se estabilizó la zona republicana, pudo comprobar como el republicanismo histórico había quedado mermado. Por ello el PCE intentó y consiguió ocupar ese espacio político. Se presentó en la opinión pública antifascista como el partido del orden frente a los “desmanes”. Y bien es cierto que existía en España una clase burguesa que temía el desarrollo revolucionario que libertarios y parte de los socialistas estaba defendiendo. Por ello el PCE ocupó ese espacio, rivalizando con la CNT al constituir estructuras como el GEPCI (Gremios y Entidades de Pequeños Comerciantes e Industriales) o haciéndose con el control de la UGT, como fue el caso de Cataluña.
            Pero al igual que se hizo con el entorno de ese espacio político, el PCE no renunció en ningún momento a intentar hacerse con el control del movimiento obrero. Por ello rivalizó también con la CNT, en un entorno que le era más ajeno y no donde no se movió con la misma soltura. Ese combate también se vio favorecido por la existencia de un socialismo dividido, entre aquellos que eran más favorables al desarrollo revolucionario (como los caballeristas) y los que no contemplaban esa posibilidad y se convirtieron en “aliados” de los comunistas (como los prietistas)
            A pesar de esa colaboración gubernamental, los libertarios no renunciaron a las conquistas revolucionarias. Y allí chocaron con los comunistas incluso dentro del gobierno. Mientras Juan Peiró, Ministro de Industria, intentó desarrollar medidas que favoreciesen el control obrero, las medidas adoptadas por el Ministerio de Hacienda de Juan Negrín aprobaban medidas que favorecían lo contrario. Mientras los sindicatos obreros impulsaban las colectividades agrarias y el Consejo de Aragón se hacía defensora de las mismas, el Ministerio de Agricultura en manos del comunista Vicente Uribe intentaba emitir medidas que favoreciese a los pequeños propietarios y cercenase el colectivismo tal como lo entendían los anarquistas.
            Fueron enfrentamientos no solo dialécticos y políticos sino también físicos, pues en algunos pueblos de la retaguardia republicana, los enfrentamientos de posturas llevaron a provocar muertes que si bien no fueron determinantes para la derrota de 1939 si que socavaron las aspiraciones del antifascismo. El punto de inflexión fueron los sucesos de mayo de 1937

Anarquistas, estalinistas, poumistas y “trotskistas” en mayo de 1937

            A pesar de que la mayoría del movimiento anarquista caminó de la mano de las decisiones adoptadas durante la Guerra, aunque ello significase una contradicción con algunos de sus principios, existieron algunos sectores y grupos que fueron muy críticos con las decisiones adoptadas y acusaron a la CNT de caer en un burocratismo que le iba a costar caro. En este sector se situaron parte de las Juventudes Libertarias y sectores de la CNT-FAI que constituyeron grupos como “Los Amigos de Durruti”. Fueron segmentos libertarios que estuvieron concentrados mayoritariamente en Cataluña.
            Los Amigos de Durruti habían nacido como grupo en marzo de 1937. Algunos de sus integrantes eran antiguos milicianos de la Columna Durruti que se habían opuesto a la militarización. Entre sus integrantes se encontraba la figura de Jaime Balius así como las Félix Martínez y Pablo Ruiz. Balius, formado en su origen el nacionalismo catalán, pasó posteriormente al BOC (Bloque Obrero y Campesino) para recalar finalmente en la CNT y en la FAI. El grupo Los Amigos de Durruti realizaron unas duras críticas ante lo que consideraban “el burocratismo de los comités de la CNT”. Desde su fundación, Los Amigos de Durruti se manifestaron tanto por sus mítines como en sus manifiestos y periódicos (como su portavoz El Amigo del Pueblo, emulando el título del periódico de los jacobinos durante la Revolución francesa) por mantener la línea revolucionaria iniciada el 19 de julio de 1936. Por ello condenaron el colaboracionismo iniciado por la CNT y la FAI. Pero aunque durante las jornadas de mayo de 1937 la actividad y protagonismo de Los Amigos de Durruti fue importante, lo cierto es que sus efectivos no pasaron de 5000, lo que le convierte en una minúscula porción de la poderosa CNT en Cataluña. Los Amigos de Durruti no fueron sino un pequeño grupo en aquella batalla, cuyas ideas no respondían a la sensibilidad mayoritaria del movimiento libertario. Además, su programa de acción le valió la desautorización por parte de los comités de la CNT y de la FAI, así como un alejamiento de las Juventudes Libertarias. La petición de una Junta Revolucionaria junto al POUM, que actuase a manera de organismo político, recordaba mucho más al plataformismo de Archinov tras la derrota anarquista en la Revolución rusa, que a la trayectoria que había mantenido el movimiento libertario hasta la Guerra Civil española.
            Durante las jornadas de mayo de 1937 la posición de Los amigos de Durruti se vio reforzada por el apoyo que recibió de numerosos integrantes del POUM (Partido Obrero de Unificación Marxista). Nacido en 1935 por la fusión de Izquierda Comunista de Andreu Nin y del BOC de Joaquín Maurín, el POUM se presentó a la opinión pública como el representante de un marxismo alejado de la órbita de Moscú y principal rival del PCE o el PSUC. Alcanzó un diputado a través de Joaquín Maurín en las elecciones de febrero de 1936 integrado en la coalición de partidos de izquierdas. Sin embargo su antiestalinismo militante le valió la rivalidad y enemistad con el Partido Comunista y con el recién creado Partido Socialista Unificado de Cataluña (creado por la fusión del Partido Proletario Catalán - escisión de Esquerra Republicana de Cataluña - , Unión Socialista de Cataluña, el PSOE y el PCE). Una enemistad que llevó a un enfrentamiento directo y que terminó con la liquidación política del POUM tras las jornadas de mayo de 1937.
            Aunque el POUM fue injustamente calificado de trotskista, no por ello deja de ser real la existencia de estos grupos en Barcelona, que no pasaban de cincuenta militantes. En el momento de los acontecimientos en Barcelona existían dos grupos trotskista que eran rivales entre si: La voz leninista y El soviet. El primero estaba reconocido por Trotsky y tenía como principales líderes a Manuel Fernández-Grandizo Martínez (más conocido como Grandizo Munis y autor del libro Jalones de derrota, promesas de victoria), el poeta surrealista Benjamín Peret y el polaco “Moulin”. El segundo, aun reclamando a Trotsky, no reconocía al secretariado pro IV Internacional. Estaba subvencionado por el Partido Comunista Internacional de los disidentes Raymond Molinier y Pierre Frank. El principal animador de este grupo fue Nicola di Bartolomeo, alias “Fosco”, asentado en Barcelona desde mayo de 1936 y que colaboró con el POUM aunque nunca se afilió. La incidencia de los grupos trotskistas fue nimia y, como se puede comprobar, la mayoría de ellos eran extranjeros.
            Sn embargo, en la mayoría de las ocasiones, las numerosas historias que se han escrito alrededor de los sucesos de mayo de 1937 toman a muchos de estos grupos como la generalidad en el interior de las luchas. Sin embargo la realidad es muy otra. Meter en un mismo conjunto de análisis los conflictos que tiene los comunistas con libertarios y poumistas es un error y una simplificación de los acontecimientos.

Los sucesos de mayo. Las conclusiones del mismo

            El conflicto que se desata en el interior de la retaguardia republicana en Barcelona tenía precedentes desde el inicio de 1937. Los sucesos de La Fatarella, la sustracción de tanques a la CNT encontrados en cuarteles del PSUC, asesinatos selectivos de psuquistas y anarquistas en los meses previos, disposiciones como la disolución de las patrullas de control en marzo de 1937 que generó conflictos internos entre organizaciones, etc.
            Todo un cúmulo de circunstancias retratadas en numerosas monografías al respecto. Cuando el 3 de mayo toman parte del edificio de la Telefónica, fue el detonante del estallido de un conflicto interno y de unas batallas en las calles de Barcelona que tuvo como resultado numerosos muertos y heridos, la laminación del POUM como partido en la zona republicana, la perdida de influencia de la CNT y de la FAI en algunos sectores y el inicio de una crisis de gobierno que acabó con la caída de Largo Caballero y el ascenso de Juan Negrín a la presidencia del gobierno republicano.
            No hay que olvidar que entre las víctimas mortales de los sucesos de mayo de Barcelona se encontraban personalidades de primer orden como Antonio Sesé, líder de la UGT catalana, o las de Camilo Berneri y Francesco Barbieri, anarquistas italianos asesinados por los estalinistas.
            Muchas son las conclusiones que se han sacado alrededor de estos sucesos, pero en muchas ocasiones la simplificación ha llevado a desfigurar las causas que los desencadenaron, así como las consecuencias.
            En primer lugar es imposible igualar el conflicto que los comunistas tenían con el POUM al que se genera con la CNT. Las acciones contra el POUM hay que enmarcarlas en las luchas que el comunismo internacional esta llevando en ese momento, entre la corriente mayoritaria que sigue las directrices del Komintern de Stalin frente a las facciones disidentes entre las que se encuentra, entre otras, las de Trotsky. A pesar de que el POUM no era un partido trotskista, el PCE arremetió contra ellos en esa línea con el objetivo de liquidarlo del campo republicano bajo diversas acusaciones. Los Hechos de Mayo de 1937 fueron el clímax de tal circunstancia, que sirvió para eliminar al POUM como agente político al ser ilegalizado y sus dirigentes juzgados y condenados por “traición”. El caso más escandaloso fue la detención, desaparición y asesinato de Andreu Nin.
            Sin embargo el envite que se entabló entre los libertarios y los comunistas no puede responder a ese criterio. En este caso las luchas por el control del movimiento obrero en la causa fundamental del choque entre el PCE y la CNT. Entre ambas organizaciones surge una rivalidad que les llevó al intento de minar las influencias una de otra. Los Hechos de Mayo de 1937 fueron utilizados por los comunistas como objetivo de restar fuerza política a la CNT en la retaguardia republicana. Hecho que consiguieron al desaparecer los ministros anarquistas del gobierno. Pero eso no significó que la lucha quedase ahí. La CNT buscó desde ese momento un acercamiento mayor a la UGT, en este caso del lado caballerista también damnificado por las jornadas de mayo, con el objetivo de contrarrestar la influencia comunista. Los comunistas, por su parte, apoyaron la disposición del gobierno de Negrín de disolución del Consejo de Aragón, de mayoría libertaria, para restar más influencia a los libertarios en zonas donde eran mayoritarios. Las tropas de Lister fueron las encargadas de disolver el Consejo de Aragón que acabó con el desmantelamiento de las colectividades anarquistas y la detención de mucho de sus integrantes (colectividades que, muchas de ellas, se volvieron a reestructurar poco después). Se puede decir que el último acto de esta rivalidad, no exenta de violencia, se alcanzó en marzo de 1939 con el golpe de Casado en Madrid.
            Mayo de 1937 fue un putch, un golpe de fuerza para delimitar espacios y encontrar parcelas de poder en la dividida retaguardia republicana. Algo que fue una constante durante todo el conflicto entre los principales actores políticos (sobre todo los más cohesionados, a la sazón libertarios y comunistas) pero que finalizó de la peor de las maneras posibles: la victoria de las fuerzas sublevadas en abril de 1939.

Julián Vadillo Muñoz
Historiador

BIBLIOGRAFÍA

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Mintz, Frank y Peciña, Miguel. Los Amigos de Durruti, los trotsquistas y los sucesos de mayo, Campo Abierto ediciones, Madrid, 1978

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